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12 febrero 2007

Domingo 18 de febrero


DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO

18 de febrero de 2007 (ciclo C, año impar)


Primera lectura
El Señor te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra ti

Lectura del primer libro de Samuel 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada hacia el páramo de Zif, con tres mil soldados israelitas, para dar una batida en busca de David.

David y Abisay fueron de noche al campamento; Saúl estaba echado, durmiendo en medio del cercado de carros, la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa estaban echados alrededor. Entonces Abisay dijo a David:

— «Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe.»

Pero David replicó:

— «¡ No lo mates!, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor.»

David tomó la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni se despertó: estaban todos dormidos, porque el Señor les había enviado un sueño profundo.

David cruzó a la otra parte, se plantó en la cima del monte, lejos, dejando mucho espacio en medio, y gritó:

— «Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los mozos a recogerla. El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Porque él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13 (R/.: 8a)

R/. Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
R/.

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos;
como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles.
R/.

Segunda lectura
Somos imagen del hombre terreno,
seremos también imagen del hombre celestial

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 45-49

Hermanos:

El primer hombre, Adán, fue un ser animado. El último Adán, un espíritu que da vida.

No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo.

Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales.

Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

Palabra de Dios.

Aleluya
Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—:
que os améis unos a otros, como yo os he amado.

EVANGELIO
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

— «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.

Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.

La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Sed compasivos
como vuestro Padre es compasivo

Vivimos en una época en la que con demasiada frecuencia se fomenta la violencia y la agresividad. Parece mentira, pero así es. Pero precisamente hoy que mucha gente habla con frecuencia de la paz, vivimos la tremenda contradicción de ser tremendamente agresivos y, a veces, hasta vengativos en las relaciones humanas de cada día.

Y esa contradicción es la que la Palabra de Dios hoy nos invita a superar: el que quiera ser amigo de Dios ha de tratar vencer cualquier sentimiento de odio y rencor hacia los demás. El que quiera estar en paz con Dios tiene que desear estar en paz con los demás. El que quiera ser perdonado por Dios ha de intentar perdonar a los demás.

Es duro, es exigente. Pero Jesús así nos lo pide. Y nos lo pide porque no puede ser de otra manera. Como nos dice en el Evangelio, si amamos sólo a aquellos que nos aman, ¿qué mérito tenemos? ¡Ninguno! Para eso no hace falta ser cristianos. El cristiano ha de llegar mucho más lejos: has de intentar perdonar a todos, y de amar, incluso a los enemigos. Y has de pedirle cada día al Señor el don de perdonar. Sí, el don, porque es algo que te ha de dar el Señor.

Y es que el amor no se puede vivir a medias. Ni el amor a Dios ni el amor a los demás. Cuando el amor se vive a medias, es que no es amor: es egoísmo. Esa es una de las grandes trampas de la sociedad actual: muchas de las realidades a las que llamamos amor, no son, en el fondo, más que egoísmo disfrazado de amor.

Por eso, el que dice que ama a Dios ha de intentar de perdonar a los demás. Es normal que te duela el daño que recibes de los demás. Pero, ¿qué ganas con devolver el mal? ¿Qué ganas con alimentar el odio y el rencor? Además, ¿acaso tú lo haces todo bien?

Por eso Jesús te da la regla de oro del comportamiento: Trata a los demás como quieras que ellos te traten a ti. Lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie. Has de esforzarte, has de luchar. Has de superar la tentación de guardar odio o rencor a los demás. Porque, ¿cómo vas a pedirle perdón a Dios por tus pecados si tú no eres capaz de perdonar a los demás? Dios te medirá con el mismo “metro” con que tú midas a los demás.

Además, el que odia no puede ser feliz. Y también es falso aquello de "yo perdono, pero no olvido". Pues si no olvidas, irás alimentando el rencor, el odio... y así no se puede vivir. ¡Animo! ¿Hay alguna herida en tu corazón? ¡Sé generoso! ¡Pídele al Señor el don del perdón! ¡Decídete a amar del todo! ¡Vale la pena!

Compromiso semanal

Revisa tu corazón para ver si encuentras odio o rencor a alguna persona y decídete a perdonar.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: 1 Samuel 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23. El Señor te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra ti.

David, frágil como todo hombre, da un ejemplo de heroísmo: perdona la vida de su enemigo, cuando podía acabar con él. El perdón de los enemigos es algo que sobrepasa las fuerzas humanas. Cristo nos lo pide, pero él va delante con su ejemplo. La misericordia con el prójimo atrae la misericordia divina y nos hace imitar el amor y la misericordia de Dios, como nos recuerda el Evangelio.

Salmo 102, 1-4. 8. 10. 12-13. El Señor es compasivo y misericordioso.

El salmo es un canto de profundo agradecimiento a Dios por la ternura que siente hacia sus hijos y por la generosidad con que perdona sus culpas. La experiencia del perdón lleva al salmista a dar las gracias y a decir con emoción que Dios es misericordioso, tierno como un padre y conocedor de nuestra debilidad.

2ª lectura: 1 Corintios 15, 45-49. Somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

La resurrección de los muertos es cierta. Esa es la gran verdad de los cristianos. Pero no podemos saber exactamente cómo son los cuerpos resucitados. Por ello, San Pablo recurre al paralelismo entre el primer Adán y el nuevo Adán, Jesucristo. El primer Adán fue un “ser vivo”, “animado”, es decir, que recibió una vida que no tenía en sí. Cristo, en cambio, el Nuevo Adán, es un espíritu vivificante que da la vida que posee en sí mismo a todo hombre unido a Él. Los hombres vuelven a encontrarse con Dios gracias a Cristo, que ha vencido la muerte en su cuerpo resucitado y ha salvado al mundo de la esclavitud dándole su santo Espíritu. Los hombres, unidos a Jesús resucitado, Espíritu que da vida, entran en un mundo nuevo, ya real en esta vida, pero que tiene que hacerse definitivamente “incorruptible, glorioso y fuerte”. La resurrección es la gran liberación.

Evangelio: Lucas 6, 27-38. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.

El discípulo de Jesús debe ser misericordioso como lo es el Padre. La misericordia es el amor del Padre, con los matices de ternura, delicadeza, sacrificio, perdón, compasión; el amor tal como se ha manifestado en la historia de Israel, que alcanza su plenitud en Cristo, misericordia del Padre. La participación de esta misericordia debe realizarse en la práctica, en la vida comunitaria y eclesial: amor incondicional al prójimo, incluso al enemigo.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 19 Ecli 1, 1-10 Antes que todo fue creada la sabiduría.
Sal 92, 1-2.5 El Señor reina, vestido de majestad.
Mc 9, 14-29 Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Pídele al Señor que te aumente la fe.
Martes 20 Ecli 2, 1-13 Prepárate para las pruebas.
Sal 36, 3-4.18-19.27-28.30-40 Encomienda tu camino al Señor.
Mc 9, 30-37 Quien quiera ser el primero, que sea el último.
Medita si eres humilde
Miércoles
de CENIZA
Ecli 4, 12-22 Dios ama a los que aman la sabiduría.
Sal 118, 165.168.171.172.174.175 Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Mc 9, 38-39 El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Medita si aceptas todo lo que Jesús dice
Jueves 22
La Cátedra del apóstol San Pedro
1 Pedro 5, 1-4 Presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo.
Sal 22, 1-6 El Señor es mi pastor, nada me falta.
Mt 16, 13-19 Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Reza por el Papa
Viernes 23
San Policarpo
Is 58, 1-9a ¿Para qué mortificarnos si tú no te enteras? ¿Es ése el ayuno que deseo?
Sal 50, 3-6.18-19 Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.
Mt 9, 14-15 ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?
Da testimonio de Jesucristo
Sábado 24 Is 58, 9b-14 Cuando partas tu pan con el hambriento, brillará tu luz.
Sal 85, 1-6 Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.
Lc 5, 27-32 Los fariseos mal-decían contra los discípulos de Jesús.
Pregúntale al Señor qué quiere de ti
Domingo 25
1º de Cuaresma
Dt 26, 4-10 Por eso os traigo las primicias de la tierra que me has dado.
Sal 90, 1-2.10-15 Acompáñame, Señor, en la tribulación.
Rom 10, 8-13 Ésta es la palabra de fe que nosotros anunciamos.
Lc 4, 1-13 El Espíritu lo condujo al desierto.
Reza por tu familia y por la parroquia


05 febrero 2007

Domingo 11 de Febrero


DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

11 de febrero de 2007 (ciclo C, año impar)


Primera lectura
Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Lectura del libro de Jeremías 17, 5-8

Así dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre,
y en la carne busca su fuerza,
apartando su corazón del Señor.

Será como un cardo en la estepa,
no verá llegar el bien;
habitará la aridez del desierto,
tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor
y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua,
que junto a la corriente echa raíces;
cuando llegue el estío no lo sentirá,
su hoja estará verde;
en año de sequía no se inquieta,
no deja de dar fruto.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R/.: Sal 39, 5a)

R/. Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R/.

Segunda lectura
Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 12. 16-20

Hermanos:

Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan?

Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados.

¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Palabra de Dios.

Aleluya
Lc 6, 23ab

Alegraos y saltad de gozo —dice el Señor—,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

EVANGELIO
Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 17. 20-26

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:

— «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.

¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre.

¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Dichosos los pobres;
¡ay de vosotros, los ricos!

La felicidad ha sido siempre el deseo natural de todos los hombres. ¿Hay alguien que no busque la felicidad? No. Todos la buscamos, aunque, a veces lo hacemos de manera equivocada, y, por eso, no la encontramos.

Sin embargo, es curioso observar cómo en el mundo de hoy hay mucha gente que no es feliz. Encontramos a nuestro alrededor mucha gente que está frustrada, amargada, cansada, angustiada, vacía... Mucha gente que busca la felicidad, pero que no la encuentra. Y no la encuentra porque la busca donde no está. Porque no se puede ser plenamente feliz al margen de Cristo. Como decía San Agustín: "nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón andará inquieto mientras no descanse en Ti".

Por eso, la Palabra de Dios hoy nos habla con claridad: maldito quien confía en el hombre, será como un cardo en la estepa, nos dice el profeta Jeremías. En el Evangelio de hoy se nos indica el camino que nos lleva a la felicidad: el camino de las Bienaventuranzas.

Es decir quien se aparta de Dios, quien confía sólo en sí mismo no dará fruto, no alcanzará la felicidad plena. Sólo Dios puede sostener la esperanza y la alegría humanas. Quien confía en sí mismo, busca la felicidad a su medida. La felicidad plena se consigue cuando se descubre a Dios y se vive según las exigencias de evangelio.

Precisamente eso es lo que significa "bienaventurados": FELICES. Jesús nos dice que si quieres ser feliz has de elegir un camino muy distinto del camino del mundo, unos valores muy diferentes.

Has de elegir la pobreza, la austeridad frente a la riqueza y el materialismo de este mundo; has de elegir el tener hambre de Dios frente a la soberbia de los que creen que ya lo saben todo; has de elegir la misericordia, el estar al lado de los que sufren y hacer todo lo posible por ayudarles, frente al pasotismo egoísta del mundo de hoy que pretende que cada uno se apañe como pueda; has de elegir el ser limpio de corazón, el ser sencillo, humilde, y transparente, frente a la hipocresía y las ganas de aparentar; has de elegir el cargar con la cruz por el seguimiento de Jesús, el aceptar que te odiarán frente al culto a la personalidad y a la propia imagen...

El camino está claro. ¿Eres feliz? ¿Quieres ser plenamente feliz? Si quieres alcanzar la felicidad en este mundo -a pesar del sufrimiento- ya sabes el camino: ¡Sigue a Cristo! ¡Confía plenamente en Él! ¡Él te ama más que nadie! ¡Vive los valores de las Bienaventuranzas! ¡No tengas miedo! ¡Vive una vida de fidelidad a Cristo y a la Iglesia y tu vida será fructífera!

Compromiso semanal

Hacer una revisión de vida para ver qué es lo que debe cambiar en ella para vivir los valores de las Bienaventuranzas.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Jeremías 17, 5-8. Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor.

El hombre mortal es mala base de confianza; el Señor hace fructificar a quien confía en él. El profeta anuncia que Israel está confiando en pactos con potencias humanas; por no apoyarse sólo en la alianza con su Dios está preparando su ruina.

Salmo 1, 1-6. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

El salmo nos invita a descubrir que la raíz de la felicidad está en meditar la ley del Señor y deleitarse en ella. Con las imágenes del árbol abundantemente regado y de la paja que se lleva el viento, describe a dos tipos de persona que emprenden caminos diferentes.

2ª lectura: 1 Corintios 15, 12. 16-20. Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido.

Algunos corintios no acababan de creer en la resurrección de los muertos. San Pablo insiste en que si Cristo ha resucitado es porque hay una resurrección general de los muertos. De lo contrario, no tendría sentido que Dios hubiera hecho con Cristo una excepción. Toda la acción de Dios tiende más bien a esta creación enteramente nueva, a esta vida excepcionalmente plena que hay más allá de la muerte. Por tanto, cuando se niega la resurrección, se disuelve la fe, se la reduce a un humanismo, a una ideología. Entonces, Evangelio y fe serían palabras vacías. Si no se da una resurrección real, auténtica, entonces la fe es inútil.

Evangelio: Lucas 6, 17. 20-26. Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros los ricos!

El Reino de Dios y la felicidad que trae consigo es de dos tipos de personas: De los pobres, hambrientos y afligidos, y de los perseguidos por causa de Jesús. Para estos desgraciados constituye una “buena noticia” el anuncio de la llegada del Reino. No es que sean mejores que los otros para “merecer” la dicha anunciada. Es que la llegada del Reino de Dios instaura una justicia que acaba con la razón del más fuerte y beneficia a los desheredados del mundo. En agudo contraste, el evangelista sitúa la abierta lamentación de Jesús por los ricos, los hartos, los satisfechos y poderosos. Toda confianza puesta en la riqueza es engañosa. Las palabras de Lucas resuenan como advertencia y amenaza. Pero, a la vez, nos invitan a convertirnos y a asumir la pedagogía del Dios del éxodo, a dirigir nuestra misericordia hacia los más débiles.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 12 Gn 4, 1-15.25 Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.
Sal 49, 1.8.16-17.20-21 Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza.
Mc 8, 11-13 ¿Por qué esta generación reclama un signo?
Revisa si "discutes" con Jesús
Martes 13 Gn 6, 5-8; 7,1-5.10 Borraré de la superficie de la tierra al hombre que he creado.
Sal 28, 1-3.9-10 El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Mc 8, 14-21 Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.
Revisa si tienes actitudes hipócritas
Miércoles 14
Santos Cirilo y Metodio
Hch 13, 46-49 Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
Sal 116, 1-2 Alabad al Señor.
Lc 10, 1-9 La mies es abundante y los obreros pocos.
Intenta ser hoy una luz para los demás
Jueves 15
Beato Vicente Vilar, mártir
Gn 9, 1-13 Pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra.
Sal 101, 16-23.29 El Señor, desde el cielo, se ha fijado en la tierra.
Mc 8, 27-33 Tú eres el Mesías.
Medita, ¿quién es Jesús para ti?
Viernes 16 Gn 11, 1-9 Voy a bajar y a confundir su lengua.
Sal 32, 10-15 Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Mc 8, 34-38 El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
Medita, ¿qué actitud tienes ante la cruz?
Sábado 17 He 11, 1-7 Por la fe sabemos que la palabra de Dios configuró el universo.
Sal 144, 2-5.10-11 Bendeciré tu nombre, Señor, por siempre.
Mc 9, 2-12 Se transfiguró delante de ellos.
Haz oración de confianza desde tu cruz
Domingo 18
7º del Tiempo Ordinario
1 S 26, 2.7-9.12-13.22-23 Yo no he querido atentar contra el Ungido del Señor.
Sal 102, 1-4.8-13 El Señor es compasivo y misericordioso.
1 Co 15, 45-49 Somos imagen del hombre terreno, seremos imagen del hombre celestial.
Lc 6, 27-38 Sed compasivos, perdonad, dad sin medida… como vuestro Padre.
Reza por tu familia y por la parroquia


Domingo 4 de Febrero

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

4 de febrero de 2007 (ciclo C, año impar)


Primera lectura
Aquí estoy, mándame

Lectura del libro de Isaías 6, 1 -2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.

Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo:

— «¡ Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!»

Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

Yo dije:

— «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.»

Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:

— «Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.»

Entonces, escuché la voz del Señor, que decía:

— «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?»

Contesté:

— «Aquí estoy, mándame.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 137, l-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8 (R/.: lc)

R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R/.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R/.

Segunda lectura
Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.

Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mi.

Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Palabra de Dios.

Aleluya
Mt 4, 19

Venid y seguidme —dice el Señor—,
y os haré pescadores de hombres.

EVANGELIO
Dejándolo todo, lo siguieron

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.

Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

— «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»

Simón contestó:

— «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:

— «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón:

— «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Dejándolo todo, lo siguieron

La Palabra de Dios que proclamamos este domingo tiene un contenido eminentemente vocacional: por una parte nos invita a hacer una reflexión sobre el sacerdocio y, por otra, nos invita a rezar y trabajar para que continúen surgiendo vocaciones a la vida consagrada en la Iglesia.

Es importante que tengamos claro que Dios llama a quien Él quiere, como Él quiere y porque Él quiere. De ahí, el tremendo “susto” que todos los llamados por Dios han experimentado siempre. El llamado por Dios se siente incapaz de hacer por sí mismo la misión que el Señor le confía. Se siente, además, indigno de ser llamado, de ser elegido por Dios para la misión tan grande que se le confía. Pero no importa: es el Señor quien llama, y quien actúa. Los hombres no somos más que pequeños e indignos instrumentos en las manos de Dios.

Y si nos fijamos en la historia de los primeros que llamó Jesús, lo podemos ver claro: los apóstoles eran gente humilde y sencilla, personas que, a veces, dudaban de Jesús, que lo negaron –como San Pedro–, que lo persiguieron –como San Pablo–. Pero, a pesar de todo, Jesús les confió la tremenda misión de ser aquellos a quienes les encargó la proclamación del Evangelio y el crecimiento de la Iglesia. Y Jesús lo hizo así, porque a pesar de los fallos que los Apóstoles tenían, creían en Él y querían serle fieles. ¿Por qué? Porque ellos no eran más que pequeños instrumentos en manos del Señor. Ellos eran la voz, Cristo era la Palabra. Y lo que importa es la Palabra, el mensaje, no la voz. La voz puede ser mejor o peor, pero lo que importa es que llegue el mensaje, la Palabra.

Por eso, cuando escuchamos a personas que dicen que no creen en Cristo por culpa de los sacerdotes, estamos ante un ejemplo de no haber comprendido el Evangelio. O quizás ante una autojustificación. Porque los sacerdotes no somos más que pequeños instrumentos en manos del Señor. Y cuando el sacerdote consagra en la Misa es Cristo el que consagra, cuando el sacerdote absuelve en la Confesión es Cristo el que está perdonando los pecados.

Cristo es el que actúa, y lo hace en los sacramentos, a través del sacerdote. Y esto no quiere decir que los sacerdotes no tengamos la obligación –como todos los cristianos– de ser santos. Los sacerdotes nos hemos de esforzar por ser santos. Y también es importante que la comunidad rece por sus sacerdotes y por los de toda la Iglesia. Una oración es más eficaz que mil críticas. Y una comunidad que rece también para que cada día surjan jóvenes comprometidos dispuestos a escuchar la llamada del Maestro.

¿Qué es lo que el Señor quiere de ti? ¡Pregúntaselo! ¡Pídele que te manifieste su voluntad! ¡No tengas miedo! ¡Él te ama más que nadie y quiere siempre lo mejor para ti!

Compromiso semanal

Reza por los sacerdotes. Reza para que surjan vocaciones en la Iglesia.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Isaías 6, 1-8. Aquí estoy, mándame.

En este pasaje, Isaías nos cuenta su vocación. Quiere ser un testimonio vivo del fulgurante encuentro con Dios en el templo de Jerusalén, que dejó marca imborrable en su vida. Dios es santo. Esta “trascendencia” de Dios invade al profeta y le llena de “temor”. No es miedo: es el sentimiento radical del pecador ante la santidad transparente de Dios. Pero cuando Dios se revela a un hombre es para hacer de él su enviado, y le capacita para ser su portavoz, para hablar en su nombre. El hombre, con el poder de Dios, se pone plenamente a disposición de su plan de salvación en favor de los hombres.

Salmo 137, 1-8. Delante de los ángeles, tañeré para ti, Señor.

La vocación de Isaías ha sido ejemplo de prontitud. El salmo expresa el gozo y el agradecimiento. En el templo recibió Isaías la vocación y en el templo resuena la acción de gracias. La llamada es el comienzo de una vida de peligros: lo que Dios comenzó con su llamada lo tiene que llevar a término. Así mostrará su misericordia y su fidelidad.

2ª lectura: 1 Corintios 15, 1-11. Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Este texto recoge el resumen de la predicación de san Pablo: que Cristo murió por los pecados, resucitó, se apareció a diversos testigos.. Se transcribe este resumen de predicación a causa de las habladurías infundadas de algunos corintios sobre la resurrección de los muertos. Pero todo esto no es historia pasada, sino misterio y germen de nueva vida.

Evangelio: Lucas 5, 1-11. Dejándolo todo, lo siguieron.

La gente se agolpa alrededor de Jesús para escuchar su Palabra. Pedro confía en ella y continúa una labor que su experiencia de pescador le dice que es inútil. La Palabra de Dios transforma a los cuatro hombres en mensajeros del Reino. Ante la palabra del “Maestro”, los discípulos reconocen al “Señor”. Y le siguen, dejándolo todo. No hay medias tintas en quienes han comprendido que Jesús es el Señor. La generosidad en el desprendimiento ha de ser uno de los signos distintivos de las comunidades y de los creyentes en Jesús. Confesar que Jesús es el Señor supone entregarse a un Dios que reclama y consigue el sometimiento de todo el ser, vida y corazón y la obediencia de todo el hombre.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 5
Santa Águeda
Gn 1, 1-19 Dijo Dios, y así fue.
Sal 103, 1-2a.5-6.10.12.24.35c El Señor goce con sus obras.
Mc 6, 53-56 Los que lo tocaban se ponían sanos.
Reza por los enfermos
Martes 6
San Pablo Miki
Gn 1, 20-2,4a Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.
Sal 8, 4-9 ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra.
Mc 7, 1-13 Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Revisa si tienes alguna actitud hipócrita
Miércoles 7 Gn 2, 4b-9.15-17 El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén.
Sal 103, 1-2a.27-30 Bendice, alma mía, al Señor.
Mc 7, 14-23 Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
Revisa si hay en tu corazón algún sentimiento malo. Pídele al Señor que te dé un corazón nuevo.
Jueves 8
San Jerónimo Emiliano
Gn 2, 18-25 Y serán los dos una sola carne.
Sal 127, 1-5 Dichosos los que temen al Señor.
Mc 7, 24-30 Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.
Reza por los alejados
Viernes 9 Gn 3, 1-8 Seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal.
Sal 31, 1-2.5-7 Dichoso el que está absuelto de su culpa.
Mc 7, 31-37 Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Pídele al Señor que te abra los “oídos” para escucharle
Sábado 10
Santa Escolástica
Gn 3, 9-24 El Señor lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo.
Sal 89, 2-6.12-13 Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Mc 8, 1-10 La gente comió hasta quedar satisfecha.
Reza por los que no viven la Eucaristía
Domingo 11
6º del Tiempo Ordinario
Jer 17, 5-8 Bendito quien confía en el Señor.
Sal 1, 1-6 Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
1 Co 15, 12.16-20 Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido.
Lc 6, 17.20-26 Dichosos los pobres. ¡Ay de vosotros, los ricos!
Reza por tu familia y por la parroquia


28 enero 2007

Lecturas del Domingo 28 de Enero

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO

28 de enero de 2007 (ciclo C, año impar)


Primera lectura
Te nombré profeta de los gentiles

Lectura del libro de Jeremías 1, 4-5. 17-19

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:
«Antes de formarte en el vientre, te escogí;
antes de que salieras del seno materno, te consagré:
te nombré profeta de los gentiles.

Tú cíñete los lomos,
ponte en pie y diles lo que yo te mando.
No les tengas miedo,
que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte,
en columna de hierro, en muralla de bronce,
frente a todo el país:
frente a los reyes y príncipes de Judá,
frente a los sacerdotes y la gente del campo.

Lucharán contra ti, pero no te podrán,
porque yo estoy contigo para librarte.»
Oráculo del Señor.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17 (R/.: cf. l5ab)

R/. Mi boca contará tu salvación, Señor.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mi tu oído, y sálvame.
R/.

Sé tu mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú,
Dios mío, líbrame de la mano perversa.
R/.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.
R/.

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.
R/.

Segunda lectura
Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 31—13, 13

Hermanos:

Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional.

Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.

Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.

¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará.

Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
Palabra de Dios.

Aleluya
Lc 4, 18

El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad.

EVANGELIO
Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

—«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían:

—«¿No es éste el hijo de José?»

Y Jesús les dijo:

—«Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»

Y añadió:

— «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elias, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Nadie es profeta en su tierra

La Palabra de Dios que proclamamos hoy nos plantea cómo Dios habla al hombre a lo largo de la historia de la salvación. Con su hablar, Dios nos enseña el camino de la vida, de la felicidad, y va iluminando nuestra vida mientras caminamos por este mundo hacia la meta de la vida eterna.


Para ello, Dios suscitó profetas que en el Antiguo Testamento hablaron y guiaron al pueblo de Israel y le fueron preparando para la llegada de Jesucristo. Hablan en nombre de Dios y deben ser escuchados y obedecidos. Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios se hace hombre en Jesucristo, y Él mismo nos enseña y nos muestra el camino de la vida. Jesucristo es la Palabra que se ha hecho carne y ha acampado entre nosotros. Por eso, Jesucristo desconcierta a los que le escuchan y suscita admiración: porque Jesucristo habla con autoridad.


La visita de Jesús a Nazaret –que vemos en el Evangelio– formula unos interrogantes sobre la persona de Cristo. No comprenden los de Nazaret la realidad mesiánica de Jesús ya que se quedan en la simple apariencia externa. Sus paisanos conservaban la imagen vieja del carpintero, y no comprendían sus palabras, ni la sabiduría que salía de su boca. Y desconfiaron de Él. Veían a Jesús como uno de ellos. Y la no aceptación de Jesús como Mesías impide que se realicen entre ellos los signos salvadores: los milagros presuponen la fe.


La fe aboca a una decisión a favor de Cristo y a una confesión de Cristo ante los hombres. La fe no es solamente tener unas ideas en la cabeza: la fe es vivir una historia de amor con Dios en la que la felicidad está en vivir haciendo su voluntad.


Cristo sigue desconcertando: su palabra escandaliza, su mensaje engendra oposición y su vida crea conflictos. El cristiano es el que ve lo que los otros no ven y descubre a Cristo, el Señor, el Mesías, allí donde los otros no perciben más que a un hombre.


Hoy, es la Iglesia la encargada de hablar en nombre de Dios al pueblo, la encargada de transmitir el mensaje de la vida y de iluminar a los hombres de cada época.


La Palabra de Dios te invita hoy a reflexionar en profundidad cuál es la atención que prestas a Dios que continúa hablándote. Has de descubrir que Jesús también te habla a ti con autoridad, porque sólo Él es la Luz del mundo, porque Él es el único Maestro y el único Señor. Por tanto, Cristo te invita hoy a tener una actitud de respeto y obediencia ante su enseñanza. La Palabra de Dios no es para discutirla ni para negociarla ni para manipularla: es para acogerla y tratar de vivir guiados por su luz.


Y esto es especialmente importante tenerlo claro en una sociedad que vive sumida en una tremenda crisis de valores, en una sociedad que vive confundida, mareada, desorientada. Hay que abrir el oído y el corazón a la Palabra de Dios. Porque hoy Dios sigue hablando, sigue mostrándonos cuál es el camino que nos da la felicidad y nos lleva a la vida eterna. Hoy, Dios nos habla, fundamentalmente, por medio su Palabra y por medio de la Iglesia. Ella, por mandato del Señor, transmite y actualiza su mensaje.


La Iglesia ha de transmitir hoy el mensaje de Jesucristo a los hombres. Y muchas veces es rechazada por ello. Porque es un mensaje radical (va a la raíz), exigente, comprometedor, fuerte. La luz muchas veces deslumbra, y la Iglesia sabe que no puede traicionar a su Señor, no puede anunciar sólo lo que le resulta cómodo o lo que sea popular. La Iglesia sabe que no es dueña, sino administradora de la Palabra de Dios, y, por tanto, la ha de transmitir tal y como la ha recibido, aunque esa Palabra de Dios no guste a muchos hombres, sobre todo a los poderosos, a los soberbios, a los autosuficientes.


Nosotros debemos escuchar la voz de Dios que hoy sigue hablándonos, hemos de estar agradecidos por conocer cuál es el camino de la vida, y hemos de tratar de vivir a la luz de esta Palabra, aunque no la comprendamos. En ella está la vida.

Compromiso semanal

Intenta esta semana ser una luz para los que te rodean, especialmente para aquellos que más te necesiten.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Jeremías 1, 4-5. 17-19. Te nombré profeta de los gentiles.

La vocación de Jeremías es un relato de extraordinaria sinceridad: el profeta cuenta cómo Dios le llama, cómo él se resiste y cómo el Señor le confirma en la misión y le promete su protección. Jeremías es llamado a ser mensajero de Dios; es un servicio inesperado al que estaba destinado desde el vientre materno. Consiste exclusivamente en llevar la Palabra de Dios –y no sus propias palabras– a quienes ha sido enviado. El mensajero será fuerte, porque, por medio de él, es el propio Dios quien habla a su pueblo.

Salmo 70, 1-6. 15. 17. Mi boca contará tu salvación, Señor.

Cantando este salmo después de escuchar la vocación de Jeremías, meditamos en el dolor y sufrimiento que entraña la vocación profética. En el desamparo y en los graves peligros ha de experimentar el elegido la protección de Dios. Viviendo profundamente esta experiencia es como el profeta podrá anunciar a los demás la salvación de Dios.

2ª lectura: 1 Corintios 12, 31-13, 13. Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.

San Pablo advierte a los corintios del peligro que corren de dejarse engañar por las apariencias. Lo extraordinario del cristianismo no está en las manifestaciones prodigiosas, sino en ser capaces de amar con sencillez, humildad y perseverancia. Sin amor hasta las mejores cosas se reducen a la nada. El amor cristiano –la caridad– se manifiesta en pequeños detalles, en gestos muy concretos. Un amor que se pone en actitud de servicio, que llega hasta dar la vida. Un amor desinteresado y gratuito capaz de renunciar a sus propios derechos, y que se dirige precisamente a aquellos que no le devolverán nada: los pobres, e incluso los enemigos.

Evangelio: Lucas 4, 21-30. Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos.

Los incrédulos piden signos, el pueblo judío rechaza su predicación e intenta matarle, pero la libertad de Jesús vence a sus enemigos y la evangelización sigue su camino. Los habitantes de Nazaret no han visto en Jesús más que un aspecto de su vida, el ser hijo de José, pero no perciben en él al Mesías anunciado por Isaías. La Iglesia toma conciencia en este texto de que su misión evangelizadora se dirige preferentemente a los más alejados, como ya hicieron Elías y Eliseo. Estos dos profetas de Israel se volvieron hacia los paganos porque su propio pueblo no estaba dispuesto a escuchar su palabra.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 29
San Valero, obispo
He 11, 32-40 Por medio de la fe subyugaron reinos, Dios tiene preparado algo mejor para nosotros.
Sal 30, 20-24 Sed fuertes y valientes de corazón.
Mc 5, 1-20 Espíritu inmundo, sal de este hombre.
Reza por los enfermos
Martes 30 He 12, 1-4 Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos.
Sal 21, 26-32 Te alabarán, Señor, los que te buscan.
Mc 5, 21-43 Contigo hablo, niña, levántate.
Reza por los que no tienen fe
Miércoles 31
San Juan Bosco
He 12, 4-7.11-15 Dios reprende a los que ama.
Sal 102, 1-2.13-14.17-18 La misericordia del Señor dura siempre.
Mc 6, 1-6 No desprecian a un profeta más que en su tierra.
Reza pidiendo que se nos aumente la fe
Jueves 1 He 12, 18-19.21-24 Os habéis acercado a la ciudad del Dios vivo.
Sal 47, 2-4.9-11 Oh Dios, meditamos tu misericordia.
Mc 6, 7-13 Los fue enviando.
Da testimonio de Jesucristo
Viernes 2
La Presentación del Señor
Mal 3, 1-4 Entrará en el santuario el Señor a quien buscáis.
Sal 23, 7-10 ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.
He 2, 14-18 Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.
Lc 2, 22-40 Mis ojos han visto a tu Salvador.
Participa en la Eucaristía de hoy
Sábado 3
San Blas
He 13, 15-17.20-21 Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al gran pastor, os ponga a punto en todo bien.
Sal 22, 1-6 El Señor es mi pastor, nada me falta.
Mc 6, 30-34 Andaban como ovejas sin pastor.
Haz un ratito de oración
Domingo 4
5º del Tiempo Ordinario
Is 6, 1-2a.3-8 Aquí estoy, mándame.
Sal 137, 1-8 Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
1 Co 15, 1-11 Os recuerdo el evangelio que os proclamé.
Lc 5, 1-11 Ellos, dejándolo todo, lo siguieron.
Reza por tu familia y por la parroquia