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08 diciembre 2014

Adviento: el misterio de Dios que busca al hombre…

Adviento: el misterio de Dios que busca al hombre…
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En la Iglesia vivimos el tiempo litúrgico de Adviento. Es un tiempo extremamente rico de significado para la vida de cada uno de nosotros. El Adviento nos habla sobre todo de Dios que viene al encuentro del hombre, es más, nos habla de Dios que, impulsado por un amor sin límites, busca al hombre apasionadamente, “hasta el final”… Por ello el Adviento es un tiempo de esperanza. En la profecía de Isaías Dios dice: “Consolad, consolad a mi pueblo…” (Is 40,1). Más adelante añade el profeta: “¡Alza fuerte la voz… no temas…! ¡Aquí está vuestro Dios! Mirad, el Señor Dios llega…” (Is 40,9-10).

Toda la historia de la salvación escrita en la Biblia no es otra cosa que una paciente e insistente búsqueda del hombre de parte de Dios. En el Antiguo Testamento, Dios busca al hombre mediante el anuncio de los profetas; en el Nuevo Testamento, cuando llega la plenitud del tiempo, Dios manda a su Hijo unigénito, hecho hombre, muerto y resucitado para nuestra salvación. El profeta sigue diciendo: “Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían” (Is 40,11). Esta imagen de Dios que, como pastor atento, cuida de sus criaturas nos revela la grandeza de la dignidad y el valor que cada ser humano tiene ante Él. San Juan Pablo II, lleno de estupor dado por la fe, escribía en la Redemptor Hominis: “¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha «merecido tener tan grande Redentor»! […] En realidad, ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo” (N.º 10). Durante el tiempo de Adviento todos estamos llamados a renovar en nosotros tal estupor…


Dios busca al hombre que, en cambio, huye siempre de Él, se esconde ante Él, es más, a menudo lo rechaza, le dice “no” con su pecado, su orgullo e indiferencia. La crisis del mundo actual, antes que ser una crisis financiera, económica y social, es una “crisis de Dios”. Es aquí donde encontramos la clave para encontrar las soluciones más adecuadas y responder así a los grandes y numerosos desafíos que afligen la humanidad. Dios tiene que volver a ser el centro de nuestra vida y de la vida del mundo. Es fundamental que el hombre de hoy vuelva a buscar a Dios. El tiempo de Adviento no sólo nos recuerda que Dios busca al hombre, sino también que Dios desea que el hombre le busque a Él. Es un tiempo providencial para despertar en nuestros corazones el deseo de Dios, la espera de Dios, como lo expresa el salmista: “… mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti… “(Sal 63,2). Todos estamos llamados a buscar a Dios en nuestra vida; también nosotros los bautizados, cristianos comprometidos en la vida de la Iglesia y su misión. En una prédica, el papa Francisco habló extensamente de “una santa inquietud del corazón” (cfr. Santa misa al inicio del Capítulo general de la Orden de San Agustín, 28 de agosto de 2013), que se expresa en tres inquietudes complementarias: La primera es la inquietud de la búsqueda espiritual. El Papa nos pide: “Mira en lo profundo de tu corazón, mira en lo íntimo de ti mismo, y pregúntate: ¿tienes un corazón que desea algo grande o un corazón adormecido por las cosas? ¿Tu corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar por las cosas, que acaban por atrofiarlo?”. Después está la inquietud del encuentro con Dios. El Santo Padre continúa preguntándose: “¿Estoy inquieto por Dios, por anunciarlo, para darlo a conocer? ¿O me dejo fascinar por esa mundanidad espiritual que empuja a hacer todo por amor a uno mismo? […] Por así decirlo ¿me he «acomodado» en mi vida […] o conservo la fuerza de la inquietud por Dios, por su Palabra, que me lleva a «salir fuera», hacia los demás?”. Por último, el papa Bergoglio habla de la inquietud del amor y pone algunas preguntas verdaderamente incisivas: “¿Creemos en el amor a Dios y a los demás? ¿O somos nominalistas en esto? No de modo abstracto, no sólo las palabras, sino el hermano concreto que encontramos, ¡el hermano que tenemos al lado! ¿Nos dejamos inquietar por sus necesidades o nos quedamos encerrados en nosotros mismos…?”.


Que estas preguntas del Santo Padre sean una saludable provocación para todos nosotros en este Adviento. La búsqueda de Dios quiere decir conversión del corazón, para que no se dé por satisfecho con menos, como dice San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.


Consejo Pontificio para los Laicos

07 diciembre 2014

La invocación Kyrie eleison, "¡Señor, ten piedad!"

"Una de las causas, quizá la principal, de la alienación del hombre moderno de la religión y la fe es la imagen distorsionada que se tiene de Dios. Esta es también la causa de un cristianismo apagado, sin entusiasmo y sin alegría, vivido más como un deber que como un regalo. Pienso a como era la grandiosa imagen de Dios Padre en la Capilla Sixtina cuando la vi por primera vez, toda cubierta de una pátina oscura, y como es ahora, después de la restauración, con los colores brillantes y los contornos definidos, como salió del pincel de Miguel Ángel. Una restauración más urgentes de la imagen de Dios Padre debe tener lugar en los corazones de los hombres, incluidos nosotros los creyentes.

¿Cuál es de hecho la imagen "predefinida" de Dios (en el lenguaje de los ordenadores, que opera por defecto) en el inconsciente humano colectivo? Es suficiente, para averiguarlo, hacerse esta pregunta y presentarla también los demás: "¿Qué ideas, qué palabras, qué realidades surgen espontáneamente en ti, antes de cada reflexión, cuando dices: Padre nuestro que estás en los cielos... hágase tu voluntad?". Inconscientemente, se conecta la voluntad de Dios a todo lo que es desagradable, doloroso, a lo que, de una u otra manera, puede ser visto como la mutilación de la libertad y el desarrollo individual. Es un poco como si Dios fuera el enemigo de toda fiesta, alegría, placer.
Otra pregunta reveladora. ¿Qué nos sugiere la invocación Kyrie eleison, "¡Señor, ten piedad!", que puntea la oración cristiana y en algunas liturgias acompaña a la Misa de principio a fin? Se ha convertido sólo en la petición de perdón de la criatura que ve a Dios siempre en el proceso (y el derecho) de castigarlo. La palabra compasión se ha vuelto degradado tanto como para ser utilizada a menudo en un sentido negativo, como algo mezquino y despreciable "dar lástima", un espectáculo "lamentable". De acuerdo con la Biblia, Kyrie eleison debería traducirse: "Señor envía tu ternura sobre nosotros". Basta con leer cómo Dios habla de su pueblo en Jeremías: "Mi corazón se conmueve y siento por él gran ternura" (eleos) (Jer 31, 20). Cuando los enfermos, los leprosos y los ciegos gritan a Jesús, como en Mateo 9, 27: "¡Señor, ten piedad (eleeson) de mí!", no tienen intención de decir: "perdóname", sino "ten compasión de mí".
Dios es visto generalmente como el Ser Supremo, el Todopoderoso, el Señor del tiempo y de la historia, es decir, como una entidad que se impone al individuo desde fuera; ningún detalle de la vida humana se le escapa. La transgresión de su Ley introduce inexorablemente un desorden que exige una reparación. No pudiendo, esta, considerarse nunca la adecuada, surge la angustia de la muerte y del juicio divino.
Confieso que casi me estremezco al leer las palabras que el gran Bossuet dirige a Jesús en la cruz, en uno de sus discursos del Viernes Santos: "Te echas, oh Jesús, en los brazos del Padre y te sientes rechazado, sientes que es precisamente él quien te persigue, te golpea, te abandona bajo el peso enorme de su venganza... La cólera de un Dios airado: Jesús ora y el Padre, airado, no le escucha; es la justicia de un Dios vengador de los ultrajes recibidos; ¡Jesús sufre y el Padre no se aplaca!" [9]. Si así hablaba un orador de la altura de Bossuet, podemos imaginar a lo que se abandonaban los predicadores populares de la época. Así se comprende como se ha formado una cierta imagen "predeterminada" de Dios en el corazón del hombre.
¡Por supuesto, nunca se ha ignorado la misericordia de Dios! Pero sólo se le ha encomendado la tarea de moderar los rigores irrenunciables de la justicia. Es más, en la práctica, el amor y el perdón que Dios concede han llegado a depender del amor y el perdón que se da a los demás: si perdonas a quien te ofende, Dios, a su vez, podrá perdonarte. Ha surgido una relación de regateo con Dios. ¿No se dice que hay que acumular méritos para ganar el Paraíso? ¿Y no se concede gran relevancia a los esfuerzos que hay que hacer, a las misas que hay que encargar, a las velas que hay que encender, a las novenas que hay que hacer?
Todo esto, después de haber permitido que mucha gente en el pasado demostrara a Dios su amor, no puede ser arrojado a las ortigas, debe ser respetado. Dios hace brotar sus flores - y sus santos - en cualquier clima. No se puede negar, sin embargo, que existe el riesgo de caer en una religión utilitaria, del "do ut des". Detrás de todo esto está el supuesto de que la relación con Dios depende del hombre. Él no puede presentarse delante de Dios con las manos vacías, debe tener algo para darle. Ahora, es verdad que Dios dice a Moisés: "Nadie se presentará ante mí con las manos vacías" (Ex 23, 15; 34, 20), pero este es el Dios de la ley, todavía no el de la gracia. En el reino de la gracia, el hombre debe presentarse ante Dios realmente "con las manos vacías"; lo único que debe de tener "en sus manos" al presentarse ante él, es a su Hijo Jesús.
Pero veamos como el Espíritu Santo, cuando nos abrimos a él, cambia esta situación. Él nos enseña a mirar a Dios con unos ojos nuevos: como el Dios de la ley, por supuesto, pero aún más como el Dios del amor y de la gracia, el Dios "misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en el amor" (Ex 34, 6). Nos lo hace descubrir como un aliado y amigo, como aquel que "no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros" (¡es así como debe entenderse Rm 8, 32 años!); En resumen, como un Padre tiernísimo. entonces el sentimiento filial que se traduce espontáneamente en el grito: ¡Abba, Padre! Como quien dice: "Yo no te conocía, o te conocía sólo de oídas; ahora te conozco, sé quien eres; sé que me quieres de verdad, que me eres favorable". El hijo ha tomado el lugar del esclavo, el amor el del temor. Es así como verdaderamente nos reconciliamos con Dios, también en el plano subjetivo y existencial.
Repitamonos también, de vez en cuando, con la alegría íntima y la seguridad jubilosa del Apóstol: "¡Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios!".

(Extracto de la Texto de la primera predicación de Adviento del
Padre Raniero Cantalamessa, ofmcap, predicador de la Casa Pontificia: 'La paz como don de Dios en Cristo Jesús')

19 noviembre 2014

Cardenal Antonio Cañizares: «Me preocupa España»

«Me preocupa España»

Cardenal Antonio Cañizares    19 noviembre 2014

Necesitamos rehacer nuestro camino, reemprenderlo con la esperanza de un proyecto y de un hacer común: la esperanza que ha hecho posible una gran empresa común de todos, la que ha constituido una aportación innegable al mundo, la que ha hecho de nuestra Nación una pieza básica en la cultura y realidad determinante de Europa y del Occidente, la que ha ofrecido y llevado al mundo una proyección civilizadora, sin la que este mundo sería sin duda muy distinto y no mejor

La semana pasada se celebró en la Universidad Católica «San Vicente Mártir de Valencia» un congreso internacional dedicado, en homenaje y memoria agradecida, a la egregia figura de D. Julián Marías, que tanta falta nos hace en los momentos que atravesamos culturales, de civilización, de la realidad de España, a la que tanto amó y tan bien entendió en sus raíces más hondas y en el proyecto o empresa común que la constituye. La cuestión de la persona, del hombre, de la historia, de la verdad –inseparable de la libertad, de la esperanza, de la confianza, del amor, de la vida, de la dignidad, del bien común– o de la fe cristiana, de la renovación tanto del tejido social como eclesial, y tantos otros, son cuestiones básicas y fundamentales, están en la base de la realidad de España. Ver la España real desde la perspectiva histórica en una clave de la «España perdida», y el recorrido de varios siglos en recuperar aquella identidad perdida o robada, es un horizonte que arroja una potente y grande luz sobre España que ilumina el presente que atraviesa y la lanza a unos grandes horizontes que hoy necesitamos que se abran y que nos atraigan para tener futuro. Como a D. Julián Marías, a quien tanto admiro y añoro, me preocupa y duele España y todo lo que ella representa, tan certera como agudamente señalado en los escritos de D. Julián Marías.


Vivimos realmente tiempos preocupantes, situaciones que parecen desangrarla. Mirada desde fuera y, al mismo tiempo, desde el calor íntimo de su más honda entraña, preocupan los asuntos y problemas económicos graves, con todas las causas que los han originado, exteriores e interiores, y con todas las consecuencias humanas, sociales, familiares, tan lacerantes que afligen nuestra nación en estos momentos; preocupa la secularización y el laicismo creciente y radical de nuestro pueblo español que está siendo sometido a una presión difícilmente soportable para olvidar y abandonar lo que le es más propio, su sentido y sus razones, de fe cristiana, para vivir, con las gravísimas consecuencias que esto tiene para su futuro; preocupa el conjunto de asuntos importantes en los que nuestro país parece encaminado hacia la confusión y el desorden. Necesitamos rehacer nuestro camino, reemprenderlo con la esperanza de un proyecto y de un hacer común: la esperanza que ha hecho posible una gran empresa común de todos, la que ha constituido una aportación innegable al mundo, la que ha hecho de nuestra Nación una pieza básica en la cultura y realidad determinante de Europa y del Occidente, la que ha ofrecido y llevado al mundo una proyección civilizadora, sin la que este mundo sería sin duda muy distinto y no mejor. España puede y debe asumir, unida, esta responsabilidad común e insoslayable para todos, en las actuales circunstancias que son las que son, y para los que no hemos de buscar culpables, que nos exoneren de culpa y responsabilidad; no podemos quedarnos en lamentos y en condenas de los otros. Es hora de unidad y responsabilidad de todos.

España es una realidad histórica y un proyecto común. «Los españoles compartimos una vasta historia común que, como todas, y no menos que otras, se encuentra llena de momentos brillantes y logros extraordinarios. Y como todas, y no menos que otras, tiene también zonas de sombra que no se pueden ocultar y de las que hay que saber aprender». España ha pasado situaciones muy difíciles en momentos de su historia, incluso con fracasos muy notables, y ha vivido etapas y momentos de gloria. Pero en todo caso, ha sabido afrontar, juntos, con generosidad y gran sentido de responsabilidad por parte de todos, los diferentes momen tos de su vida. La respuesta individualista, de «cada uno a la suya y sálvese quien pueda», no es humana, ni solidaria, y menos aún cristiana, carece de futuro, aboca al fracaso, al caos y a la disgregación, a la hemorragia que acaba en el fracaso total. La respuesta de culparse unos a otros y buscar chivos expiatorios es estéril y, en todo caso, retarda la solución y la mejoría; no deberían caber, en absoluto, pescadores de ganancias en río revuelto. Sólo la respuesta de todos en unidad, cada uno, y cada institución –gobierno, oposición, partidos políticos, fuerzas sociales y económicas, empresariales y sindicales, instituciones universitarias y de cultura, iglesia,...– todos tenemos en estos momentos una responsabilidad común: salvar, fortalecer, hacer avanzar en todos los órdenes a España; renovar nuestra sociedad, imprimirle nuevo vigor y esperanza de futuro, avivar y vigorizar sus raíces y su identidad, sus capacidades que son grandes; llevar a cabo ese proyecto común, que es el de nuestra historia, proyecto que queda esperanzadora y claramente refl ejado en la Constitución del 78, que sanó una nación, la nuestra. La tarea es de todos, todos juntos, cada uno con su responsabilidad: la Iglesia, evangelizada y evangelizadora, aportando el Evangelio de la caridad y de la esperanza, el testimonio de Dios, que es Amor; el Gobierno, las fuerzas políticas y sociales, la Universidad, la escuela, ..., aportando cada una su papel y responsabilidad propia e insustituible. Las Universidades Católicas han de estar en primera línea aportando su servicio y abriendo caminos de futuro y esperanza, pero no sólo ellas: todos. No hay tiempo que perder; no podemos entretenernos en estériles discusiones, ni en búsqueda de culpables, ni pararnos a pensar a qué competencias corresponde. Hay que apagar el fuego devastador que parece amenazar a España, y nada más, entre todos, todos juntos con un verdadero y esperanzador proyecto que nos aúne. No podemos escatimar esfuerzos comunes y en pro del bien común, en pro de nuestra España que se quema y desangra, pero que tiene un gran futuro de esperanza. Es posible, es real esta esperanza.

© La Razón

15 noviembre 2014

Kenia, Unicef niega haber infiltrado anticonceptivo en vacunas antitetánicas.

Unicef niega haber infiltrado anticonceptivo en vacunas antitetánicas

By Stefano Gennarini, J.D. | November 15, 2014
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NUEVA YORK, 14 de noviembre (C-Fam) En una entrevista exclusiva para Friday Fax de C-Fam, Unicef negó las acusaciones de los obispos católicos de Kenia según las cuales un programa de vacunación antitetánica en su país patrocinado por Unicef y la OMS es un programa encubierto de control demográfico.
Los organismos de la ONU emitieron una declaración conjunta esta semana, en la que acusan a los obispos keniatas de diseminar «información errónea» y efectuar graves acusaciones «no respaldadas por evidencias».
Los obispos de Kenia están haciendo campaña en contra de un programa especial de vacunación antitetánica neonatal para mujeres en edad fértil patrocinado por los organismos, tildándolo de «programa encubierto de control demográfico», y piden con insistencia a los keniatas que usen solo tratamientos rutinarios contra el tétanos, que se encuentran ampliamente disponibles.
Según los obispos, cuatro análisis de laboratorio de la actual vacuna por separado descubrieron que contenía una hormona (Beta-HCG) que impide la implantación, lo cual puede causar múltiples abortos espontáneos e incluso infertilidad. Los obispos sostienen que sintieron que debían advertir al público ante el incumplimiento del gobierno.
James Elder, representante de Unicef en África, dijo a Friday Fax en una entrevista exclusivaque solo se apuntaba a las mujeres en edad fértil en el programa porque éste tenía la intención de proteger a los recién nacidos y a sus madres en áreas remotas, donde los nacimientos se producen en «condiciones antihigiénicas». La protección de los recién nacidos, aseguró, dura unas cuantas semanas después del nacimiento.
Elder además explicó que el régimen de inmunización antitetánica en el país procura proteger a los recién nacidos, quienes dan cuenta de la mayor parte de los casos nuevos de tétanos en Kenia, y está dirigido a mujeres de zonas rurales con acceso inadecuado a centros de salud. Supone tres dosis de inyecciones antitetánicas, que garantizan la protección por cinco años. Asimismo aclaró que Kenia recomienda cinco dosis de vacunas contra el tétanos para hombres y mujeres, con el fin de garantizar la inmunidad de por vida, a diferencia la cobertura normal de cinco a diez años mediante una única inyección.
Unicef y la OMS dijeron haber «tomado nota» de los análisis realizados por la Asociación de Médicos Católicos de Kenia citados por los obispos, y sugieren que no fueron llevados a cabo en laboratorios «adecuados» y que no se examinó la vacuna en sí, sino muestras de sangre. Los organismos de la ONU se mantuvieron firmes en cuanto a que quien tiene el mandato de determinar la calidad, seguridad y eficacia de la vacuna es la Autoridad Reguladora Nacional de Kenia.
Pero Elder no garantizó fe alguna en los análisis del gobierno. Si se hubieran examinado muestras reales, dijo: «no hay laboratorios en Kenia con capacidad de analizar muestras no humanas de HCG», es decir, la vacuna en sí.
Ya se administraron dos dosis a aproximadamente 130 millones de mujeres en todo el mundo, dijeron los organismos de la ONU. Unicef compró la vacuna al Instituto Serum de la India, que goza de la designación especial de la OMS como «fabricante precalificado» y se jacta de que uno de cada dos niños inmunizados en el mundo recibe una de sus vacunas.
Aunque la OMS llevó a cabo ensayos en fase inicial con HCG como parte de lainvestigación en vacunas de regulación de la fertilidad, abandonó dichos experimentos, según un asesor de la Organización que trabajó para ella durante mucho tiempo y exdirector de investigación de la OMS en materia de reproducción humana, el dr. Giuseppe Benagiano, quien es también consultor frecuente en el trabajo de C-Fam. Él añade que la OMS no prueba nada de manera secreta.
Benagiano, Decano de la Facultad de Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Roma y ex director de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, dijo a C-Fam que «no existen las vacunas de control de la natalidad», y que la investigación en esta área siempre fracasó. Incluso si existieran, afirmó, sería imposible combinar la vacuna antitetánica con un inhibidor de HCG por «razones técnicas».
Benagiano dijo: «Estoy absolutamente, 100%, seguro, de que no hay nada peligroso acerca de las vacunaciones en Kenia». Sugirió que los obispos keniatas «necesitan que se les asegure que no se ha combinado ninguna vacuna de control de la natalidad con la vacuna antitetánica».
El dr. Robert Walley, de MaterCare International, obra benéfica católica de salud materna que trabaja en África, habló con C-Fam el jueves y dijo que no estaba tranquilo con la declaración de la OMS y Unicef, aunque reconocía que no existe como tal una vacuna antitetánica y de HCG combinada.
Walley ha estado en Kenia en las últimas semanas y dijo a C-Fam que los análisis realizados por los médicos de Kenia presentaban un nivel «elevado» de HCG. No dijo que esto fuera una prueba irrefutable, pero justificó que los obispos hicieran todo lo que pudieran para advertir a los keniatas.
«Alguien parece haberla adulterado», sostuvo.
También dijo que la participación del gobierno en el programa de vacunación fue pasiva hasta las acusaciones de los obispos. Ahora éste amenaza a los médicos que colaboran con la investigación.
Walley se encuentra rumbo al Reino Unido para hacer más análisis a la vacuna, con el objeto de constatar si se reproducen los resultados. «Todos niegan todo y acusan a todos», sostuvo, «queremos ser cautos».
No es la primera vez que se acusa a un programa de la ONU o del gobierno de esterilizar a las mujeres sin su consentimiento. En la década del noventa, se efectuaron acusaciones similares sobre una vacuna contra el tétanos que involucraba a la OMS en Filipinas y en Perú. Ambos casos a la larga condujeron a procesos inconcluyentes. Cada vez que esto sucede, tiemblan los cimientos de la confianza pública en las instituciones internacionales.
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano