Páginas

05 octubre 2024

10 consejos para guardar y proteger tu matrimonio bajo llave



10 consejos para guardar y proteger tu matrimonio bajo llave

30 años de casados, 7 hijos (entre los 29 y los 17 años) y 3 nietos es el cómputo de la vida matrimonial de Victoria Serrano y Nacho Moreno. A los que se suman 21 años impartiendo cursillos de novios en su parroquia. “Tenemos dos hijos casados y el resto están por ahí…”, dice ella, señalando a una casa sorprendentemente silenciosa, al caer de una tarde de verano.

Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por Isabel Molina E.
Fotografía: Dani García

“Me enamoré de su delicadeza, que conserva hasta hoy”, cuenta Victoria, mientras mira de reojo a su marido con esa complicidad que da el paso de los años. “El enamoramiento duró lo que tenía que durar, ni mucho ni poco, pero con los años la quiero cada vez más”, añade Nacho, quien ha dedicado muchas horas en estos 30 años a trabajar como aparejador para sacar adelante a su familia. “Nacho se ha ido mucho y pronto por la mañana, y ha venido a casa tarde. Su ausencia la hemos acusado, pero el tiempo que hemos pasado juntos ha sido muy fácil”, asegura Victoria, periodista de profesión, y a quien le cuesta tener que contestar hoy las preguntas, en vez de formularlas.

De nuestra conversación, muy rica en experiencias, extraemos 10 consejos de unos esposos veteranos que han hecho lo más importante que podían hacer: cuidar de su matrimonio.  “A mí me gusta la metáfora del móvil: compras el móvil, y le pones un protector de pantalla por si se te cae… Y, en cambio, lo más importante de tu vida, tu matrimonio, no lo cuidas. Tu casa la cierras con llave, la defiendes con uñas y dientes, ¡pues protege con llave tu matrimonio!”, reclama Nacho. Y así damos inicio a estos consejos.

1. Confiar totalmente en el otro. Los dos están de acuerdo: en el matrimonio hay que hablar mucho, reír juntos y no tener secretos para el otro. “Siempre digo que mi mejor amigo es mi marido”, asegura Victoria. Se lo cuentan todo.  “A veces le he pegado un golpe al coche y he pensado: ‘No se lo voy a decir porque se va a enfadar’, pero se lo cuento; no hay nada que pueda guardarme para mí”, precisa. “Claro que tenemos secretos –añade Nacho–, pero secretos compartidos entre los dos” (ríe).

2. Renunciar al miedo. Dicen que todo para ellos ha sido fácil, pero porque han vencido los miedos, pues han sufrido ataques desde muchos flancos por tener una familia numerosa. “Hemos sufrido auténtica persecución. La gente nos decía: ‘No vais a poder mantenerlos’. Hoy vemos que están bien y todos viven su fe en la Iglesia. Estamos muy orgullosos de ellos. Dios no nos ha dejado en la brecha”, explica Nacho. Luego se atreve  con una confesión: “Yo he sido un poco timorato, así que pensaba: ‘¿Me abro a la vida?’. Pero ves que esta incertidumbre te la pone el demonio. Luego te das cuenta de que el Señor es fiel: te da el ciento por uno”.

3. Convertir la recta en un plano. “Una recta la definen dos puntos, pero un plano lo definen tres. Un matrimonio católico es de tres porque tienes a Jesucristo. Sabes que el Señor te arropa”, dice Nacho. “La sociedad te dice: para qué te vas a casar si eso es sólo un papel; mejor no te casas que luego vienen los problemas’. Pero realmente el matrimonio es un sacramento y el sacramento realiza lo que significa. El Espíritu Santo actúa, te da la inspiración para saber hacer las cosas”, añade Victoria. En los cursillos que imparten en su parroquia se han dado cuenta de que muchos quieren ir al altar con un desconocimiento profundo de lo que es el matrimonio:  “Cuando se los explicamos nos aseguran que no lo habían oído nunca”, comentan.

4. Invertir en la familia. Victoria entendió pronto que tenían que invertir en Dios primero y a reglón seguido en su familia: “¡Y hemos invertido mucho!”, asegura. Para ella invertir significa dedicar tiempo, esfuerzo y dinero (aunque no sobre) a la familia. “Nuestro aniversario de boda es la celebración más importante para nosotros. Siempre lo celebramos con nuestros hijos”, puntualiza. Por su parte, Nacho se lamenta de que hoy la sociedad  “le ha comprado al demonio su mentira: él nos dice que la libertad es mantener tu parcela para las cuatro cosas que te gustan: yo me voy con un grupo de bicicleta, y ella con sus amigas… Al final, ya no sabes cuál es vuestro común denominador. Yo lo que quiero es hacer las cosas con Victoria, eso es lo que nos da intimidad, cohesión y comunión”, señala contundente.



5. Rezar juntos. “Desde que empezamos a rezar laudes juntos todos los días, nuestro matrimonio se afianzó”, rememora Victoria. “Tuvimos dos hijos y luego dos abortos seguidos con los que sufrí mucho. Consideraba que mi marido no lograba entender lo que yo sentía, y justo en esa época empezamos a rezar juntos. Yo siempre digo que cuando los esposos rezan juntos realmente ven cómo el otro se desnuda ante Dios, y eso ayuda mucho”, añade.

6. Amar en la diferencia. Victoria y Nacho acaban de asistir al 72 aniversario de bodas de un matrimonio. “Le pregunté a ella, que tiene 101 años, cuál es el secreto.  Y me dijo: ‘Perdonar y comprender mucho’”, cuenta Victoria. También Nacho le hizo al esposo la misma pregunta, y él contestó: “Hoy queremos que el hombre y la mujer sean iguales, pero él tiene una misión en el matrimonio y ella, otra. Él es la cabeza y ella es el pilar que sostiene a la familia”. Ahí está: unidad en la diferencia. “Nacho y yo somos diferentes, pero esta diferencia es una riqueza. Si yo le cuento algo a una amiga, puede que ella me entienda mejor, pero eso es como buscar ‘otro yo’. Mi marido, en cambio, es el complemento que suma”, comenta ella.

7. Poner a tu cónyuge antes que a tus hijos. “Los hijos te absorben, te exigen, y como madre lo que te sale es darte a ellos, pero luego digo: ‘¡Tengo que cuidar a mi marido!’”, explica Victoria. “El hecho de estar tan unidos nos ha ayudado a enfrentar los problemas”, puntualiza Nacho, para quien una lección de oro es el clásico  “nunca te vayas a la cama sin pedir perdón”:  “Cuando tienes una discusión se te desgarra algo por dentro, y según pasan las horas estás peor. Reconcíliate siempre antes de acabar el día”.

8. Vivir el plan de Dios para la sexualidad. “Vivir la sexualidad como te enseña la Iglesia es de una belleza extraordinaria porque ni Victoria se siente utilizada ni yo me siento utilizado”, dice Nacho. Y añade: “Cuando los matrimonios se utilizan el uno al otro –te doy si tú me das el placer que quiero–, este desorden rompe la relación”. “La sexualidad así vivida hace que yo siempre me haya sentido querida, respetada, y también atractiva para él”, complementa Victoria.

9. Tener una familia espiritual. “No intentéis vivir el matrimonio solos, buscad apoyos en la Iglesia, donde queráis (un grupo de matrimonios de la parroquia, un movimiento…), pero para que este garante que es el matrimonio dé su garantía, tenéis que alimentarlo”, reclama Nacho. 

10. Aprender de los que lo están haciendo mejor que tú. A Victoria y Nacho les ha ayudado mucho ir conociendo a gente que les ha permitido descubrir y redescubrir el plan de Dios para el matrimonio. “Hemos palpado en ellos el amor de donación que te muestra que sólo entregándote eres feliz”, explica Nacho.  Y se han nutrido también de los matrimonios de sus propios padres, ambos ya con más de 60 años juntos. “Han sido fieles y se ayudan el uno al otro”, explican. “Ves cómo con los años te vas acoplando de tal manera que ya no puedes vivir sin la otra persona. Y no porque tengas que hacerlo, sino porque con el sacramento tu amor madura. Quieres a la otra persona, no para cambiarla y que se amolde a ti, sino de forma incondicional”, concluye Nacho.

Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

  

13 septiembre 2024

Livio Melina asegura que para Benedicto XVI era esencial que la Iglesia tuviera coraje para decir ‘no’ a las propuestas de matrimonio homosexual.

 

Livio Melina asegura que para Benedicto XVI era esencial que la Iglesia tuviera coraje para decir ‘no’ a las propuestas de matrimonio homosexual

Livio Melina ha concedido una entrevista a La Veritá en donde vuelve a hablar sobre su purga en el Instituto Juan Pablo II y su relación con Benedicto XVI.

Melina es un destacado teólogo italiano que ejerció como profesor en el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia en Roma, institución creada por San Juan Pablo II en 1981 para profundizar en la teología del matrimonio y la familia.

Sin embargo, su relación con el instituto se vio truncada en 2019, cuando fue removido junto a otros profesores, tras la reforma impulsada por el Papa Francisco, quien transformó la institución en el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia.

Esta reestructuración, que Melina considera una ruptura con la misión original del instituto, generó polémica dentro de la Iglesia, especialmente por la eliminación de la referencia a la encíclica *Humanae vitae*, considerada una piedra angular del magisterio sobre la moral sexual y la familia.

El cierre del Pontificio Instituto Juan Pablo II

El cierre del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia marcó un momento de gran controversia dentro de la Iglesia. Melina describe esta decisión como una ruptura significativa con la visión de San Juan Pablo II, señalando que «el cambio de título es casi imperceptible, pero el cambio sustancial es radical.» Según el teólogo, la nueva orientación del instituto, fundada bajo el Motu Proprio Summa familiae cura de 2017, eliminó la referencia explícita a la encíclica Humanae vitae de San Pablo VI y desencadenó la salida de numerosos académicos y el cierre de varias secciones internacionales del instituto. Para Melina, esto representa una «discontinuidad» con la misión original del instituto, que fue concebido como un baluarte para defender la antropología cristiana en la teología moral.

Según Melina, el Papa Benedicto XVI valoró profundamente el papel del instituto en la misión de la Iglesia. «Consideraba central el papel del instituto, tanto en Roma como en sus diversas secciones internacionales, a los efectos de la misión de la Iglesia a favor del matrimonio y de la familia,» señala el teólogo italiano.

Para Ratzinger, el Instituto era clave para abordar los desafíos contemporáneos desde una antropología cristiana, fundamentada en las Catequesis sobre la «Teología del Cuerpo» de Juan Pablo II y en la encíclica Veritatis splendor. Benedicto XVI veía en la disolución del concepto cristiano de la moral, la sexualidad y la familia, una de las causas profundas de la crisis de abusos en la Iglesia, destacando la necesidad de una respuesta que reconcilie la libertad humana con la naturaleza y el Creador.

Los encuentros con Benedicto XVI

Livio Melina recuerda con gran aprecio las reuniones que mantuvo con el Papa emérito Benedicto XVI, describiéndolas como momentos de intensa luz teológica y humana. «Los encuentros con Benedicto XVI, desde agosto de 2019 hasta enero de 2021, fueron para mí un don único de gracia,» comenta Melina, quien destaca que, a pesar de las limitaciones físicas del Papa emérito, sus reflexiones seguían siendo profundamente lúcidas.

Durante estos encuentros, discutieron temas antropológicos y teológicos de gran actualidad, en los que Benedicto XVI reiteró su preocupación por la ausencia de Dios en la vida diaria de la humanidad contemporánea. El Papa emérito subrayaba la necesidad de la Iglesia de reafirmar el primado de Dios y de enfrentar los desafíos modernos con una antropología cristiana sólida.

En la entrevista afirma que un punto central para Benedicto XVI era el de la responsabilidad de la Iglesia, «que debía tener el coraje de pronunciar un no firme y claro a las propuestas de matrimonio homosexual, demostrando al mismo tiempo un amor maternal hacia todas las personas, sugiriendo caminos de amistad moralmente legítimos, para para superar la soledad, para curar las heridas, para eliminar el riesgo de la desesperación».

La diferencia sexual y la misión de la Iglesia según Benedicto XVI

Un tema recurrente en las reflexiones de Benedicto XVI, según Melina, es la importancia de la diferencia sexual como parte del designio divino para la humanidad. Inspirado en las Escrituras, Benedicto XVI sostenía que la diferencia sexual es un reflejo de la imagen de Dios en el ser humano, vinculada a la vocación a la comunión y a la transmisión de la vida.

«Le preocupaba el silencio de la Iglesia y de las confesiones cristianas sobre este tema, intimidados por la prevalencia de la censura ideológica,» señala Melina, quien añade que Benedicto XVI veía en la defensa del matrimonio y la familia una tarea esencial para proteger la identidad personal y la sociedad humana de las manipulaciones ideológicas.

por redaccioninfovaticana.