Páginas

15 enero 2011

Cáritas: primer aniversario del terremoto de Haití.


HAITÍ: LOS MIEMBROS DE LA RED CÁRITAS REAFIRMAN SU VOLUNTAD DE SEGUIR TRABAJANDO POR EL FUTURO

Madrid, 12/01/2011

En una declaración conjunta con motivo del aniversario del terremoto
Cáritas. 12 de enero de 2011.- Los miembros de la red Cáritas de todo el mundo se unen hoy a sus colegas en Haití para expresar su duelo, solidaridad y esperanza un año después del devastador terremoto que asoló el país el 12 de enero de 2010 y dejó tras sí un saldo de 230.000 muertos y más de tres millones de damnificados.
Con motivo de este primer aniversario de la catástrofe, se va a celebrar una misa en el atrio de la destruida catedral de Notre-Dame en Puerto Príncipe. Asimismo, está previsto que el personal de Cáritas en Haití asistirá a una ceremonia en el barrio de Duval de la capital para colocar la primera piedra de un proyecto de construcción de viviendas.
Declaración conjunta de los miembros de Cáritas en Haití
Para conmemorar este aniversario, los miembros de la red Cáritas que actualmente trabajan en Haití dentro del plan de post-emergencia y reconstrucción del país, han difundido una declaración conjunta. Este es el texto de ese mensaje:
Mensaje de la familia Cáritas en Haití
Con ocasión del primer aniversario del terremoto del 12 de enero, los miembros de la Confederación Cáritas Internationalis conjuntamente con Cáritas Haití, desean expresar su solidaridad para con todas las víctimas de esta tragedia. Asimismo, reafirman su fe en un mejor futuro para el pueblo haitiano al que desean seguir ayudando y desean ofrecer una caridad inventiva, que ayude a la construcción de una nueva sociedad.
Una fe que recuerda
Recordamos el día que destrozó toda una nación. Ocurrió lo indecible. Sin embargo, en este terrible día de enero, a pesar de la conmoción, la familia humana ha despertado. Todos los haitianos han socorrido a sus hermanos. Luego, hermanos de todo el mundo llegaron a ayudar a este pueblo mártir. ¡Gracias Señor! Lloramos a muchos muertos y desaparecidos. Tantos nos han sido arrebatados que el dolor se ha vuelto casi inaguantable para muchos de nosotros. Mas no ha sido tanto el terremoto que nos ha arrebatado a nuestros niños, a nuestros padres, a nuestros parientes, a nuestros amigos, sino la pobreza escandalosa, los abusos de los derechos sociales de los más débiles, la ignorancia, la irresponsabilidad. Esta situación se suma a nuestro sufrimiento. Le pedimos al Señor con toda nuestra fe que acoja a nuestros difuntos; deseamos que este sincero y generoso impulso nos permita seguir atendiendo a aquellos que se han visto obligados a vivir en condiciones indignas. Y nos comprometemos a hacer conciencia ante lo inaceptable para evitar que la mediocridad se vuelva la norma.
Una esperanza que se encarna
Para la gran familia de la Confederación Cáritas, afirmar nuestra fe en un futuro diferente para el pueblo haitiano, es desplegar toda la energía y los recursos necesarios para ayudar a cambiar las cosas. Es seguir luchando contra la pobreza y hacer conciencia, es contribuir a la construcción de un mundo más humano para que Haití encuentre su propio camino. Que esta promesa y este compromiso se conviertan en una esperanza y que Jesucristo, luz de las naciones, ilumine la ruta del futuro de nuestros hermanos y hermanas haitianos y de aquellos que los ayudan.
Una caridad que forje una bella solidaridad
Con esta fe que nos compromete y esta esperanza que se concreta, queremos hacer la diferencia en la vida de las víctimas. Aunque no podremos dar un techo a cada persona desplazada o viviendo en una carpa, ni responder a todas las apremiantes emergencias que atraviesan todos los hombres y mujeres, la familia Cáritas trabaja en los diez departamentos del país para aliviar el sufrimiento provocado por estas crisis, para seguir construyendo un verdadero desarrollo, para reforzar al campesinado haitiano y promover una economía más justa y solidaria. Nuestra solidaridad ya es una caridad que crea el futuro. La familia Cáritas en Haití está convencida de que es posible lograr un mundo diferente en Haití, un mundo sin hambre, sin analfabetismo; un mundo que ofrezca un techo para todos. Conjuntamente con Cáritas Haití, a la que seguiremos fortaleciendo, ya hemos comenzado a hacer la diferencia en la vida de las víctimas y los pobres, especialmente los olvidados y en las tan ignoradas y abandonadas áreas rurales. Todavía hace falta mucha determinación, contribuir a la pastoral social de la Iglesiacatólica hermana de Haití que ha tomado la opción de acompañar al pueblo haitiano.
Vídeo de Cáritas sobre la acción en Haití
Cáritas ha producido un vídeo para conmemorar el primer aniversario del terremoto en Haití, disponible en español, de unos 15 minutos de duración, donde ofrece un detallado recorrido sobre el trabajo desarrollado en los últimos doce meses para responder adecuadamente al desastre.
Para visionar el vídeo de Cáritas “Construyendo juntos Haití”

Para descargar el archivo del vídeo en alta definición
(Se recomienda utilizar para la descarga quick time player o VLC)

La red Cáritas destinará a Haití más de 217 millones de dólares
Un año después del terremoto, los programas de emergencia y reconstrucción de Cáritas en Haití están consolidados. Se prevé que para mayo de 2011, el conjunto de la red Cáritas habrá invertido más de 217 millones de dólares en sus programas de post-emergencia y reconstrucción el país. Esto incluye la distribución de kits de higiene y ayuda alimentaria, infraestructura y proyectos de vivienda, educación, agua, salubridad, fomento de capacidades  y programas de salud. Asimismo, dentro de esta respuesta se incluyen necesidades de emergencia adicionales provocadas por los huracanes, inundaciones y la epidemia de cólera que han azotado el país en los últimos meses.
Cáritas Española ha prestado ayuda directa a 367.000 damnificados
Cáritas Española, que ha recaudado a través de la campaña “Cáritas con Haití” más de 28 millones de euros, ha podido llevar ayuda directa a 367.500 damnificados a través de un importante paquete de proyectos a los que se han destinado un total de 7.448.146 euros.



 · Nota de Prensa 12/01/2010  Visualizar  Descargar


Confederación Cáritas Española

DECRETO DE BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

Decreto de beatificación de Juan Pablo II
De la Congregación para las Causas de los Santos
CIUDAD DEL VATICANO, viernes 14 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación, por su indudable interés, el texto completo del Decreto de beatificación del papa Juan Pablo II de la Congregación para las Causas de los Santos, que ha sido publicado por Radio Vaticano.
* * * * *
Beatificación: Señal de hondura de fe e invitación a una vida cristiana plena
La proclamación por la Iglesia de un santo o un beato es fruto de la unión de varios aspectos relativos a una persona concreta. Primero, es un acto que dice algo importante en la vida de la misma Iglesia. Está ligado a un “culto”, por ejemplo, a la memoria de la persona, a su pleno reconocimiento en la conciencia de la comunidad eclesial, del país, o de la Iglesia universal en distintos países, continentes y culturas. Otro aspecto es la conciencia de que la “elevación a los altares” será un importante signo de la hondura de la fe, de la difusión de la fe en el itinerario vital de esta persona, y que este signo se convertirá en una invitación, un estímulo para todos nosotros hacia una vida cristiana incluso más profunda y plena. Finalmente, la condición sine qua non es la santidad de la vida de la persona, verificada en los precisos y formales procedimientos canónicos. Todo ello proporciona el material para la decisión del sucesor de Pedro, del Papa, con vistas a la proclamación de un beato o un santo, del culto en el contexto de la comunidad eclesial y de su liturgia.
El pontificado de Juan Pablo II fue un elocuente y claro signo, no sólo para los católicos, sino para la opinión pública mundial, para personas de todos los colores y credos. La reacción mundial a su estilo de vida, al desarrollo de misión apostólica, al modo como soportó su sufrimiento, la decisión de continuar su misión petrina hasta el final como querida por la divida Providencia, y finalmente, la reacción a su muerte, la popularidad de la aclamación “¡Santo, ya!”, que algunos hicieron el día de su funeral, todo ello es base sólida en la experiencia de haberse encontrado con la persona que era el Papa. Los fieles sintieron, experimentaron que era un “hombre de Dios”, que realmente ve los pasos concretos y los mecanismos del mundo contemporáneo “en Dios”, en la perspectiva de Dios, con los ojos de un místico que alza los ojos sólo a Dios. Fue claramente un hombre de oración: tanto es así que, sólo en la dinámica de unión personal con Dios, de la escucha permanente a los que Dios quiere decir en una situación concreta, fluía la entera actividad del papa Juan Pablo II. Quienes estuvieron más cercanos a él pudieron ver que, antes de sus entrevistas con sus visitantes, ya fueran jefes de Estado, altos dignatarios de la Iglesia o sencillos ciudadanos, Juan Pablo II se recogía en oración por las intenciones de los visitantes y de la reunión a celebrar.
1.- Aportación de Karol Wojtyla al Concilio Vaticano II
Tras el Vaticano II, durante los pontificados de Pablo VI y Juan Pablo II, el modo de presentación, y entonces de autopresentación del papado, ha sido completamente expresiva. Con motivo del 25 aniversario del pontificado de Juan Pablo II, el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano publicó en 2004 un libro titulado “Id por todo el mundo”. Giancarlo Zizola, vaticanista reconocido, subrayó que “el papado ha conquistado su ciudadanía en el reino de la visibilidad pública, saliendo del lugar de marginación del culto a donde había sido relegado por decreto de la sociedad secular, en nombre de una visión militante del principio liberal de separación de Iglesia y Estado (p. 17). Un historiador alemán, el jesuita Klaus Schatz, hablando de Pablo VI y de Juan Pablo II, subrayó el significado de “papado itinerante” –por tanto en conformidad con el Vaticano II- más en modo de un movimiento misionero que como un polo estático de unidad. Schatz se refiere a la manera de interpretar la misión papal como una llamada a “confirmar en la fe a los hermanos” (Lucas 22, 32), en un modo ligado a la autoridad estructural pero con un fuerte toque espiritual y carismático, en relación con la credibilidad personal y arraigada en el mismo Dios.
Detengámonos un momento a considerar el Vaticano II. El joven arzobispo de Cracovia fue uno de los padres conciliares más activos. Hizo una aportación significativa al “Esquema XIII”, que luego devendría en la constitución pastoral del Concilio Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el Mundo Contemporáneo, y la constitución dogmática Lumen Gentium. Gracias a sus estudios en el extranjero, el obispo Wojtyla tenía una experiencia concreta de evangelización y de la misión de la Iglesia, en Europa occidental o en otros continentes, pero sobre todo del ateísmo totalitario en Polonia y en otros países del bloque soviético. Llevó toda esta experiencia a los debates conciliares, ciertamente no como conversaciones de salón, muy corteses pero vacías de contenido. Aquí había un esfuerzo sustancial y decisivo por insertar el dinamismo del Evangelio en el entusiasmo conciliar arraigado en la convicción de que el cristianismo es capaz de dar un “alma” al desarrollo de la modernidad y a la realidad del mundo social y cultural.
Todo esto sería utilizado en preparar las futuras responsabilidades del sucesor de Pedro. Como Juan Pablo II dijo, el ya tenía en mente su primera encíclica, Redemptor Hominis, y la trajo a Roma desde Cracovia. Todo lo que tenía que hacer en Roma era redactar todas estas ideas. En su encíclica, hay una amplia invitación a la humanidad a redescubrir la realidad de la redención en Cristo: El hombre (...) permanece como un ser incomprensible para sí mismo, su vida no tiene sentido, si no se le revela el amor, si no encuentra el amor, si no lo experimenta y lo hace suyo, si no participa íntimamente en él. Esto, como ya se ha dicho, se debe a que Cristo el Redentor “revela plenamente al hombre su mismo ser”. (...) el hombre reencuentra la grandeza, dignidad y valor de su propia humanidad. En el misterio de la Redención, el hombre es nuevamente “expresado” y, en cierta manera, es nuevamente creado. (...) El hombre que desea comprenderse a sí mismo a fondo --y no sólo de acuerdo a los inmediatos, parciales, a menudo superficiales, e incluso ilusorios estándares y medidas de su ser- debe con su inquietud, incertidumbre e incluso debilidad y pecaminosidad, con su vida y muerte, acercarse a Cristo. Debe, en cierto modo, entrar en él con todo su propio ser, debe “apropiarse” y asimilar la totalidad de la realidad de la Encarnación y la Redención para encontrarse a sí mismo (n° 10).
Esta unión de Cristo con el hombre es en sí misma un misterio. Del misterio ha nacido “el hombre nuevo”, llamado a ser copartícipe de la vida de Dios, y nuevamente creado en Cristo por la plenitud de la gracia y la verdad. (...) El hombre es transformado interiormente por este poder como fuente de una nueva vida que no desaparece y no pasa sino que dura hasta la vida eterna. (...) Esta vida, que el Padre prometió y ofreció a cada hombre en Jesucristo (...) es en cierto modo la plenitud del “destino” que Dios ha preparado para él desde la eternidad. Este “destino divino” progresa, a pesar de todos los enigmas, los enigmas sin resolver, giros, vueltas del “destino humano” en el mundo temporal. En efecto, mientras tanto, mientras todo esto, a pesar de todas las riquezas de la vida temporal, necesaria e inevitablemente lleva a la frontera de la muerte y al fin de la destrucción del cuerpo humano, más allá de este fin vemos a Cristo. “Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mí... nunca morirá” (n° 18).
2.- Totus Tuus, confianza en María Madre de Dios
La vida de Juan Pablo II se dedicó totalmente al servicio del Señor, por intercesión de su Madre. Su lema era Totus Tuus, ya fuera para el bien de la Iglesia o para el del hombre que es el camino para la Iglesia (Redemptor Hominis, n° 14). Esta es la “razón de ser” de los viajes apostólicos internacionales, los encuentros diarios con la gente, con los responsables de comunidades eclesiales, con cardenales y obispos, con los cabezas de otras Iglesias y comunidades cristianas, los líderes de otras religiones y con los laicos. Esto es también verdad en los documentos escritos por el papa, las relaciones diplomáticas de la Sante Sede con los estados y organizaciones internacionales. La profunda convicción del valor del Vaticano II –no sólo sobre la necesidad sino también sobre la posibilidad, para la Iglesia, de ofrecer el Evangelio de Cristo y construir sobre él la experiencia de la Iglesia como una inspiración vibrante y energética de la visión y mecanismos del mundo moderno- fue siempre convicción del papa.
En 1989, cayó el Muro de Berlín pero, a nivel internacional, se podía sentir la fuerza destructiva de los mecanismos comerciales y de los intereses privados económicos e ideológicos, incluso muchos de ellos anónimos, que traían injusticia y marginación a todos los pueblos –incluso a ciertos grupos sociales en los países desarrollados--, y en especial se podía percibir que la vida humana había sido devaluada. En muchos viajes apostólicos internacionales a los varios continentes, el Papa proclamó el Evangelio de Cristo y la preocupación de la Iglesia. Escribió de modo más sistemático las encíclicasLaborem Exercens, Sollicitudo Rei Socialis, Centesimus Annus; y también Evangelium Vitae, Veritatis Splendor, Fides et Ratio; y las encíclicas que tenían que ver directamente con la vida y el apostolado de la Iglesia, como Dominum et Vivificantem, Redemptoris Missio, Ut Unum Sint, Ecclesia de Eucharistia.
3 – La guerra de Iraq y la “paz ofensiva”
A menudo, como en el caso de los esfuerzos realizados para evitar la guerra entre los Estados unidos e Iraq, existe una auténtica “paz ofensiva”, no sólo para salvar la vida de las personas, también para frenar el crecimiento del odio y las dementes ideas sobre el enfrentamientos entre las civilizaciones, o sobre el nuevo fenómeno de terrorismo a gran escala. De ahí el discurso de Año Nuevo ante los cuerpos diplomáticos acreditados en la Santa Sede, también el inolvidable febrero de 2002 en el que el Papa mantuvo encuentros con diplomáticos de “primera categoría”, J.Fischer (el 7 de febrero); Tarek Aziz (el 14 de febrero), Kofi Anan (18 de febrero), Tony Blair (22 de febrero, Jose Mª Aznar y el enviado de Seyyed Mohammed Khatami, presidente de la República Islámica de Irán (27 de febrero); y finalmente, debido a la insostenible situación humana, la deciisión de mandar al cardenal Echegaray en misión especial a Bagdad (15 de febrero) y al cardenal Pío Laghi a Washington (del 3 al 9 de marzo). El “febrero del Papa” concluyó con el encuentro del cardenal J.L. Tauran con los 74 embajadores y diplomáticos del mundo entero; el secretario por las Relaciones con los Estados, el “ministro de Asuntos Exteriores” del Papa, el cardenal Tauran hizo un llamamiento para evitar la guerra, y les recordó todo lo que el Papa había dicho en su “paz ofensiva”.
4 – Año 2000 Jubileo: una realidad histórica para recordar la venida de Jesús de Nazaret
La entonces actual tarea de Juan Pablo II se centró en la pastoral y vida de la Iglesia: las visitas ad Limina de los obispos de todo el mundo, las audiencias de los miércoles y los encuentros de los domingos con los fieles, para el Ángelus, las visitas pastorales a las parroquias de Roma. Todo fue hecho y recordado para promover la proclamación de Cristo, para acercar a nuestros conocimientos Su Persona, y “las palabras que Cristo había dicho cuando estaba a punto de dejar a los Apóstoles nos habla del misterio de la vida del hombre, de uno y de todos, el misterio de la historia de la humanidad. Bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es una inmersión en el Dios viviente, 'en uno que es, que fue y que será'. El Bautismo es el principio del encuentro , de la unión, de la comunión, y de esta vida terrenal no es más que un prólogo y una introducción; cumplimiento y plenitud pertenecen a la eternidad. La imagen de este mundo se desvanece. Debemos encontrarnos a nosotros mismos, en el 'mundo de Dios', con el fin de llegar a la meta, ir hacia la plenitud de la vida y de la vocación del hombre” (Cracovia, 10 de junio de 1979).
“Esta es precisamente una de las cosas que Juan Pablo II quiso más: explicar claramente que nosotros miramos a Cristo que viene; por supuesto El que vino, pero aún más el que vendrá, y ésto, desde este punto de vista, mantiene nuestra fe, orientándonos hacia el futuro. En este camino, somos realmente capaces de presentar un mensaje de fe, en una nueva manera, desde la perspectiva de Cristo que viene. (Benedicto XVI, Luz del Mundo).
El Gran Jubileo de la Redención, en el año 2000, no fue para Juan Pablo II, un “pretexto” para la acción pastoral, sino que ante todo fue una realidad histórica que recuerda la venida de Jesús de Nazaret y todo lo que este acontecimiento histórico ha traído consigo, a saber, la Redención, el Testimonio del Amor de Dios en la Cruz y en la Resurrección, la vida de la Iglesia primitiva, el camino de salvación realizado por el Salvador por el que ha introducido a su Iglesia como un signo e instrumento de unidad interna con Dios, así como de la familia humana. El año Jubileo del Año 2000 nos trae de la Tierra Santa, tierra de Jesús, y de Roma, sitio del apostolados del Sucesor de Pedro, el vínculo de autenticidad del mensaje y de la unidad de la comunidad eclesial. El mensaje ha sido reformulado en las CartasTertio Millenio Adveniente y Novo Millennio Ineunte. Pero para el Papa lo que más importaba era el agradecimiento personal y de la Iglesia entera a nuestro Señor Jesús y el encuentro en la fe con el que Él nos ha amado hasta el final, que nos ha salvado y sigue siendo un signo tan necesario en un mundo que se está volviendo cada vez más sordo, mientras trata de organizar su vida como si Dios no existiese, errando sin identidad y sin sentido.
5 – Atención a la Juventud y el significado de las JMJ
Juan Pablo II acostumbraba a analizar los resultados de sus Viajes Apostólicos al extranjero con sus colaboradores, para identificar lo que se había hecho bien, y prever cambios para los viajes sucesivos. Tras el viaje a Polonia en 1991, el papa se dio cuenta que, durante la Misa en Varsovia, en las zonas más alejadas, los jóvenes iban y venían, bebían cerveza o coca-cola, y volvían. “No era como en los viajes anteriores, dijo, ha habido un cambio en la mentalidad de la sociedad. No vale la pena fijarnos en los 'primeros puestos'. Los VIP están siempre sentados de la misma manera, pero los 'márgenes' son importantes y merecen nuestra atención”. Es importante fijarnos en que el Papa no usaba la palabra “multitud”: él siempre veía y prestaba atención a "la gente". Era muy atento al papel de los laicos en la vida y misión de la Iglesia. Es muy significativo que, cuando todavía era capellán de la Universidad de Cracovia, aprovechara un breve periodo de "deshielo político" en 1957 para organizar – en colaboración con el arzobispo de Wroclaw, Boleslaw Kominek - un simposio en la ciudad para más de 100 estudiantes universitarios de toda Polonia (¡por primera vez desde hacía décadas!) precisamente sobre el tema "El papel de los laicos en la Iglesia" (¡y esto fue años antes del Concilio Vaticano II!). Más tarde, durante las vacaciones de verano, organizaba ejercicios espirituales en la sede de las Hermanas Ursulinas de la Unión Romana de Bado Slaskie para un grupo un poco más pequeño de participantes del simposio de Wroclaw, precisamente para promover la "formación de los laicos".
Con la creación de las Jornadas Mundiales de la Juventud, el Papa dio su apoyo a diversas formas de actividad de los laicos en la vida y misión de la Iglesia, allanando así el camino a iniciativas muy significativas, algunos años más tarde, durante el pontificado de Benedicto XVI: la celebración, en septiembre de 2010 en Corea, de un importante Congreso de laicos católicos de Asia, las reuniones de los obispos africanos que cada vez alientan más a los laicos a ocupar cargos de responsabilidad en los sectores de la evangelización, la actividad social y en ámbito educativo de la Iglesia, la significativa presencia de laicos católicos en la Misión Continental de América Latina.
Al revisar su pontificado, Benedicto XVI hace una observación de los cambios generacionales a escala mundial, y llega a la misma conclusión que su predecesor, a saber, que "los tiempos han cambiado". Mientras tanto, una nueva generación ha llegado, con nuevos problemas. La generación de finales de los sesenta, con sus propias peculiaridades, vino y se fue. Incluso la siguiente generación, más pragmática, ha envejecido. Hoy en día, hay que preguntarse: "¿Cómo podemos hacer frente a un mundo que se pone en peligro, y en el que el progreso se convierte en un peligro? ¿No deberíamos empezar todo de nuevo desde Dios?"(Luz del Mundo). Así que Benedicto XVI hace un llamamiento "a que pueda surgir una nueva generación de católicos, personas renovadas interiormente, que se comprometan en la política sin ningún complejo de inferioridad" (una idea muchas veces repetida por el Papa, por ejemplo, en el Mensaje para la 46 ª Semana Social de los católicos italianos, 12 de octubre de 2010). Él sigue pidiendo una nueva generación de buenos intelectuales y científicos, atentos al hecho de que "un punto de vista científico que ignora la dimensión ética y religiosa de la vida se vuelve peligrosamente estrecho, justo como sucedería a una religión, si se negara a una legítima contribución de la ciencia a nuestra comprensión del mundo" (Londres, St. Mary's College, 17 de septiembre de 2010); el Papa pide una"nueva generación de laicos cristianos comprometidos, capaces de buscar, con rigor y competencia moral, soluciones de desarrollo sostenible" (7 de septiembre de 2008).
6 – La sencillez de la oración de Juan Pablo II
Cuando recordamos lo que Juan Pablo II llevó a cabo, los "grandes eventos" se mezclan con el recuerdo de momentos sencillos de oración, que fueron una fuente de asombro incluso para sus colaboradores. Voy a mencionar sólo dos, procedentes de dos diferentes períodos de su vida. En los años setenta, yo era capellán de los estudiantes de la Universidad Católica de Lublín. Al inicio del año académico, el entonces cardenal de Cracovia vino para participar en la Eucaristía en la iglesia de la universidad, en la inauguración oficial del gran salón, y en el almuerzo. Después de eso, el cardenal estaba listo para regresar a Cracovia. El rector de la Universidad, el padre Krapiec, lo acompañó hasta el coche, pero se detuvo a charlar con otro invitado, tanto que hicieron para llegar al coche. Pero he aquí que ¡el cardenal había "desaparecido"! Los diez segundos que esperaron les pareceron diez siglos. El rector, acostumbrado a tener todo bajo control, no sabía dónde podía haber ido el cardenal. Me preguntó: "¿Dónde está Wojtyla? ¡El cardenal ha desaparecido! ¿Dónde está?" Con una leve sonrisa burlona, me tomé un tiempo antes de responderle, sólo para tomarle el pelo un poco. Entonces le dije: "Probablemente ha ido a la iglesia". Allí fuimos, y efectivamente, encontramos al cardenal, arrodillado en oración delante del Vía Crucis.
El otro recuerdo fue en 1999, durante su séptimo viaje apostólico a Polonia. Duró 13 días, con 22 paradas en el programa, desde el Norte hacia el Sur del país. Un programa mucho más allá de las capacidades físicas del papa. Uno de esos días, tenía que celebrarse – según el programa – la bendición del Santuario de Lichen, la Eucaristía en Bydgoszcz, a continuación una reunión con la gente de la universidad, la liturgia del Sagrado Corazón, en relación con la beatificación del p. Frelichowski en otra ciudad, en Torun, y después volver a Lichen para la noche. ¡Un día de lo más ocupado! Así que, después de la cena, la comitiva papal se fue a la cama inmediatamente. Pero el Papa se encerró solo en la capilla por un largo, muy largo momento de oración. Quedabamos sólo tres de nosotros: monseñor Chrapek, encargado de la planificación de la visita para el episcopado, yo mismo, como "asistente", y el famoso Camillo Cibin, jefe de la seguridad del Vaticano. Por fin, el Papa salió de la capilla para ir a su dormitorio. Cibin me dijo: "Padre Andrea, tráigame una silla. Pero una que sea dura, de madera, no un sofá, dos tazas de café, café fuerte, y una manzana”. Todo ello para ayudarle a esperar toda la noche en la puerta de la habitación del Papa, que no se había cerrado del todo, para determinar si el Papa – no sólo cansado, sino también de edad avanzada – respiraba con normalidad o si tenía alguna necesidad de ayuda. La santidad personal del Papa era algo que estaba más allá y por encima de la estima de que gozaba entre sus colaboradores más cercanos, y esto era muy significativo.
7 – El testamento de Juan Pablo II
Juan Pablo II era consciente del hecho de que estamos viviendo momentos muy difíciles de la historia, que el Sucesor de Pedro tenía el deber de confirmar en la fe, pero era igualmente consciente de que el aspecto más importante fue el de confiar en Dios. El testamento que él escribió en 1979, y que modificaba todos los años,durante los ejercicios espirituales, nos da un poderoso testimonio de ello. Del 24 febrero al 1 de marzo, escribió:
“24.II – 1.III.1980. Durante estos ejercicios espirituales he reflexionado sobre la verdad del Sacerdocio de Cristo ante el paso que supone, para cada uno de nosotros, la hora de nuestra muerte. Para nosotros, partir de este mundo - para renacer en el siguiente, el mundo futuro, signo elocuente (añadía la palabra decisivo sobre ella), es la Resurrección de Cristo (...) Los tiempos que vivimos se han convertido en indeciblemente difíciles y preocupantes. La vida de la Iglesia también ha vuelto difícil y tenso, una prueba característica de estos tiempos – para los fieles y los pastores. En algunos países (como uno sobre el que leí durante los ejercicios espirituales), la Iglesia se encuentra en un momento de la persecución igual al de los primeros siglos, tal vez más, teniendo en cuenta el grado de crueldad y de odio. Sanguis martyrum - semen christianorum. Por otra parte, tantas personas inocentes han desaparecido, incluso en este país en el que vivimos …
Una vez más deseo confiarme totalmente a la gracia del Señor. Él decidirá cuándo y cómo debo terminar mi vida terrena y mi ministerio pastoral. En la vida y en la muerte Totus Tuus, mediante la Inmaculada. Aceptando ya esta muerte, espero que Cristo me dé la gracia de este último pasaje, es decir, (mi) Pascua. Yo también espero que la haga útil para esta causa más importante a la que trato de servir: la salvación de los seres humanos, la protección de la familia humana, en todas las naciones y entre todos los pueblos (entre ellos me refiero, en particular, a mi propio país natal), útil para aquellos que, de una manera especial, se me han confiado, en la Iglesia, para gloria del propio Dios".
El 5 de marzo de 1982, añadió: "El atentado contra mi vida, el 13.V.1981, ha confirmado, en cierto modo, la exactitud de las palabras escritas durante los ejercicios espirituales de 1980 (24.II – 1.III). Siento aún más profundamente que estoy totalmente en las Manos de Dios – y permanezco continuamente a disposición de mi Señor, encomendándome a Él en Su Inmaculada Madre (Totus Tuus)".
Posteriormente, el 17 de marzo del Año Jubilar 2000, número 3: "Como cada año, durante los ejercicios espirituales, leo mi testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo las disposiciones contenidas en él. Lo que se ha añadido, en ese momento y durante los siguientes ejercicios espirituales, constituye un reflejo de la situación general difícil y tensa que ha marcado los años ochenta. Desde el otoño de 1989, esta situación ha cambiado. La última década del siglo pasado estuvo libre de las tensiones anteriores; esto no significa que no hubiera nuevos problemas o dificultades. De manera especial, que la Divina Providencia sea alabada por ello, el periodo llamado "guerra fría" ha terminado sin un violento conflicto nuclear, una amenaza que pesaba sobre el mundo durante el período anterior" (palabras subrayadas por el propio Papa).
8 – Un aspecto esencial del nuevo Beato: “Dios es el fundamento de todos nuestros esfuerzos”
Este es de nuevo un aspecto esencial, si se quiere entender más profundamente la personalidad del nuevo Beato para la Iglesia, Karol Wojtyla – Juan Pablo II. El fundamento de todos los esfuerzos de nuestra vida está en Dios. Estamos rodeados por el amor divino, por los resultados de la Redención y la Salvación. Pero hay que ayudar a que se arraigue profundamente en Dios mismo, debemos hacer todo lo posible para que se creen actitudes personalesy sociales arraigadas en la realidad de Dios. Esto requiere paciencia, tiempo y la capacidad de verlo todo a través de los ojos de Dios.
La última y breve peregrinación del papa Juan Pablo II a Polonia, más concretamente a su “patria chica", a Cracovia, Wadovice y al Camino de la Cruz (de Kalwaria Zebrzydowska), mostró una determinación, pero también una agudeza espiritual "en el proceso de maduración en el tiempo" para que toda la humanidad, especialmente la comunidad eclesial y cristiana, pudiese comprender mejor algunos de los aspectos fundamentales de la fe. Desde el comienzo de su pontificado, en 1978, Juan Pablo II hablaba a menudo en sus homilías de la misericordia de Dios. Esta se convirtió en el tema de su segunda Encíclica Dives in Misericordia, en 1980. Era consciente de que la cultura moderna y su lenguaje no tienen un lugar para la misericordia, tratándola como algo extraño, sino que tratan de inscribirlo todo en las categorías de la justicia y la ley. Pero esto no es suficiente, porque no es en absoluto la realidad de Dios.
9 – Confiar al mundo a la Divina Misericordia
Más tarde, el Papa tomó algunas medidas para finalizar el proceso de beatificación de sor Faustina Kowalska, y la canonización (2000). Toda la comunidad eclesial fue llevada a sentir la cercanía de esa persona tan íntimamente vinculada con el mensaje de la Misericordia, lo que facilitó el desarrollo de este tema para Juan Pablo II, mostrando la realidad de la Divina Misericordia en los muchos contextos alrededor del mundo, en los diversos continentes de la humanidad hoy.
Por último, en agosto de 2002, en Lagiewniki, donde sor Faustina vivió y murió, Juan Pablo II confió el mundo a la Divina Misericordia, a la confianza ilimitada en Dios, el Misericordioso, a Aquel que ha sido no solo una fuente de inspiración, sino también de la fuerza de su servicio como Sucesor de Pedro. “Es el Espíritu Santo, Consolador y Espíritu de verdad, quien nos conduce por los caminos de la Misericordia divina. Él, convenciendo al mundo "en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio" (Jn 16, 8), al mismo tiempo revela la plenitud de la salvación en Cristo. Este convencer en lo referente al pecado tiene lugar en una doble relación con la cruz de Cristo. Por una parte, el Espíritu Santo nos permite reconocer, mediante la cruz de Cristo, el pecado, todo pecado, en toda la dimensión del mal, que encierra y esconde en sí. Por otra, el Espíritu Santo nos permite ver, siempre mediante la cruz de Cristo, el pecado a la luz del "mysterium pietatis", es decir, del amor misericordioso e indulgente de Dios (cf. Dominum et vivificantem, 32). Y así, el "convencer en lo referente al pecado", se transforma al mismo tiempo en un convencer de que el pecado puede ser perdonado y el hombre puede corresponder de nuevo a la dignidad de hijo predilecto de Dios. En efecto, la cruz "es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre (...). La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre" (Dives in misericordia, 8). La piedra angular de este santuario, tomada del monte Calvario, en cierto modo de la base de la cruz en la que Jesucristo venció el pecado y la muerte, recordará siempre esta verdad. (…) ¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! En todos los continentes, desde lo más profundo del sufrimiento humano parece elevarse la invocación de la misericordia. Donde reinan el odio y la sed de venganza, donde la guerra causa el dolor y la muerte de los inocentes se necesita la gracia de la misericordia para calmar las mentes y los corazones, y hacer que brote la paz. Donde no se respeta la vida y la dignidad del hombre se necesita el amor misericordioso de Dios, a cuya luz se manifiesta el inexpresable valor de todo ser humano. Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en el mundo termine en el resplandor de la verdad. Por eso hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús: de aquí debe salir "la chispa que preparará al mundo para su última venida" (Homilía en Lagiewniki, 17 de agosto de 2002).
Esto hizo los últimos meses en la vida del papa Juan Pablo II, marcados por el sufrimiento, llevando su Pontificado a su cumplimiento.
[Traducción del original en inglés realizada por ZENIT]
Envìa esta noticia a un amigo

Domingo 16 de enero: Un Cordero de mansedumbre y fortaleza

Evangelio del domingo: Un Cordero de mansedumbre y fortaleza
Por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo
OVIEDO, viernes 14 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario al Evangelio del próximo domingo, segundo del tiempo ordinario (Juan 1, 29-34), 16 de enero, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.


* * *
Lectura del santo evangelio según san Juan    1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
- «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»
Y Juan dio testimonio diciendo:
- «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo."
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»
Palabra del Señor.


* * *

Retomamos el tiempo ordinario y volvemos a la trayectoria de Jesús en su vida pública que a lo largo del año litúrgico se nos propondrá. La primera escena tiene lugar a orillas del Jordán, continuando lo que vimos el domingo pasado en el Bautismo de Jesús. Juan, el precursor del Maestro, utiliza una expresión muy querida para cualquier hebreo religioso: «Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29).

         Los ojos del evangelista que relata este momento quedarán prendados, como quien encuentra finalmente a Aquél que esperaba. De hecho, tanto Juan como Andrés seguirán a ese Cordero, y preguntándole dónde vivía se quedarían con Él aquel día y para siempre. Era el encuentro que sigilará todas sus búsquedas y  que dará cumplimiento a todas sus esperas. Por ello, con una extraña anotación cargada de fidelidad, anotará muchos años después cuando escriba su evan­gelio, que este encuentro tan decisivo sucedió a las cuatro de la tarde (Jn 1,37-39). Como siempre sucede con todo verdadero amor, hace memoria emocionada del primer instante de una historia que permanece y que ha marcado el resto de la existencia.

         El Evangelio de Juan, desarrollará este momento inicial a través de los diferentes encuentros entre el Cordero Jesús y las personas que se cruzarán en su camino. Todos ellos recibirán la liberación de su des-gracia sea cual sea su nombre (oscuridad, sed, enfermedad, confusión... pecado), con tal que la confiesen, con tal que no la maquillen ni la disfracen, y reconozcan en Jesús a quien trae la Gracia eficaz para todas sus des-gracias impotentes. Por esta razón, en aquel momento no estaban los que des­pués a lo largo del Evangelio de Juan van a aparecer como los difidentes de Jesús, los prejuiciosos de sus signos y palabras, los enemigos de su vida.

           Hay una llamada a reconocernos ante el Cordero que quita los pecados, que nos señala y nos denuncia los pecados de nuestra época y los traspiés de nuestra genera­ción: la mentira, la injusticia, el hedonismo en todas sus formas, el egoísmo disfrazado de cultura de bienestar, las corrupciones oficiales y oficiosas, la matanza de la belleza y de la vida... Y todo esto no para apabullarnos y hacernos pesimistas o reaccionarios, sino para señalarnos y anunciarnos que hay otro modo de vivir y convivir, otra ma­nera de hacer un mundo habitable, otro camino para responder a nuestras preguntas de felicidad: el que nace del reconocimiento de este Cordero y de la adhesión a su vida y su palabra. Este es el Cordero, el que quita nuestros pecados. Por eso hay esperanza.
Envìa esta noticia a un amigo

11 enero 2011

08 enero 2011

Cáritas inicia una campaña de socios.

 Cáritas inicia una campaña de socios para recaudar fondos debido al aumento de usuarios motivado por la crisis.

El director de Cáritas Interparroquial de Gandia, Javier Roche, y el subdirector, Eduardo Mahíques, comparecieron el pasado (22.12.2010) para anunciar el inicio de la campaña de socios. Es la primera vez que la entidad gandiense realiza una campaña de este tipo y esto es debido a la difícil situación económica actual, que ha provocado el aumento de usuarios.

"Nos hemos visto abocados a esta situación por el aumento del paro, porque se acaban las prestaciones públicas y porque las ayudas son insuficientas, especialmente por los compromisos de vivienda", explicó el director de Cáritas Gandia, Javier Roche, quien aseguró que debido a ello ha aumentado la gente que acude por primera vez a Cáritas. Roche añadió que las cuentas "están a cero" y que lo que también ocurre es que las convocatorias para pedir ayudas a las obras sociales no se llegan a convocar y las de la Administración están congeladas o incluso a la baja.

Ante ello, Cáritas Gandia se ha puesto manos a la obra y ha comenzado una campaña en la que no sólo se pedirá ayuda económica, sino también ropa, alimentos y voluntarios que quieran ofrecer parte de su tiempo en colaborar con la entidad en sus diferentes vertientes.
En concreto, la entidad de Gandia ha preparado unos dípticos que se repartirán por las parroquias y diferentes puntos de la ciudad en los que se incluye información sobre las líneas de trabajo de Cáritas y un formulario para inscribirse como socios y realizar un donativo de manera mensual, trimestral, semestral y anual en la cantidad que desee el colaborador. Además, Cáritas Gandia ya ha publicado el boletín de Navidad en el que se informa de las actividades que se realizan a lo largo del año.

El subdirector de Cáritas Gandia, Eduardo Mahíques, aprovechó para lanzar una reivindicación. Ante la situación de crisis, fue el Ayuntamiento de Gandia el que puso en marcha una prestación en 2009, luego asumida por el Estado, de 400 euros, a través de la renta de emergencia familiar. Ahora que el Estado ha anunciado que no se va a hacer cargo, desde Cáritas solicitan que de nuevo sea el Ayuntamiento el que la ponga en marcha.

En cuanto a la campaña de recogida de ropa, Javier Roche alertó de que se están produciendo robos de las piezas depositadas en los contenedores de la ciudad y se sospecha que es una banda que está empezando a actúar sistemáticamente. Ello provoca que muchas de las personas que depositaban la ropa en los contenedores y habían visto estos hurtos, dejaban de hacerlo. Ante ello, desde Cáritas Gandia se ha reforzado los puntos de entrega directa de ropa. Además, con la crisis ocurre que se ha reducido la entrega de ropa y que ésta es de menor calidad.

Según detalló Javier Roche, el punto de recogida de la calle Gregori Maians abrirá dos días a la semana (lunes y miércoles) en vez de uno, en horario de 18 a 20 horas. Además, la Fundación Intra de Cáritas, del Real de Gandia donde trabajan las mujeres provenientes del proyecto Judit abre de 8 a 15 horas para la recogida de las piezas. Aquí, las trabajadoras participan en un programa de inserción laboral en el que se encargan de la clasificación, reparación y desinfección de la ropa para su posterior venta en las tiendas @rropa de Cáritas. El dinero recaudado se reinvierte en sus sueldos y en ayudas sociales para la entidad.

En lo que se refiere a los donativos en especies, Cáritas promueve como cada año la tradicional Campaña del Kilo, en la que la gente colabora entregando productos básicos para el Economato. Una medida "muy necesaria" en estos momentos, según explican ambos directivos, ya que la factura del Economato en los últimos dos años se ha multiplicado por tres y llega ya a los 6.000 euros de compra mensual.

La Campaña del Kilo es una manera simbólica de inculcar a la gente, pero especialmente a los más pequeños, el espíritu de la solidaridad. Para que vean que esos productos que normalmente tienen en la despensa cada día, otras familias no los tienen y los necesitan". Es por ello que la campaña se intensifica en los centros escolares de la ciudad, que, como cada año, participan muy activamente. También la Junta Mayor de Hermandades de la Semana Santa y las cofradías, así como las parroquias de Gandia están realizando grandes esfuerzos por colaborar en la causa.