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02 enero 2009

Domingo 4 de enero

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS
1 de enero de 2009 (ciclo b, año impar)

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Domingo II de NAVIDAD
4 de enero de 2009 (ciclo b, año impar)



Primera lectura
La sabiduría de Dios habitó en el pueblo escogido

Lectura del libro del Eclesiástico (24, 1-2. 8-12)

La sabiduría se alaba a si misma,
se gloría en medio de su pueblo,
abre la boca en la asamblea del Altísimo
y se gloría delante de sus Potestades.

En medio de su pueblo será ensalzada,
y admirada en la congregación plena de los santos;
recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos
y será bendita entre los benditos.

El Creador del universo me ordenó,
el Creador estableció mi morada:
—«Habita en Jacob,
sea Israel tu heredad.»

Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y no cesaré jamás.

En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto
y en Sión me establecí;
en la ciudad escogida me hizo descansar,
en Jerusalén reside mi poder.

Eché raíces entre un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad,
y resido en la congregación plena de los santos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R/.: Jn 1, 14)

R/. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
O bien: Aleluya.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Segunda lectura
Nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1, 3-6. 15-18)

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Palabra de Dios.

Aleluya
Cf. 1Tm 3, 16

Gloria a ti, Cristo, proclamado a los paganos.
Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.

EVANGELIO
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

+ Lectura del santo evangelio según san Juan (1, 1-18)

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino, y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.

Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él
y grita diciendo:

«Este es de quien dije:
“El que viene detrás de mí
pasa delante de mí,
porque existía antes que yo.”»

Pues de su plenitud
todos hemos recibido,
gracia tras gracia.
Porque la ley se dio
por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron
por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás:
Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado ha conocer.

Palabra del Señor.



COMENTARIO

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

La celebración de hoy intenta ayudarte a saborear las riquezas de la Navidad. Te invita a una contemplación del misterio de la Encarnación, a descubrir la verdadera naturaleza del hombre a la luz de Jesucristo, la Palabra hecha carne.

Porque uno de los peligros más serios que tienes es que la Navidad se quede reducida a puro consumismo, a un enorme sentimentalismo, o a un simple recuerdo histórico, todos ellos insuficientes.

Por eso, la Palabra de Dios que proclamamos hoy te recuerda cuál es el mensaje central de la Navidad: Dios se ha hecho hombre para que tú seas divinizado, la Palabra se ha hecho carne para darte la salvación, para hacerte pasar de esclavo a hijo de Dios.

El Evangelio te recuerda además, que «vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron». En definitiva, estas palabras se refieren a nosotros, a cada persona y a la sociedad en su conjunto. ¿Tenemos tiempo para el prójimo que tiene necesidad de nuestra palabra, de mi palabra, de mi afecto? ¿Para aquel que sufre y necesita ayuda? ¿Para el prófugo o el refugiado que busca asilo? ¿Tenemos tiempo y espacio para Dios? ¿Puede entrar Él en nuestra vida? ¿Encuentra un lugar en nosotros o tenemos ocupado todo nuestro pensamiento, nuestro quehacer, nuestra vida, con nosotros mismos?

«Pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Jn 1,12). Hay quienes lo acogen y, de este modo, desde fuera, crece silenciosamente, comenzando por el establo, la nueva casa, la nueva ciudad, el mundo nuevo. El mensaje de Navidad nos hace reconocer la oscuridad de un mundo cerrado y, con ello, se nos muestra sin duda una realidad que vemos cotidianamente.

Mediante la palabra del Evangelio, el Ángel nos habla también a nosotros y, en la sagrada liturgia, la luz del Redentor entra en nuestra vida. Si somos pastores o sabios, la luz y su mensaje nos llaman a ponernos en camino, a salir de la cerrazón de nuestros deseos e intereses para ir al encuentro del Señor y adorarlo. Lo adoramos abriendo el mundo a la verdad, al bien, a Cristo, al servicio de cuantos están marginados y en los cuales Él nos espera (cf. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Nochebuena 2007).

Recibir al Señor significa abrirle el corazón de par en par, dejar que Él lo llene y aceptar sin condiciones el camino que Él te propone para poder alcanzar esa salvación que te trae como un don, como un regalo. Recibir al Señor significa, en definitiva, dejarte amar por Él.

El drama de mucha gente hoy es que ha rechazado a Jesús: mucha gente no quiere saber nada de las exigencias del Evangelio, ni quiere saber nada de la vida cristiana en la Iglesia.

Por eso el Evangelio de hoy te propone que mires al fondo de tu corazón y te preguntes si de verdad has recibido a Jesús, si de verdad se nota en tu vida que crees que Dios se ha hecho hombre en Jesucristo.

Este es el camino para alcanzar la felicidad -cargado con la cruz- y la vida eterna. ¿Has recibido a Jesús? ¿Está Él en tu corazón? ¿En qué cosas se debe notar más en tu vida que crees que Jesús es el Señor?

¡Ánimo! ¡Ábrele el corazón al Señor! No tengas miedo a seguirle. Él será el Señor de tu vida y te dará la paz y la felicidad que el mundo no puede darte. Él te llevará a la vida eterna.

Compromiso semanal

Durante estas fiestas visita a los ancianos y enfermos de tu familia.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Eclesiástico 24, 1-4. 12-16. La sabiduría habita en medio del pueblo elegido.

Este texto nos presenta la sabiduría como primicia de la creación y siempre presente en ella. La sabiduría presenta el proyecto de Dios sobre el mundo y el hombre, superando cuanto el hombre pueda imaginar. Va más allá de la razón humana, porque viene de Dios. El sabio, ganado por esta nueva luz, se siente llamado a intuir de alguna manera a Dios. Puedes leer Exodo 13, 21-22.

Salmo 147, 12-15. 19-20. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Israel con este salmo cantaba la restauración de Jerusalén: nosotros vemos al mundo entero renovado por el nacimiento de Cristo y por su “Palabra que corre veloz” anunciando la salvación.

2ª lectura: Efesios 1, 3-6. Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo.

El origen de la salvación está, exclusivamente, en Dios mismo: en su determinación eterna de ser Dios con nosotros, en Jesucristo, su Hijo; y de realizarla por la comunicación de sí mismo en su Espíritu con sus dones. Puedes leer Galatas 3, 13-14 y Romanos 8, 28-39.

Evangelio: Juan 1, 1-18. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Dios se acerca a los hombres hasta el punto de hacerse uno de ellos: “carne”, dice san Juan. Esto es, hombre, con todo lo que de limitación y debilidad tiene, menos el pecado. Jesucristo es la verdad y la vida de Dios hecha carne. Ama, cura, perdona. Vive y sufre como un hombre entre los hombres. La misericordia y la fidelidad de Dios, su gracia, se han hecho realidad en Jesús: es el don permanente y total del Hijo hecho hombre en Jesucristo. Puedes leer Colosenses 1, 15-20.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 5 1Jn 3,11-21. Hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos.
Sal 99. Aclama al Señor, tierra entera.
Jn 1,43-51. Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel.
Haz una obra de misericordia
Martes 6
Epifanía del Señor
Is 60, 1-6 Caminarán los pueblos a tu luz.
Sal 71, 7-13 Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
Ef 3, 2-3ª.5-6 También los gentiles son miembros de las promesas de Jesucristo.
Mt 2, 1-12 Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo.
Plantéate cómo dar testimonio de Jesucristo
Miércoles 7
San Raimundo de Peñafort, presbítero
1 Jn 3, 22-4,6 Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él.
Sal 2, 7-11 Te daré en herencia las naciones.
Mt 4, 12-17.23-25 Convertíos porque está cerca el reino de los cielos.
Revisa cómo has dado testimonio en este curso.
Jueves 8 1 Jn 4, 7-10 Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
Sal 71, 2-4.7-8 Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Mc 6, 34-44 Dadles vosotros de comer.
Revisa cuál es tu actitud ante la Eucaristía.
Viernes 9
San Eulogio de Córdoba
1 Jn 4, 11-18 Dios es amor.
Sal 71, 2. 10-13. Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Mc 6, 45-52. Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.
Pídele al Señor que cure tus miedos y temores.
Sábado 10 1 Jn 4, 19-5, 4. Dios nos amó primero.
Sal 71, 2. 14-17. Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Lc 4, 14-22. Hoy se cumple esta Escritura.
Medita el Evangelio de hoy
Domingo 11
El Bautismo del Señor
Is 42, 1-4. 6-7. Mirad a mi siervo, a quien prefiero.
Sal 28, 1-10. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hch 10, 34-38. Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo.
Mc 1, 6b-11 Tú eres mi hijo amado, mi preferido.
Reza por tu familia y por la parroquia.


26 diciembre 2008

Domingo 28 de diciembre

Navidad



La sagrada familia
28 de diciembre de 2008 (ciclo b, año impar)



Primera lectura
El que teme al Señor honra a sus padres

Lectura del libro del Eclesiástico

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.

Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1)

R/. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/

Segunda lectura
La vida de familia vivida en el Señor

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.

Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.

Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Palabra de Dios.

Aleluya
Heb 1, 1-2

En distintas ocasiones habló Dios antiguamente a nuestro padres por los profetas.
Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.

EVANGELIO

Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor.

+Lectura del santo evangelio según san Lucas

De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la Ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con el lo previsto por la ley, Simeón le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

- “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo diciendo a María, su madre:

- “Mira: Este niño está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten;
será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor.



COMENTARIO

El niño iba creciendo
y se llenaba de sabiduría

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Fijamos hoy nuestra mirada en Jesús, María y José, y adoramos el misterio de un Dios que quiso nacer de una mujer, la Virgen santísima, y entrar en este mundo por el camino común a todos los hombres. Al hacerlo así, santificó la realidad de la familia, colmándola de la gracia divina y revelando plenamente su vocación y misión.

El bien de la persona y de la sociedad está íntimamente vinculado a la "buena salud" de la familia (cf. GS 47). Por eso, la Iglesia está comprometida en defender y promover "la dignidad natural y el eximio valor" del matrimonio y de la familia.

Al contemplar el misterio del Hijo de Dios que vino al mundo rodeado del afecto de María y de José, las familias cristianas están llamadas a experimentar la presencia amorosa del Señor en sus vidas. Asimismo, son alentadas a que, inspirándose en el amor de Cristo por los hombres, den testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia. Esta, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural. Por eso, los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana.

Vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio porque vale la pena trabajar por el ser humano, el ser más precioso creado por Dios. “Me dirijo de modo especial a los niños, para que quieran y recen por sus padres y hermanos; a los jóvenes, para que estimulados por el amor de sus padres, sigan con generosidad su propia vocación matrimonial, sacerdotal o religiosa; a los ancianos y enfermos, para que encuentren la ayuda y comprensión necesarias. Y vosotros, queridos esposos, contad siempre con la gracia de Dios, para que vuestro amor sea cada vez más fecundo y fiel” (cf. Benedicto XVI, Angelus, 30-XII-2007).

Sabemos que el matrimonio y la familia se enfrentan ahora a verdaderas borrascas. Las palabras del evangelista sobre la barca en la tempestad en medio del lago se pueden aplicar a la familia: «Las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua» (Mc 4,37). Desde hace algunas décadas, las leyes han relativizado en diferentes países su naturaleza de célula primordial de la sociedad. A menudo, las leyes buscan acomodarse más a las costumbres y a las reivindicaciones de personas o de grupos particulares que a promover el bien común de la sociedad. La unión estable entre un hombre y una mujer, ordenada a construir una felicidad terrenal, con el nacimiento de los hijos dados por Dios, ya no es, en la mente de algunos, el modelo al que se refiere el compromiso conyugal. Sin embargo, la experiencia enseña que la familia es el pedestal sobre el que descansa toda la sociedad. Además, el cristiano sabe que la familia es también la célula viva de la Iglesia. Cuanto más impregnada esté la familia del espíritu y de los valores del Evangelio, tanto más la Iglesia misma se enriquecerá y responderá mejor a su vocación (cf. Benedicto XVI, Encuentro con la Conferencia Episcopal Francesa, Lourdes, 14-IX-2008).

La familia cristiana está llamada a ser, en todo el mundo, imagen viva del amor de Dios. La familia ha de ser una comunidad de vida y amor. La familia cristiana se construye sobre el Señor y se apoya en los valores auténticamente cristianos: es aquella en la que.

Los esposos, varón y mujer, viven verdaderamente unidos, se aman y se entregan con un amor de donación, con unos ideales y metas comunes, basados en el Evangelio, se esfuerzan por superarse cada día y dialogan constantemente para crecer y madurar en el amor. Y tratan de superar las tensiones y conflictos que se puedan producir, mediante el diálogo, el perdón, la misericordia y la corrección fraterna, excluyendo siempre el recurso a cualquier tipo de violencia, tanto física como psicológica.

-. Los esposos viven abiertos a la vida, y no rechazan el tener hijos, sino que los acogen con alegría como un don de Dios, como un regalo suyo.

-. Los esposos, como padres, se esfuerzan por educar verdaderamente a sus hijos, desde pequeños, les dedican tiempo, y tratan de transmitirles los valores humanos y cristianos, dándoles ellos mismos testimonio con el ejemplo de su vida.

-. Los hijos se respetan entre sí como hermanos, aceptan la autoridad legítima de sus padres -a pesar de sus fallos- y tienen una actitud de colaboración e interés por los problemas de la familia.

-. Los ancianos se encuentren verdaderamente acogidos y tratados con la dignidad que se merecen, aunque sus achaques y enfermedades sean, a veces, una “carga” que hay que llevar con cariño y generosidad.

-. Haya un verdadero ambiente cristiano en el que se dialogue, se rece, se transmitan, de palabra y de obra, los auténticos valores cristianos.

-. Se busque entre todos el bien común, el bien de toda la familia. Y se haga lo posible por parte de todos por estar juntos, por dialogar, por rezar...

La familia que el Señor te ha dado -a pesar de todos los pesares- es un gran regalo que Él te ha concedido. ¡Da gracias a Dios cada día por tu familia! ¡Reza por ella! ¡Cuídala! Y ten una actitud positiva no egoísta: no estés pensando lo que ellos tienen que darte: piensa qué es lo que puedes y tienes que hacer para que todo vaya mejor. En la medida que pienses menos en tí y trates de vivir para los demás todo será mucho más fácil y tú serás mucho más feliz.

Compromiso semanal

Reza por tu familia, y plantéate qué quiere el Señor que tú hagas para que tu familia sea más familia y más cristiana.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Eclesiástico 3, 3-7. 14-17a. El que teme al Señor, honra a sus padres.

El cuarto mandamiento de la Ley de Dios tiene aquí un buen comentario. Temer a Dios no es independiente de honrar a los padres. Honrar es respetar, ayudar, no avergonzarse, tener indulgencia. Quien así obra obtiene la bendición de sus padres y de Dios. Expía por los pecados, garantiza la vida dichosa, la salvación. De esta forma, da ocasión a que la fidelidad de Dios se manifieste. Por el contrario, quien desprecia a su padre, es considerado como un blasfemo.

Salmo 127, 1-5. ¡Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos!

El salmo expresa el deseo de que Dios bendiga a quienes le temen. La bendición alcanza las realidades de la vida concreta: el fruto del trabajo, la familia numerosa… Los padres de la Iglesia han considerado a la Iglesia como una madre fecunda en hijos a quienes alimenta en la mesa de la Eucaristía.

2ª lectura: Colosenses 3, 12-21. La vida de familia vivida en el Señor.

La vida familiar del cristiano debe estar presidida por el amor (=dar la vida), como lazo de unión de todos; la paz de Cristo ha de ser el árbitro que dirima los conflictos ordinarios de la vida familiar, buscando que no se rompa la unidad en el Cuerpo de Cristo. La Palabra de Cristo debe ser aceptada como luz que ilumina los criterios y la manera de vivir. Además, san Pablo expone una moral familiar sencilla, pero que lleva a toda la familia a vivir “en el Señor”, es decir, a vivir cristianamente. Puedes leer Efesios 4, 1s.

Evangelio: Lucas 2, 22-40. El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría.

La Presentación de Jesús en el templo es la culminación de una esperanza. El Ángel de Yahvé ha llegado. Los ojos vigilantes del anciano Simeón, iluminados por Dios, descubren a través de los signos de pobreza la gran realidad presente: la Salvación. Ella es “luz” para los paganos, revelación que da sentido a la vida. Para san Lucas, al entrar el Niño en el templo, aparece de nuevo la gloria de Yahvé habitando su casa. Jesús es la presencia nueva y definitiva de Dios en medio de su pueblo. Está presente como Salvador. La salvación que trae no se impone. Tampoco se hereda. Se acoge, libre y personalmente, o se rechaza. ¡Para cuántos, todavía hoy, sigue siendo Jesús un escándalo, una bandera discutida, un signo sobre el que los hombres lucharán entre sí! Es el misterio de Dios que aparece en Cristo y en sus condiciones de vida. Puedes leer Isaías 42, 1s.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 29
Santo Tomás Becket, obispo y mártir
1Jn 2,3-11. Quien ama a su hermano permanece en la luz.
Sal 95. Alégrese el cielo, goce la tierra.
Lc 2,22-35. Luz para alumbrar a las naciones.
Reza por los que no aceptan a Jesucristo
Martes 30 I Jn 2, 12-17 El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Sal 95, 7-10 Alégrese el cielo y goce la tierra.
Lc 2, 36-40 El niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba.
Descubre qué es lo que te aparta de Dios.
Miércoles 31
San Silvestre
I Jn 2, 18-21 En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo.
Sal 95,1-2.11-13 Alégrese el cielo y goce la tierra
Jn 1, 1-18 La Palabra era la luz verdadera. Vino a su casa y los suyos no la recibieron.
Da testimonio cristiano con tu forma de divertirte.
Jueves 1
Santa María, Madre de Dios
Nm 6, 22-27 El Señor te bendiga y te proteja, y te conceda la paz.
Sal 66, 2-3.5-6.8 El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Gál 4, 4-7 Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer.
Lc 2, 16-21 Encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre.
Intenta construir la paz a tu alrededor.
Viernes 2
San Basilio y San Gregorio Nacianceno
1Jn 2,22-28. Lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros.
Sal 97. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Jn 1,19-28. En medio de vosotros hay uno que no conocéis.
Haz una obra de misericordia
Sábado 3
Santísimo nombre de Jesús
1 Jn 2, 29-3,6 Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios.
Sal 97,1.3-6 Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Jn, 1, 29-34 Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Revisa tu testimonio cristiano en la familia
Domingo 4
2º de Navidad
Eclo 24, 1-4.12-1 El creador estableció mi morada.
Sal 147, 12-15.19-20 La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
Ef 1, 3-6.15-18 Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo.
Jn 1, 1-18 La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
Reza por tu familia y por la parroquia


19 diciembre 2008

Domingo 21 de diciembre

Domingo IV de ADVIENTO
21 de diciembre de 2008 (ciclo b, año impar)



Primera lectura
El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor

Lectura del segundo libro de Samuel (Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16)

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:

- «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»

Natán respondió al rey:

- «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»

Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:

- «Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?

Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel.

Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

Palabra de Dios

Salmo responsorial
Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (R/.: cf. 2a)

R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R/.

«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades?» R/.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R/.

Segunda lectura
El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (16, 25-27)

Hermanos:

Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

Aleluya
Lc 1, 38

Aquí está la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra.

EVANGELIO
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 26-38)

En aquel tiempo; el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Vivimos en una sociedad pagana y materialista que ha extendido sus tentáculos a todos los rincones de la vida, intentando comercializar, manipular y descristianizar hasta lo más bello y sublime. Por eso, asistimos al lamentable espectáculo de ver como la Navidad se está convirtiendo en una fiesta comercial, cultural y pagana que se intenta vaciar de todo contenido religioso.

Sin embargo, los cristianos no podemos caer en la trampa de los que quieren ocultar a Dios y hemos de celebrar la Navidad como Dios manda, porque, precisamente, la Navidad es lo contrario del ocultamiento de Dios: Dios se ha hecho hombre para salvarnos, para mostrarnos el camino que nos ha de conducir a la salvación.

Y, para poder celebrar la Navidad como Dios manda, la Iglesia nos propone en este último Domingo de Adviento el ejemplo de la Virgen María. La Virgen María ha podido recibir a Jesús porque estaba preparada, y nosotros sólo podremos recibir a Jesús si estamos preparados como María.

¿Qué hay que hacer para estar preparados? En primer lugar, tener un verdadero deseo de que venga Jesús, después eliminar todos los obstáculos que haya en nuestro corazón que impiden la venida de Jesús: el pecado, la soberbia, el orgullo, la falta de humildad, la falta de caridad. También es importante que -en medio del ruido de la sociedad- tengamos una actitud de escucha de la Palabra de Dios y la dejemos penetrar y actuar en nuestro corazón.

La Palabra de Dios hoy nos enseña que sólo los humildes encontrarán a Dios. Dios habla sólo a los que son pobres de espíritu, a los humildes y sencillos que acuden a El porque se sienten necesitados de El.

Por eso, la Palabra de Dios hoy nos propone como ejemplo a MARÍA. Ella es la humilde servidora del Señor. La que se siente pequeña, la que es sencilla y está abierta a Dios. Y, por eso, encuentra a Dios, y Dios la elige para ser su Madre. María se convierte así en un modelo para nosotros en este final del Adviento: ella recibe a Dios por su humildad, porque le acepta sin condiciones, porque está dispuesta a aceptar y cumplir su voluntad, porque sabe que Él es el Señor y ella la sierva, Él es el Maestro y ella la discípula.

Destaca también el especial el silencio de san José. Su silencio no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos. Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia (cf. Benedicto XVI, Angelus, 12-XII-2005).

Por eso, la Palabra de Dios te invita hoy a ser humilde y sencillo como María, a abrir tu corazón sin reservas a Dios que ya llega, a no ponerle condiciones. Sólo los humildes encontrarán a Dios. Dios habla sólo a los que son pobres de espíritu, a los humildes y sencillos que acuden a Él porque se sienten necesitados de Él.

Sólo los humildes pueden tener fe. Porque el humilde es aquel que se siente pequeño, pobre, que se siente necesitado de ayuda. Y, por eso, la busca. Y como busca ayuda con verdadero deseo, la encuentra. Y encuentra, entonces a Dios, siempre dispuesto a ayudar, a manifestarse a aquél que le busca con sinceridad.

¿Cómo está tu corazón? ¿Estás preparado ya para recibir al Señor que llega? ¿Está tu corazón limpio de todo obstáculo? ¿Tienes ganas de que Jesús esté en tu corazón y lo llene? ¡Anímate! ¡No caigas en la trampa que la sociedad pagana y materialista te pone! ¡Ten un corazón sencillo y humilde como el de María y prepárate para recibir al Señor! ¡Encontrarás la paz, la alegría y la felicidad que sólo el Señor te puede dar!

Compromiso semanal

Mira si estás preparado para recibir al Señor.
Procura no caer en las trampas de la sociedad materialista de consumo en que vivimos.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: 2 Samuel 7, 1-5. 8b-11. 16. El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.

El oráculo de Natán nos revela los planes de Dios. La elección de David, como toda elección, es pura gracia y benevolencia de Dios. El Señor ha protegido a David, su siervo, en todas sus empresas. Por amor a él y a su pueblo le promete la permanencia perpetua de su reino. Israel ha visto en la profecía de Natán, la promesa del rey Mesías. Esta promesa ya se ha realizado en la persona de nuestro Señor Jesucristo, hijo de David por excelencia.

Salmo 88, 2-5. 27-29. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Dios prometió a David un linaje perpetuo… y, aunque David peque, aunque Israel sea infiel, aunque olvidemos a veces el amor de Dios, “la misericordia del Señor es un edificio eterno” ante el cual no cabe otra actitud que la de “Cantar eternamente las misericordias del Señor”. Puedes leer Colosenses 1, 15-20.

2ª lectura: Romanos 16, 25-27. Revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos.

Este texto es un himno a la Encarnación, como manifestación del misterio de Cristo escondido en los siglos, comunicado a los gentiles: el Evangelio es la revelación del misterio de Cristo; misterio largo tiempo oculto; manifestado al presente mediante la venida de Cristo en carne, y las Escrituras proféticas que la predijeron. Esta manifestación no es exclusiva para los judíos. Los gentiles son admitidos a su comunicación. Este plan eterno y su gradual ejecución manifiestan la infinita sabiduría y prudencia de Dios en el desarrollo de la Historia.

Evangelio: Lucas 1, 26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

La victoria de María nace de su disponibilidad. Ella siempre dijo “sí” a la “Palabra de Dios”. Creó en sí el gran vacío (la humildad) capaz de contener a Dios. María es la persona en quien se realiza con más perfección y claridad la salvación que anuncia. Su figura tiene el encanto de la mujer sencilla, sorprendida por las bellas palabras que le dicen. No exige garantías. Es libre para decir “sí”. María se lanza a la aventura, intrépida, de descubrir progresivamente el misterio de Dios. El “sí” de la Virgen María contiene el riesgo de lo inesperado ante la palabra de Dios y la sumisión confiada a la voluntad del Señor. Por su “sí” a Dios María fue nuestra luz. El ejemplo de María es una llamada a la conversión. Puedes leer Sofonías 3, 14-15 e Isaías 7, 14-17.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 22 I S 1, 24-28 El Señor me ha concedido lo que pedía.
Sal I S 2, 1.4-8 Mi corazón se regocija por el Señor.
Lc 1, 46-56 Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Revisa cómo está tu fidelidad al Señor y a la Iglesia
Martes 23 Ml 3, 1-4. 4, 5-6. Mirad, yo os envío mi mensajero
Sal 24, 4-14. Se acerca vuestra redención.
Lc 1, 57-66 La mano de Dios estaba con él.
Haz una obra de misericordia
Miércoles 24 Is 9, 1-3.5-6 El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Porque un niño nos ha nacido …
Sal 95, 1-3.11-13 Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Tit 2, 11-14 Ha aparecido la gracia de Dios para todos los hombres.
Lc 2, 1-14 Hoy os ha nacido en Salvador: el Mesías, el Señor.
Haz un ratito de oración
Jueves 25
La Natividad del Señor
Is 52. 7-10 Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios.
Sal 97, 1-6 Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Heb 1, 1-6 Dios nos ha hablado por su Hijo.
Jn 1, 1-18 La Palabra era Dios. Se hizo carne y acampó entre nosotros.
Participa en la Eucaristía. Reza por tu familia y por la parroquia.
Viernes 26
San Esteban, protomártir
Hch 6, 8-10; 7, 54-59 Ve el cielo abierto.
Sal 30, 3-8.17.21 A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Mt 10, 17-22 No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.
Da testimonio de Jesucristo
Sábado 27
San Juan, apóstol y evangelista
1 Jn 1, 1-4 Os anunciamos lo que hemos visto y oído.
Sal 96, 1-2.5-6.11-12 Alegraos, justos con el Señor.
Jn 20, 2-8 El otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al Sepulcro.
Pon alegría y paz a tu alrededor.
Domingo 28
La Sagrada Familia: Jesús, María y José
Gn 15, 1-6; 21, 1-3 Te heredará uno salido de tus entrañas.
Sal 104, 1-9 El Señor es nuestro Dios, se acuerda de su alianza eternamente.
He 11, 8.11-12.17-19 Fe de Abrahán, de Sara y de Isaac.
Lc 2, 22-40 El niño iba creciendo y llenaba de sabiduría
Reza por tu familia y por la parroquia


05 diciembre 2008

Domingo 7 de diciembre

II domingo de adviento
7 de diciembre de 2008 (ciclo B, año par)



Primera lectura
¡Preparad los caminos del Señor

Lectura del Profeta Isaías
Is 40, 1-5. 9-11

Consolad, consolad a mi pueblo,
dice vuestro Dios;
hablad al corazón de Jerusalén,

gritadle: que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados.

Una voz grita:
En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;

que los valles se levanten,
que los montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.

Se revelará la gloria del Señor,
y la verán todos los hombres juntos
—ha hablado la boca del Señor—.

Súbete a lo alto de un monte,
heraldo de Sión,
alza con fuerza la voz,
heraldo de Jerusalén, álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
aquí está vuestro Dios.

Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza,
su brazo domina.
Mirad: le acompaña el salario,
la recompensa le precede.

Como un pastor apacienta el rebaño,
su mano los reúne.
Lleva en brazos los corderos,
cuida de las madres.

Palabra de Dios

Salmo responsorial
Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.

Voy a escuchas lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz de besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo
. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R/

Segunda lectura
Nuevos cielos y nueva tierra esperamos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro
3, 8-14

Queridos hermanos:

No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.

El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos.

Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.

El día del Señor llegará como un ladrón.

Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra con todas sus obras se consumirá.

Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida!

Esperan y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos consumidos por el fuego y se derretirán los elementos.

Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia.

Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con El, inmaculados e irreprochables.

Palabra del Señor

Aleluya
Lc 3, 4-6

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;
y todos verán la salvación del Señor

EVANGELIO
Allanad los senderos del Señor

+ Lectura del santo evangelio según San Marcos 1, 1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Está escrito en el Profeta Isaías:
Yo envío mi mensajero delante de ti
para que te prepare el camino.

Una voz grita en el desierto:
Preparadle el camino al Señor,
allanad sus senderos.

Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

—Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Preparadle el camino al Señor

La Buena Noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios, comienza con esta llamada excelente de san Juan Bautista: ¡Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos!

Cristo viene a salvar a la humanidad. Para ello exige nuestra colaboración y una actitud fundamental: la conversión, que es la vuelta sincera y total a Dios.

Una gran tentación en la que puedes caer es pensar que ya estás convertido, que no necesitas la conversión, que ya eres bastante “bueno” y que, por tanto, no hay nada que cambiar en tu vida, o, por el contrario, pensar que tu vida no tiene remedio, que no vale la pena luchar porque no puedes cambiar tu vida.

Esto significa dejar tu vida en las manos del Señor y orientarla según el Evangelio; aceptar ser guiado por Él y fiarte de su amor. Dios te invita a la conversión, diciéndote que abandones el mal camino y entres en Su camino, que es vivir conforme a su voluntad. Preparar el camino del Señor quiere decir convertirse, llevar una conducta digna desde lo profundo del corazón.

Convertirse significa: volver a pensar, poner en discusión el propio y el común modo de vivir; dejar entrar a Dios en los criterios de la propia vida; no juzgar más simplemente según las opiniones corrientes.

Convertirse significa, por lo tanto, no vivir como viven todos, no hacer como hacen todos, no sentirse justificados en acciones dudosas, ambiguas, malvadas por el hecho que otros hacen lo mismo; comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios; buscar, por lo tanto, el bien, aún cuando es incómodo; no hacerlo pensando en el juicio de la mayoría, de los hombres, sino en el juicio de Dios - con otras palabras: buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva.

Todo esto no implica un moralismo, la reducción del cristianismo a la moralidad pierde de vista la esencia del mensaje de Cristo: el don de una nueva amistad, el don de la comunión con Jesús y, por lo tanto, con Dios. Quien se convierte a Cristo no entiende crearse una autarquía moral suya, no pretende reconstruir con sus propias fuerzas su propia bondad. "Conversión" significa justamente lo contrario: salir de la propia suficiencia, descubrir y aceptar la propia indigencia - indigencia de los otros y del Otro, de su perdón, de su amistad. La vida no convertida es autojustificación (yo no soy peor de los demás); la conversión es la humildad de confiarse al amor del Otro, amor que se vuelve medida y criterio de mi propia vida (cf. Joseph Ratzinger, La nueva evangelización).

Convertirse significa que el Evangelio ha de transformar toda tu vida, que has de ser cristiano en todo, que no puede haber ningún rincón de tu vida cerrado a la Palabra de Dios. Convertirse significa que has de aceptar que Jesucristo es el único Maestro y el único Señor, el único modelo de vida para ti, y que tratas de hacer que tu corazón sea semejante al suyo.

Convertirse significa que has de tomar en serio la vida cristiana. No confiarte en que estás bautizado o en que vas a Misa todos los domingos. ¡Es necesario, pero no es suficiente! Hay que vivir conforme a la Palabra de Dios, tratar de ser fieles a Jesucristo y a la Iglesia, y realizar obras de misericordia y caridad.

Convertirse y preparar el camino al Señor significa que has de esforzarte, de luchar por ser cristiano, que, al igual que el atleta tiene que entrenarse, esforzarse y luchar para conquistar la medalla, tú también has de esforzarte mucho y trabajar en serio si quieres alcanzar la vida eterna.

Convertirse significa que has de vivir en la paciencia y el amor, es decir: vivir la cruz de cada día con fortaleza y amor, apoyados en la Palabra de Dios que renueva nuestro mundo y transforma tu corazón si te dejas llenar de ella.

Compromiso semanal

Revisa tu vida para tratar de descubrir cuáles son tus necesidades más urgentes en la conversión.
Haz un propósito firme para es te tiempo de Adviento

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ªlectura: Isaías, 40, 1-5. 9-11. Preparadle un camino al Señor.

El Señor da al pueblo un mensaje de consuelo y alegría: ha terminado el tiempo de la esclavitud. El profeta ve a Dios caminar delante de su pueblo, en marcha hacia la patria definitiva. El “consuelo” que Dios da es una ayuda eficaz para levantar nuestro ánimo y continuar, a pesar de las dificultades, la lucha contra el mal. Dios consuela cuando recuerda sus promesas y su fidelidad.

Salmo 84, 9-14. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Justicia y paz, misericordia y fidelidad se funden en la persona de Jesús: en Él “ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres”. Este salmo es una oración típica de la comunidad de los creyentes, que marcha hacia la salvación plena teniendo en cuenta los favores que ha recibido ya de Dios. Los cristianos conocemos la salvación obrada por Cristo, pero experimentamos también nuestra debilidad. Por ello, creemos en la salvación realizada, pero suspiramos por una salvación total y este deseo nos hace decir: ¡Danos, Señor, tu salvación! El Adviento es tiempo de gozo porque “la salvación está cerca de los fieles”.

2ª lectura: 2ª Pedro 3, 8-14. Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.

San Pedro exhorta a la vigilancia y a la santidad: La seguridad de la gloriosa venida de Cristo se convierte en un motivo poderoso para vigilar y obrar el bien. Además, el hombre se acerca a un mundo nuevo, comparable a una creación. Debe recibirla con una vida santa e intachable. Dios está por encima de las categorías humanas del tiempo. Lo importante para Dios es la realización de su obra salvadora. Una obra que se desarrolla en esta tierra y bajo este cielo, pero que se consumará “en los nuevos cielos y la nueva tierra”, en la vida eterna.

Puedes leer Apocalipsis 21, 1-6.

Evangelio: Marcos 1, 1-8. Preparadle el camino al Señor.

La vida humana es designada frecuentemente como camino. Dios invita al hombre a la conversión diciéndole que abandone el camino malo y entre en el buen camino, que es su ley. Camino del Señor es vivir conforme a su voluntad. Y preparar el camino al Señor, quiere decir convertirse, llevar una conducta digna, como la vida de Juan Bautista. Cristo señala el verdadero camino al Padre con su doctrina y su vida: él es camino; su doctrina y vida proclamada son el auténtico camino que han de seguir los hombres de todos los tiempos que quieran salvarse.

Puedes leer Hechos 1, 5.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 8
La Inmaculada Concepción
de la
Virgen María

Gn 3, 9-15.20 Establezco hostilidades entre ti y la mujer,
Sal 97, 1-4. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Ef 1, 3-6.11-12 Él nos ha destinado a ser sus hijos.
Lc 1, 26-38 Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Pídele a la Virgen lo que más necesites

Martes 9

Is 40, 1-11 Como un pastor apacienta el rebaño, su mano reúne.
Sal 95, 1-13 Nuestro Dios llega con poder.
Mt 18, 12-14 Vuestro Padre del Cielo: no quiere que se pierda nadie.

Reza por los alejados del

Miércoles 10
Santa Eulalia,
virgen y mártir

Is 40, 25-31 Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas.
Sal 102, 1-10. Bendice, alma mía, al Señor.
Mt 11, 28-30 Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados.

Descansa en el Señor lo que te agobia.

Jueves 11
San Dámaso I,

papa

Is 41,13-20. Yo, el Señor, tu redentor y el Santo de Israel.
Sal 144.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
Mt 11,11-15.
No ha nacido uno más grande que Juan el Bautista.

Pídele al Señor “oídos” para escuchar su Palabra

Viernes 12
Nuestra

Señora de Guadalupe

Is 48, 17-19 Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar.
Sal 1, 1-6 El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.
Mt 11, 16-19 Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado.

Haz examen de conciencia.

Sábado 13
Santa Lucía,

virgen y mártir

Ecli 48, 1-4.9-11 Surgió Elías, un profeta como un fuego.
Sal 79, 2.3.15-19 Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Mt 17, 10-13 Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron.

Revisa si vives en actitud de conversión.

Domingo 14

3º de
ADVIENTO

Is 61, 1-2.10-11 Desbordo de gozo con el Señor.
Sal Lc 1 ,46-54 Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador
I Ts 5, 16-24 Que todo vuestro ser sea custodiado hasta la parusía de nuestro Señor Jesucristo.
Jn 1, 6-8.19-28 En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

Reza por tu familia y por la parroquia