ROMA, lunes 27 agosto 2012 (ZENIT.org).- Acaba de ser lanzado este mes de agosto el sitio internet oficial del Año de la Fe por parte del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.
El sitio (www.annusfidei.va) está disponible en italiano e inglés.
Es de destacar el calendario del Año de la Fe (11 octubre 2012- 24 noviembre 2013) que será regularmente puesto al día por el dicasterio.
Entre los documentos de reflexión y profundización que ofrece el sitio están el Catecismo de la Iglesia Católica, las Actas del Concilio Vaticano II, las catequesis de Benedicto XVI sobre los apóstoles, sobre los Padres de la Iglesia, la oración, teólogos medievales, las grandes mujeres de la Iglesia. Cuenta también con varias presentaciones del Año de la Fe.
Cada diócesis puede también señalar al Secretariado organizador las iniciativas previstas a nivel de Iglesia local. Se publicarán los acontecimientos más importantes.
Del sitio se puede descargar la partitura del himno oficial Credo, Domine, compuesto para el Año de la Fe. Así mismo, el logo que representa la barca de la Iglesia con un sol al fondo que evoca la eucaristía.
La página de entrada ofrece la cuenta atrás del tiempo que queda hasta el 11 de octubre de 2012.
Elaborado con informacion de Anne Kurian, de la edición francesa de ZENIT
28 agosto 2012
24 agosto 2012
Cáritas Madrid presenta su memoria 2011 y su plan de actuación
Cáritas Madrid ha difundido su Memoria 2011 y su último Plan de actuación. Su lema es ya todo un plan de acción: “Vivir es amar y amar es servir”. Debería ser noticia en los diarios y en la TV. Pero no es materia que atraiga tanto la atención de nuestros amigos preocupados más con los grandes problemas del fútbol o de la prima de riesgo. Y sin embargo la labor de Caritas es de trascendental importancia en nuestros días. Diría que siempre lo ha sido, pero hoy más que nunca. La Memoria de Caritas dice su Director en Madrid, D. Julio Beamonte Mayayo, quiere “ser el estímulo necesario para que, desde la esperanza que nace de la entrega y el amor de quien se ocupa y preocupa por el otro, todos salgamos al encuentro de los más necesitados”.
Necesitados que en nuestra época van creciendo en todos los campos. Las cifras y los datos de Caritas Madrid impresionan. 7.112 personas voluntarias comprometidas con la acción de Cáritas Madrid. 280 empresas, fundaciones e instituciones que aportan su colaboración para que 14.500 personas hayan sido acompañadas y orientadas en sus necesidades, siendo que se han entregado 4.309 ayudas a personas y familias desde el Fondo Diocesano de Emergencia y 18.695 ayudas económicas para paliar los efectos de la crisis que muchas familias padecen. Un total de 118.000 personas pasaron a una atención más especializada dentro de las Acogidas de los Arciprestazgos.
Planes para la concienzación social, de atención a personas en situación de vulnerabilidad, de atención a personas en situación de exclusión social, así como los servicios transversales de acogida y asistencia, de red social y familiar, de empleo, de vivienda, de salud, de asistencia jurídica, así como la cooperación internacional en Honduras, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Brasil, Colombia, Haití, Cuba, Guinea Ecuatorial, Burkina Faso, Filipinas, Congo Bukabu, Zimbabwe y el Cuerno de Africa justifican los 23.816.349 euros que Cáritas Madrid ha gastado, sin incluir los 5.611.997 euros que las parroquias madrileñas han destinado a la acción caritativa.
Senala D. Julio Beamonte que todo esto no sería posible sin la solidaridad y entrega de todas las personas, grupos y entidades que, desde diversas opciones y dedicaciones, permiten responder con claridad y calidez a los problemas y necesidades de muchas personas y familias que han perdido la esperanza y que entre todas se la podemos devolver.
No en balde Cáritas significa caridad, amor. Y nos obliga a todos. El Santo Padre Benedicto XVI nos lo recuerda en su primera encíclica Caritas in Veritate: “La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber. En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno”.
Cáritas Madrid, es bueno recordarlo, es el organismo oficial de la Iglesia de Madrid para promover, orientar, coordinar, y en su caso, federar la acción caritativa y social en la propia Diócesis, teniendo por objetivo la realización de la acción caritativa y social de la Iglesia. Este aspecto la diferencia bien de una mera ONG. Se organiza a nivel parroquial, arciprestal y en la 8 Vicarías episcopales de Madrid.
Es una labor que nace del amor y del sufrimiento de Nuestro Senor Jesucristo en la Cruz. Es en ÉL, en quien los voluntarios de Caritas Madrid encuentra la razón y el ser de su actuación en favor de los más necesitados. Y como todos somos Iglesia, todos debemos estar orgullosos de la labor realizada por Cáritas Madrid.
No basta estar orgullosos, es necesario implicarnos y colaborar cada vez más. Cada uno a su modo, pero recordando -citamos una vez más a Benedicto XVI- que la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano, que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil -en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos-, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas”.
José Alberto Rugeles. Gaudiumpress.org
18 agosto 2012
Precioso canto gregoriano: "Alleluia vir Dei benedictus omni".
Hoy os dejo este precioso vídeo de canto gregoriano. Son los monjes benedictinos de la Abadía de Notre Dame de Fontgombault. Cantan "Alleluia vir Dei benedictus omni"
Comunicado del obispo de Neuquén a favor de respetar la vida de Marcelo
Comunicado del obispo de Neuquén (Argentina) a favor de respetar la vida de Marcelo
NEUQUÉN, viernes 17 agosto 2012 (ZENIT.org).- “Estamos frente al misterio de la vida de un hermano de la que no puede ser dueño ni administrador absoluto una tercera persona”, expresa en un comunicado el obispo de Neuquén, monseñor Virginio Domingo Bressanelli, quien es, además, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Se refiere al caso de Marcelo Díez, en estado vegetativo desde hace 17 años para el que el fiscal ha pedido “muerte digna” a instancias de los familiares que solicitaron que no le realicen tratamientos y le retiren la alimentación.
Marcelo Diez, un hombre joven (45 años), sufrió en 1994 un accidente de tráfico yendo en moto. Lo internaron en el hospital de Neuquén con politraumatismos, pero una infección intrahospitalaria le afectó el cerebro y lo sumergió en un estado vegetativo persistente en el que se halla desde hace 17 años.
Actualmente está internado en la Casa de Salud de LUNCEC (Lucha Neuquina contra el Cáncer), de la ciudad de Neuquén, donde se lo asiste asegurándole, dentro de este doloroso cuadro, el cuidado básico y ordinario que le garantiza en la medida de lo posible su calidad de vida.
Hace unos meses sus hermanas pidieron que no le realicen tratamientos y le retiren la alimentación pero la justicia no lo permitió.
Ahora, con la sanción de la ley denominada de “muerte digna”, el fiscal José Gerez argumentó que la normativa brinda un marco legal que ampara en la toma de decisiones a los médicos y los familiares de las personas que se encuentran en estado de salud irreversible, y como la ley está vigente, merece ser cumplida, por lo que pidió “muerte digna” para el joven Marcelo Díez.
En relación a este caso, el obispo de Neuquén, monseñor Virginio D. Bressanelli SCJ dio a conocer este 15 de agosto un comunicado titulado “Derecho a una asistencia básica” cuyo texto reproducimos a continuación:
“Frente a lo mucho que se dice, se escribe y se debate acerca de Marcelo Diez, siendo que hay quienes, sosteniendo distintas posturas, han recurrido incluso a la Doctrina de la Iglesia, es mi deber comunicar a la Comunidad Cristiana y a los habitantes de Neuquén lo que me compete desde mi servicio pastoral y desde mi conocimiento del caso.
Dentro de un estado de inconciencia persistente, Marcelo goza de una salud física estable. No está conectado a nada. No es un enfermo terminal. No está sometido a terapia alguna, por lo tanto no se practica sobre él un ensañamiento terapéutico que le prolongue artificialmente la vida. No manifiesta tampoco estar sometido a algún dolor físico, psicológico o espiritual.
Presenta reacciones mínimas. No se sabe si oye o que grado de conciencia tenga de sí mismo y de la realidad circundante. Configura, más bien, un cuadro de alta discapacidad. Todo esto nos ubica frente al misterio de la vida de un hermano de la que no puede ser dueño ni administrador absoluto una tercera persona.
A Marcelo se le garantiza solamente alimentación e hidratación enteral, y el confort básico que le asegure, dentro de su cuadro, la calidad de vida digna que merece todo ser humano (higiene, afecto, atención espiritual). No vive postrado en cama; cada día se lo levanta, se lo pone en silla de ruedas, se lo hace participar de los espacios comunitarios, se le habla, se le pasa música. Sus reacciones se leen en su rostro, que se ilumina al escuchar música, o que manifiesta cansancio cuando algo lo aturde.
No se le brinda ningún medio desproporcionado o extraordinario, sino solo lo básico que se brinda a cualquier persona que sufre una discapacidad que le impida autosatisfacer las propias necesidades.
Desde el punto de vista humano es una vida que hemos de respetar, cuidar y sostener hasta que su estado se revierta, como esperaban sus padres, o hasta que su curso se cierre naturalmente.
Quitarle las atenciones que hoy se le brindan lo condenaría a una muerte atroz. Eso configuraría una eutanasia por omisión y un delito por abandono de persona.
No podemos negar que se trata de una situación delicada y compleja. Tampoco podemos desconocer el sufrimiento de las personas que lo quieren y que apuestan a su recuperación. Nos sentirnos solidarios con ellos. Estamos sin embargo frente al desafío de tener que aceptar con valentía nuestras limitaciones, y de seguir apostando por una vida de la que no somos dueños ni administradores absolutos. Es una de las tantas vidas que reclama la entrega generosa de personas que la cuiden y de una sociedad que la respete.
Como hombres y mujeres que amamos la vida y que creemos en el Dios de la vida, debemos reconocer que este es un misterio que nos sobrepasa. Hay situaciones que no podemos manejar, ni en las que podemos aportar soluciones o mejoras significativas. En esos casos nos queda algo que califica y dignifica a todos: redoblar nuestra capacidad de amor, resignar con humildad nuestro afán de omnipotencia y brindar al hermano necesitado lo que esté a nuestro alcance, confiando en Dios Padre providente que, aún en estos casos, está realizando un designio de amor para el bien de muchos”.
Pan y vino de vida eterna
Pan y vino de vida eterna
Comentario al evangelio del Domingo 20° del T.O./B
ROMA, viernes 17 agosto 2012 (ZENIT.org).-Ofrecemos el comentario al evangelio del domingo por el padre Jesús Álvarez, paulino.
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Jesús Álvarez, SSP
“Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo les voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»” (Juan 6, 51-59).
Las palabras de Jesús sobre el Pan de Vida eterna resultan inaceptables para la mayoría de sus oyentes. Por eso lo abandonan, menos los Doce. Y Jesús los interpela también a ellos, poniéndolos con firmeza ante la alternativa de creerle o de irse.
Mientras Jesús hace curaciones, multiplica y reparte alimentos, todos lo admiran y quieren estar a su lado. Pero aceptar la oferta del Pan espiritual de Vida eterna, que vale infinitamente más, compromete sus seguridades, sus costumbres y su misma religión de ritos externos, sin compromiso de vida.
¿Han cambiado las cosas? ¡Cuántas veces se comulga la hostia!, pero no se comulga con Cristo Resucitado presente en la hostia, en su Palabra, en el prójimo, en la vida cotidiana, en el hogar, en el sufrimiento, en las alegrías, en el trabajo, e incluso en la oración.
Así Jesús resulta un “don nadie”, excluido de la vida… Y entonces no se pueden cumplir sus promesas: “Quien coma de este pan, vivirá para siempre”, “Quien come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí yo en él”. La promesa de Jesús de identificarse con nosotros mediante la Comunión, se hace una realidad tan maravillosa, misteriosa y feliz, que hasta se nos puede volver increíble, inaceptable. Y así es humanamente. Mas para el Amor omnipotente de Dios, nada hay imposible.
Dos preguntas para llegar predispuestos a la proclamación de este evangelio dominical:¿Me contento con recibir la hostia, sin interés alguno de estar con Cristo, amarlo, imitarlo? ¿Me uno a Él, que se hace presente en mi persona, le dirijo la palabra y lo escucho?
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