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25 marzo 2017

Masculino o femenino, ¿Una construcción social?

El Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia junto a otras entidades como FCAPA, Colegios Diocesanos, Escuelas Católicas y otras instituciones, ha editado un vídeo, desde el más profundo respeto, dirigido a valorar la transexualidad y más específicamente la Ley que la Comunidad Valenciana está elaborando.

REFERENCIAS DE LOS ARTÍCULOS CIENTÍFICOS QUE SE MENCIONAN EN EL VÍDEO “MASCULINO O FEMENINO”:

Cohen-Kettenis, P., Delemarre-van de Waal, H., & Gooren, L. (2008). The treatment of adolescent transsexuals: changing insights. J Sex Med, 5, 1892-7.
Steensma, T., McGuire, J., Kreukels, B., & et, a. (2013). Factors associated with desistence and persistence of childhood gender dysphoria: aquantitative follow-up study. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry, 52, 582-90.
Steensma, T., Biemond, R., de Boer, F., & et al. (2011). Desisting and persisting gender dysphoria after childhood: a qualitative follow-up study. Clin Child Psychol Psychiatry, 16, 499-516.
Kreukels, B., & Cohen-Kettenis, P. (2011). Puberty suppression in gender identity disorder: the Amsterdam experience. Nature Reviews Endocrinology, 7, 466-72.

21 marzo 2017

El Santo Sepulcro restaurado vuelve a ser lugar de oración ecuménica



Entrevista con el Custodio de Tierra Santa, a una semana de la celebración para agradecer las obras realizadas, prevista para el 22 de marzo
Santo Sepulcro, un viaje 3D atrás en el tiempo
La restauración del recinto donde se encuentra en el Santo Sepulcro de Jerusalén, el lugar de la tumba de Cristo y sitio más importante para toda la cristiandad, ha tardado casi un año, bajo la dirección de Antonia Moropoulou, profesora de la National Technical University de Atenas, quien se ocupó de coordinar un equipo de 30 colegas de diferentes departamentos del NTUA, con la asesoría del arquitecto Osama Hamdan y del profesor fray Eugenio Alliata, historiador y arqueólogo.
La restauración, que concluye estos días, ha sido posible gracias a una serie de ayudas por parte, en primer lugar, de las confesiones cristianas de Tierra Santa (católica, greco-ortodoxa y armenia), a las que se sumaron fondos públicos, como la administración griega o el Fondo Mundial para la Conservación de Monumentos, y muchos otros benefactores, entre los que se cuenta el rey Abdallah de Jordania. 
Fue necesario intervenir debido a alteraciones de diferentes tipos, para consolidar los bloques de mármol y la estructura (construida en el año 324 por el emperador Constantino) que durante los siglos ha resistido a diferentes ataques (en el 614 y el saqueo de 1009). Tras su destrucción por un incendio en 1808, fue reconstruida en 1810 en su forma actual, con estilo barroco-otomano, y resistió al terremoto de 1927 (de 6,2 grados de magnitud), pero su avanzado estado de degradación, a pesar de los tirantes que instalaron los británicos en 1947, hizo impostergable la decisión. Desde 1009 los Cruzados llevaron a cabo obras significativas que le dieron a toda la basílica (como el pavimento) el aspecto románico todavía apreciable, mientras que en 1555 los franciscanos llevaron a cabo una imponente obra de restauración. 
Durante las últimas restauraciones no faltaron momentos de gran emoción, como sucedió en octubre con la apertura del lecho fúnebre cuando se levantó la placa que, con toda probabilidad, colocaron los Cruzados en 1009: la «tumba de Cristo vivo». Desde entonces, el banco de roca sobre el que fue colocado el cuerpo de Jesús fue descubierto por primera vez en 1555, un hecho descrito en una carta de Bonifacio de Ragusa, entonces Custodio de la Tierra Santa: «Se ofreció a nuestros ojos el sepulcro del Señor... En el centro del lugar santo encontramos un pedazo de madera, que allí había sido depositado envuelto en un paño precioso».
Ahora, después de haber quitado los últimos apoyos, el lugar físico de la sepultura del Señor y de su Resurrección volverá a ser lugar de oración a partir del próximo 22 de marzo, aniversario de la firma del acuerdo con el que comenzaron los trabajos de las tres comunidades religiosas, y se prevé una celebración ecuménica de acción de gracias. 
Hemos hablado con el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, a pocos días de que regresara a la isla de Rodas, donde participó, con líderes de otras comunidades religiosas, en las celebraciones por los 70 años de la anexión del Dodecaneso a Grecia, tierra en donde los Frailes de la Custodia tienen presencia desde 1972. Allí, Patton pudo presentar la conclusión de las obras de restauración. 
¿Cómo ha vivido y cómo vive este momento la comunidad cristiana local?  
Diría que lo vive con gran esperanza, porque este es el lugar símbolo de la identidad cristiana de Jerusalén que, junto a la identidad judía y la identidad musulmana, concurre para representar la vocación universal de esta ciudad. En este tiempo de Cuaresma, y después en el tiempo de Pascua, el Santo Sepulcro se convertirá en el verdadero centro de la vida de la comunidad cristiana local, y también de todo el mundo, porque en esos días llegan a Jerusalén cristianos de todas partes de Tierra Santa y de todo el mundo.
Además, este año, por feliz coincidencia, todos celebramos la Pascua en la misma fecha y así se puede apreciar mucho más la riqueza de los ritos y de las liturgias, de las liturgias católicas de la Pasión y de las Orientales cuyo momento más sugestivo es cuando el Sábado Santo, justamente desde el Sepulcro restaurado, surgirá el Fuego Santo, símbolo del Cristo resucitado, e iluminará toda la Basílica. En lo personal, espero que esta unidad de la fecha de la Pascua, que este año se debe a la coincidencia de los calendarios Juliano y Gregoriano, en el futuro pueda ser esperada y convertirse en un pequeño paso hacia la plena unidad. 
¿Qué valor asume la restauración desde el punto de vista ecuménico, interreligioso e incluso político, teniendo en cuenta las diferentes proveniencias de las ayudas?  
Diría que el valor es, principalmente, de tipo ecuménico, porque la fase de preparación del acuerdo que llevó a la obra misma, es decir hasta el 22 de marzo de 2016, fue un ejercicio de diálogo constante entre el Patriarca greco-ortodoxo Theophilos III, mi predecesor como Custodio de la Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa (ahora administrados apostólico del Patriarcado latino de Jerusalén) y el Patriarca Armeno Nourhan Manougian.
Y durante este año dedicado a los trabajos de restauración, el diálogo ha continuado, porque nos encontramos periódicamente para ser informados sobre el avance de las obras y para tomar eventuales decisiones compartidas. Si surgían problemas, tratábamos, obviamente, de resolverlos de común acuerdo. Como dije hace poco, el trabajo en el Santo Sepulcro, además del valor de haber restaurado el santuario más importante de la cristiandad, que custodia la memoria de la Resurrección del Señor Jesús, tiene un valor simbólico añadido, porque es el signo de un importante trabajo de consolidación, restauración y rehabilitación que tiene que ver con las relaciones entre nuestras comunidades cristianas. 
Desde el punto de vista interreligioso, este trabajo tiene el valor de contribuir a recordar que la comunidad cristiana, a pesar de ser pequeña, es un elemento irrenunciable de esta tierra y es un elemento que, en todo caso, representa también una parte significativa para el mundo entero, debido a la difusión del cristianismo a nivel planetario. Desde el punto de vista político, el lugar es delicado porque se encuentra, de hecho, en una ciudad en la que diferentes sujetos tienen que dialogar: Israel, Palestina, Jordania y la misma comunidad internacional que tutela el llamado Status Quo, es decir los derechos de propiedad y de uso de las comunidades greco-ortodoxas, católico latina y armenia. El 22 de marzo deberían estar presentes representantes de estas realidades políticas y esperamos que otros eventos como este puedan contribuir a ese diálogo que −como nos han recordado constantemente los Papas que se han sucedido en el último siglo− es la vía hacia la paz. 
¿Qué significa para los frailes de la Custodia y para el Custodio esta restauración?  
Para mí ha significado participar en una iniciativa absolutamente única, y poder dar una pequeña contribución al diálogo. Hace pocos días, por ejemplo, estuvimos juntos en Rodas para presentar a la comunidad griega de la isla estas obras, y fue una experiencia muy significativa y muy bonita: viajamos juntos griegos, católicos y armenios, comimos juntos, participamos juntos en momentos públicos civiles y religiosos, y experimentamos una acogida cordial y calurosa por parte de las autoridades locales, tanto civiles como religiosas, y también de la gente.
En ocasiones como esta me doy cuenta de que se trata de ponerse en diálogo, con el corazón abierto y sin prejuicios, porque todos, al final, queremos lo mismo, es decir, llegar a manifestar un día la unidad del Cuerpo de Cristo incluso en la variedad de ritos, que corresponde a la legítima variedad de las culturas en las que la misma fe se ha encarnado. Para todos los cristianos, este lugar es absolutamente el más importante. Para nosotros los frailes, tiene un significado afectivo que se relaciona con la historia de nuestra presencia.
El mismo san Francisco, en una de sus cartas, recuerda la veneración por el sepulcro, debido a que el cuerpo del Señor Jesús yació en él durante algún tiempo. Los primeros frailes que llegaron aquí en 1217 trataron, antes que nada, de poder rezar en este lugar, y, durante el breve periodo en el que fueron expulsados de Tierra Santa, después de la caída del Reino Latino, entre 1291 y 1233, viajaban por barco desde Chipre para poder rezar en este lugar. Uno de los fundadores del Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén, el padre Virgilio Corbo (1918-1991), hace unos 50 años, condujo y después documentó excavaciones arqueológicas muy importantes justamente en la zona del Santo Sepulcro, y este trabajo facilitó también los estudios preliminares para las obras de restauración que se han hecho en este año.
Además, nuestra comunidad franciscana que se ocupa del Santuario vive dentro de la Basílica del Santo Sepulcro, y es un privilegio único poder vivir y prestar servicio en el lugar que vio la victoria de Cristo sobre la muerte, por lo que llevar a cabo obras de restauración en este lugar, para nosotros, tiene, además de un valor práctico, un extraordinario valor afectivo. 
¿Cuáles perspectivas hay para el futuro de otros lugares santos? Por ejemplo, la Iglesia de la Natividad, que está en fase de restauración, o la de la Ascensión, que ha sufrido daños recientemente...  
En relación con el Santo Sepulcro, la perspectiva es la de insistir mientras el asunto está fresco, por lo que estamos dialogando con las otras dos comunidades titulares del Status Quo para llegar a suscribir un nuevo acuerdo que, en el respeto de los derechos de las tres comunidades, permita poner en marcha una segunda fase de trabajos de restauración, en el pavimento que rodea al Sepulcro y en el que está debajo de él, para poder resolver otros problemas relacionados principalmente con la humedad y con las estructuras que se encuentran bajo el pavimento. La Basílica de la Natividad de Belén está en buen momento: se trata de una restauración de elevadísima calidad que ha permitido descubrir nuevos mosaicos, pero todavía no se ha terminado y también será necesario negociar para un nuevo acuerdo y poder restaurar la gruta de la Natividad. 
En relación con el santuario de la Ascensión de Jesús, sobre el Monte de los Olivos, lo que sé es lo que se puede encontrar en internet, es decir que se trató de una disputa entre dos familias por la gestión del santuario, que es propiedad de los musulmanes, aunque nosotros, gracias a la disciplina del Status Quo, celebramos allí en ocasión de la solemnidad de la Ascensión. Pero los trabajos de restauración de la Gruta de la Anunciación de Nazaret, que tiene serios problemas de humedad, requerirá dentro de poco obras en el cuerpo de la basílica que fue hecho hace medio siglo. Si se tiene en cuenta que la Custodia se ocupa de alrededor de 50 santuarios, se comprende fácilmente que los trabajos de manutención deben ser constantes. Por no hablar de los trabajos relacionados más con el compromiso social de la Custodia, como, por ejemplo, las escuelas y las casas que se ponen a disposición de los cristianos locales para facilitar su permanencia en esta tierra. 
¿Los datos de peregrinos parecen indicar un resultado positivo?  
En los últimos meses hemos registrado, efectivamente, una vuelta de peregrinos, sobre todo a partir de octubre. Sabemos que están disminuyendo los peregrinos europeos, mientras que aumentan los que provienen de Estados Unidos y de Asia, sobre todo de China e Indonesia, y que comienzan a crecer también los peregrinos de África. Nosotros siempre recordamos que los peregrinos no deben tener miedo de venir a Tierra Santa, porque son bien recibidos y respetados por todos. Además, los peregrinajes son una manera concreta de apoyar, también económicamente, a la pequeña comunidad local. Pero la peregrinación le hace bien principalmente a quien la hace, porque es una ocasión para volver a encender la propia fe en contacto con los lugares de nuestra redención, que Papa Pablo VI llamaba, y no por casualidad, «el Quinto Evangelio». 
Entrevista de María Teresa Pontara, en lastampa.it/vaticaninsider.es.
Traducción de Luis Montoya.

18 marzo 2017

La novedad en Cristo

La novedad en Cristo
Dios se ha hecho hombre para darnos la vida eterna, pero también para hacernos felices en la vida terrena. Este ensayo es una reflexión sobre las implicaciones que tiene para el cristiano la venida de Cristo a la Tierra.
pus Dei - La novedad en Cristo
"La novedad en Cristo", artículo escrito por P. O'Callaghan.
El sentido de novedad recorre todo el Evangelio, desde la Anunciación a la Virgen María hasta la Resurrección del Señor. El Nuevo Testamento habla en mil modos diversos de un nuevo comienzo para la humanidad. La misma palabra “evangelio” quiere decir justo eso: la “buena noticia”. Desde el arranque de su ministerio público, Cristo anuncia abiertamente el cumplimiento de los tiempos y la venida del Reino de Dios: el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio.

Pero esto no significa que el Señor quiera cambiar todo. No es un revolucionario o un iluminado. De hecho, por ejemplo, para hablar de la indisolubilidad del matrimonio, toma como punto de partida lo que Dios hizo en el origen, cuando creó a la mujer y al hombre. Por eso declaró: no penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud; y, en repetidas ocasiones, conminó a los discípulos a que cumplieran fielmente los mandamientos que Moisés había comunicado al pueblo de parte de Dios.

Y sin embargo, en la predicación del Señor hay, sin duda, un aire nuevo, liberador. Por una parte, la doctrina de Jesús desarrolla elementos ya presentes en el Antiguo Testamento, como son la rectitud de intención, el perdón, o la necesidad de amar a todos los hombres sin restricción, en particular a los pobres y a los pecadores. En Cristo se da cumplimiento a las antiguas promesas que Dios hizo a los profetas. Por otra parte, la llamada del Señor se dirige de modo radical y perentorio no a un pueblo, sino a todos los hombres, a los que llama uno por uno.
La novedad de la presencia y actuación de Jesucristo se percibe también de otro modo, desconcertante a primera vista: muchos hombres lo rechazan. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron, dice San Juan. Ese rechazo de parte de los hombres pone todavía más de relieve, si es posible, lo incondicional de la entrega y de la caridad del Señor hacia la humanidad. Además, este rechazo lo llevó derechamente a su muerte en la Cruz, libremente abrazada, sacrificio único y definitivo, fuente salvífica para todos los hombres.

Pero Dios fue fiel a su promesa, y la potencia del mal no pudo apagar la entrega divina de Jesús, como manifestó la Resurrección. La fuerza salvífica que Dios introdujo en el mundo por la Encarnación de su Hijo, y sobre todo por su Resurrección, es la novedad absoluta, universal y permanente. Esto se aprecia desde el inicio de la predicación apostólica: con alegría desbordante, los apóstoles proclamaron por toda Judea, por el Imperio Romano y por el mundo entero que Jesús había resucitado; que el mundo podía cambiar, que cada mujer, cada hombre podían cambiar; que ya no estábamos sometidos a la ley del pecado y de la muerte eterna. Cristo, asentado a la derecha del Padre, dice: mira, hago nuevas todas las cosas. En Cristo, Dios ha tomado de un modo nuevo las riendas del mundo y de la historia humana, sumidos en el pecado, para llevarlos a su realización plena. A pesar de todas la dificultades que los cristianos de la primera hora tuvieron, miraban al futuro con esperanza y optimismo. Y contagiaban sin cesar su fe entre todas las personas que tenían alrededor.

La novedad de la vida eterna después de la muerte
En el mundo pagano era común considerar el futuro como una simple réplica del pasado. El cosmos existía desde siempre y, dentro de grandes mutaciones cíclicas, perduraría para siempre. Según el mito del eterno retorno, todo lo que tuvo lugar ayer, volvería en el futuro. En este contexto antropológico-religioso, el hombre sólo podía salvarse escapando de la materia, en una especie de éxtasis espiritual separado de la carne; o viviendo en este mundo, como decía San Pablo, sin miedo ni esperanza. En los primeros siglos del cristianismo, los paganos siguen una ética más o menos recta; creen en Dios o en los dioses y les dirigen un culto asiduo, en búsqueda de protección y consuelo; pero les falta la esperanza cierta de un futuro feliz. La muerte era un puro truncamiento, un sinsentido.
Por otra parte, la voluntad de vivir para siempre es profunda en el hombre, como manifiestan los filósofos, los literatos, los artistas, los poetas y, de modo eminente, los que se aman. El hombre ansía perdurar; y tal deseo se manifiesta de múltiples modos: en los proyectos humanos, en la voluntad de tener hijos, en el deseo de influir sobre la vida de otras personas, de ser reconocido y recordado; en todo esto, se puede adivinar la tensión humana hacia la eternidad. Hay quien piensa en la inmortalidad del alma; hay quien entiende la inmortalidad como reencarnación; hay, en fin, quien ante el hecho cierto de la muerte decide poner todos los medios para conseguir el bienestar material o el reconocimiento social: bienes que nunca serán suficientes, porque no sacian, porque no dependen sólo de la propia voluntad. En esto el cristiano es realista, pues sabe que la muerte es el término de todos los sueños vanos del hombre.
En medio del dilema de la muerte y de la inmortalidad, el poder recreador de Dios se hace presente en la vida, pasión y resurrección de Jesucristo. El fiel cristiano, unido con Él por el Bautismo y los demás sacramentos, reproduce los hitos principales del paso del Señor por la tierra. Como escribe San Pablo a los romanos, fuimos sepultados juntamente con él mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva. Porque si hemos sido injertados en él con una muerte como la suya, también lo seremos con una resurrección como la suya .
En efecto, el cristiano tiene la certeza de que Dios le ha dado la vida creándolo a su imagen y semejanza. Sabe que cuando experimenta la angustia de la muerte que se acerca, Cristo actúa en él, convirtiendo sus penas y su muerte en fuerza corredentora. Y está seguro de que el mismo Jesús, al que ha servido, imitado y amado, le recibirá en el Cielo, llenándolo de gloria después de su muerte. La grande y gozosa verdad de la fe cristiana es que, por la fe en Cristo, el hombre puede superar con creces al último enemigo, la muerte, abriéndose a la visión perpetua de Dios y a la resurrección del cuerpo al final de los tiempos, cuando todas las cosas se hayan cumplido en Cristo.
La vida no termina aquí; estamos seguros de que el sacrificio escondido y la entrega generosa tienen un sentido y un premio que, por la misericordia magnánima de Dios, van más allá de lo que el hombre podría esperar con las propias fuerzas. Si alguna vez te intranquiliza el pensamiento de nuestra hermana la muerte, porque ¡te ves tan poca cosa!, anímate y considera: ¿qué será ese Cielo que nos espera, cuando toda la hermosura y la grandeza, toda la felicidad y el Amor infinitos de Dios se viertan en el pobre vaso de barro que es la criatura humana, y la sacien eternamente, siempre con la novedad de una dicha nueva?.
Los novísimos empiezan de algún modo en la tierra
Aunque es cierto que la novedad cristiana se refiere principalmente a la otra vida, al más allá, la Iglesia enseña que la novedad de la Resurrección de Cristo ya está presente, de algún modo, en la tierra. Por más que dure el universo tal como lo conocemos, estamos ya “en los últimos tiempos”, seguros de que el mundo ha sido redimido, pues Cristo ha derrotado el pecado, la muerte, al demonio.
El Reino de Dios está ya en medio de vosotros; en medio no sólo como una presencia externa, sino también como dentro del creyente, en el alma en gracia, con una presencia real, actual, eficaz, aunque todavía no del todo visible y completa. «La plenitud de los tiempos ha llegado, pues, hasta nosotros (cfr. 1 Cor 10, 11), y la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y empieza a realizarse en cierto modo en el siglo presente, ya que la Iglesia, aun en la tierra, se reviste de una verdadera, si bien imperfecta, santidad (...). Somos llamados hijos de Dios y lo somos de verdad (cfr. 1 Jn 3, 1); pero todavía no hemos sido manifestados con Cristo en aquella gloria (cfr. Col 3, 4), en la que seremos semejantes a Dios, porque lo veremos tal cual es (cfr. 1 Jn 3, 2)».
La Iglesia es depositaria en la tierra de esa presencia por adelantado del Reino de Dios; camina como peregrina en la tierra, pero todo el poder salvífico de Dios actúa ya de algún modo en el siglo presente, por medio de la Palabra revelada y de los sacramentos, especialmente la Eucaristía; poder salvífico que se manifiesta también en la vida santa de los cristianos, que viven en el mundo, sin ser del mundo. El cristiano es, ante el mundo y en el mundo, alter Christus, ipse Christus, otro Cristo, el mismo Cristo: se establece así una cierta polaridad en la vida de la Iglesia y de cada creyente entre el ya y el todavía no, entre el momento presente –ocasión de acoger la gracia– y la plenitud final; tensión que tiene muchas consecuencias para la vida del cristiano y para la comprensión del mundo.
Esta realidad confirma la distinción que existe entre el orden natural y el orden sobrenatural. La vida sobrenatural, basada en la fe y en la gracia de Dios, se inserta en el alma del cristiano, aunque no haya informado plenamente todos los aspectos de su existencia. El cristiano vive metido en Dios y para Dios, y se esfuerza por comunicar los bienes divinos a los demás hombres. En la vida futura, la gracia, o vida sobrenatural, se convertirá en gloria, y el hombre alcanzará una inmortalidad completa en la resurrección de los muertos. En la vida presente, en cambio, aunque esté perfeccionada por la gracia, la existencia humana posee leyes propias, que han de aplicarse en los distintos ámbitos: personal, familiar, social y político. La vida sobrenatural acoge, perfecciona y lleva a plenitud la naturaleza, sin anularla ni sustituirla.
Otra consecuencia de la tensión entre el ya y el todavía no se expresa en la noción cristiana del tiempo y de la historia. Para el pensamiento pagano, casi siempre fatalista, los eventos de la historia estaban previstos y determinados de antemano por el fatum, el destino. El tiempo pasaba intocable e impertérrito, como espectador mudo y pasivo, enmarcando el curso de la historia. Pero el tiempo cristiano no es sólo tiempo que pasa; es espacio creado por Dios para crecimiento y progreso, para la historia y la redención. Dios actúa con su Providencia en el tiempo, para llevar el mundo y la historia hacia su plenitud.
El Señor ha querido contar con la respuesta inteligente y libre de los hombres, con las oraciones de los santos y las buenas acciones de muchos, para influir en el curso de los eventos. Como imagen suya, los hombres pueden cambiar la historia: en unos casos para mal, como ocurrió con el pecado de Adán y Eva; pero sobre todo de un modo positivo, participando activamente en la realización del designio divino, precisamente porque el evento más relevante y eficaz, el que dio a la historia del mundo el viraje más radical, fue la Encarnación del Hijo de Dios. Por eso, la colaboración humana más profunda y duradera en los planes divinos para cambiar el curso de la historia ha sido llevada a cabo por la Virgen, cuando acogió con un decidido fiat! al Hijo de Dios en su seno.

Los cristianos viven en el mundo conscientes de los pecados propios y ajenos, pero convencidos de que el mejor modo de aprovechar el tiempo es servir a Dios, para mejorar el mundo que nos ha confiado. De algún modo, el tiempo es plasmado por el hombre, es humanizado. La tensión escatológica se hace patente en la Providencia divina, siempre presente en la vida de la Iglesia y de cada cristiano. «La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada “en estado de vía”, hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección». El Señor no ha hecho todo, hasta el último detalle, desde el inicio. Poco a poco, contando con la inteligente y perseverante colaboración de las criaturas, va acercando a todas y cada una de ellas hacia su fin. Como hemos visto, el poder salvífico de Dios normalmente se hace presente en la vida del hombre de forma escondida e interior; de manera similar, la Providencia divina obra suave y ordinariamente, no sólo en los grandes eventos, sino también en los que, en apariencia, son más pequeños. Por eso el Señor invita a la plena confianza: así pues, no andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán.

Dios –explicaba san Josemaría–, que es la hermosura, la grandeza, la sabiduría, nos anuncia que somos suyos, que hemos sido escogidos como término de su amor infinito. Hace falta una recia vida de fe para no desvirtuar esta maravilla, que la Providencia divina pone en nuestras manos. Fe como la de los Reyes Magos: la convicción de que ni el desierto, ni las tempestades, ni la tranquilidad de los oasis nos impedirán llegar a la meta del Belén eterno: la vida definitiva con Dios.

Desde el inicio de su existencia terrena, el Señor llenó a la que sería la Madre de su Hijo con una extraordinaria abundancia de dones, humanos y sobrenaturales. Concebida sin pecado original, Ella era la llena de gracia. Durante su vida, en medio de un sinfín de pruebas y oscuridades, vivió heroicamente la fe, fortaleciendo con su ejemplo a los primeros discípulos. Al final de su vida, exenta de cualquier pecado, fue asunta al cielo en cuerpo y alma, participando para siempre, como Reina de los Ángeles y de toda la creación, en la gloria del Señor. En Ella se ha verificado plenamente la promesa divina de llevar a los hombres a la gloria. Por eso, la Virgen es para cada hombre spes nostra, faro que nos ilumina y causa de nuestra esperanza.

Autor: P. O'Callaghan
[1] Mc 1, 15.
[2] Cfr. Mt 19, 3-9; Gn 2, 24.
[3] Mt 5, 17.
[4] Jn 1, 11.
[5] Ap 21, 5.
[6] Cfr. 1 Ts 4, 13; Ef 2, 12.
[7] Rm 6, 4-5.
[8] Cfr. Gn 1, 27.
[9] 1 Cor 15, 26.
[10] Surco, n. 891.
[11] Lc 17, 21.
[12] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 48.
[13] Cfr. Jn 17, 14.
[14] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 302.
[15] Mt 6, 31-33.
[16] Es Cristo que pasa, n. 32.
[17] Lc 1, 28.

24 diciembre 2016

En directo desde el Vaticano.

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Mensaje del Papa Francisco en las redes sociales:

El Señor se hace hombre para caminar con nosotros en la vida de cada dia.

03 diciembre 2016

La maternidad subrogada, contraria a la ética y al derecho.

La maternidad subrogada, contraria a la ética y al derecho

La Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI) acaba de celebrar su Jornada Anual, bajo el título “Maternidad subrogada: revisión ético-legal”. En ella han participado diversos especialistas que han analizado este fenómeno desde diferentes perspectivas. Nicolás Jouve de la Barreda, catedrático de Genética, abordó el problema desde la biomedicina. Ángela Aparisi Miralles, catedrática de Filosofía del Derecho, se centró en la influencia de los vientres de alquiler en la dignidad de la mujer. José López Guzmán, profesor de Humanidades Farmacéuticas, disertó sobre la dimensión económica de la subrogación. Por último, Marta Albert Márquez, profesora de Filosofía del Derecho, analizó las tendencias actuales en la regulación de esta práctica.
Tras una mesa redonda y un coloquio posterior, los participantes acordaron algunas conclusiones, que han sido aprobadas por la junta directiva de AEBI. La primera de ellas condena la maternidad subrogada por considerarla contraria a la dignidad de la mujer. Las madres –explica el documento– son presionadas psicológicamente para no generar ningún vínculo afectivo con el bebé en gestación, o para suprimirlo si se produce. Por otro lado, una vez finalizado el proceso, la otra parte frecuentemente se desentiende de su salud emocional y de los posibles traumas ocasionados.
Otra de las conclusiones destaca el carácter lucrativo de esta práctica, en el que una pareja habitualmente adinerada (junto con una serie de intermediarios, como centros clínicos o bufetes especializados) se aprovecha de la situación de indefensión de la gestante. Esta injusticia muchas veces es permitida o fomentada por Estados indiferentes o legislaciones deliberadamente laxas.
Los últimos puntos del documento de conclusiones se refieren a los aspectos legales de la maternidad subrogada. Los firmantes señalan, en primer lugar, que no existe un “derecho al hijo” que pueda justificar esta práctica, por muy loables que sean las intenciones. No obstante, aunque el ordenamiento español considera nulos los contratos de vientres de alquiler, sí regula la situación de los nacidos por este procedimiento, para respetar el superior interés del menor.
Por otro lado, las conclusiones explican que una cosa es que la justicia dé solución a los casos ya sucedidos, y otra muy distinta que el legislador tenga que suponer en esas resoluciones una justificación para legalizar un fenómeno de por sí ilícito: “Es un grave error, por ello, confundir ambos planos de actuación, y demandar una regulación legal de la maternidad subrogada”.