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14 marzo 2007

Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios

P. Raniero Cantalamessa
“BIENAVENTURADOS LOS PUROS DE CORAZÓN PORQUE VERÁN A DIOS”

Primera predicación de Cuaresma



1. De la pureza ritual a la pureza de corazón

Continuando con nuestra reflexión sobre las bienaventuranzas evangélicas iniciada en Adviento, en esta primera meditación de Cuaresma queremos reflexionar sobre la bienaventuranza de los limpios de corazón. Cualquiera que lee u oye proclamar hoy: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios», piensa instintivamente en la virtud de la pureza, casi la bienaventuranza es el equivalente positivo e interiorizado del sexto mandamiento: «No cometerás actos impuros». Esta interpretación, planteada esporádicamente en el curso de la historia de la espiritualidad cristiana, se hizo predominante a partir del siglo XIX.

En realidad, la pureza de corazón no indica, en el pensamiento de Cristo, una virtud particular, sino una cualidad que debe acompañar todas las virtudes, a fin de que ellas sean de verdad virtudes y no en cambio «espléndidos vicios». Su contrario más directo no es la impureza, sino la hipocresía. Un poco de exégesis y de historia nos ayudarán a comprenderlo mejor.

Qué entiende Jesús por «pureza de corazón» se deduce claramente del contexto del sermón de la montaña. Según el Evangelio lo que decide la pureza o impureza de una acción –sea ésta la limosna, el ayuno o la oración- es la intención: esto es, si se realiza para ser vistos por los hombres o por agradar a Dios:

«Cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6, 2-6).

La hipocresía es el pecado denunciado con más fuerza por Dios a lo largo de toda la Biblia y el motivo es claro. Con ella el hombre rebaja a Dios, le pone en el segundo lugar, situando en el primero a las criaturas, al público. «El hombre mira la apariencia, el Señor mira el corazón» (1 S 16, 7): cultivar la apariencia más que el corazón significa dar más importancia al hombre que a Dios.

La hipocresía es por lo tanto, esencialmente, falta de fe; pero es también falta de caridad hacia el prójimo, en el sentido de que tiende a reducir a las personas a admiradores. No les reconoce una dignidad propia, sino que las ve sólo en función de la propia imagen.

El juicio de Cristo sobre la hipocresía no tiene vuelta de hoja: Receperunt mercedem suam: ¡ya han recibido su recompensa! Una recompensa, además, ilusoria hasta en el plano humano, porque la gloria, se sabe, huye de quien la sigue y sigue a quien la rehuye.

Ayudan a entender el sentido de la bienaventuranza de los limpios de corazón también las invectivas que Jesús pronuncia respecto a escribas y fariseos, todas centradas en la oposición entre «lo de dentro» y «lo de fuera», el interior y el exterior del hombre:

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad» (Mt 23, 27-28).

La revolución llevada a cabo en este campo por Jesús es de un alcance incalculable. Antes de Él, excepto alguna rara alusión en los profetas y en los salmos (Salmo 24, 3: «¿Quién subirá al monte del Señor? Quien tiene manos inocentes y corazón puro»), la pureza se entendía en sentido ritual y cultual; consistía en mantenerse alejado de cosas, animales, personas o lugares considerados capaces de contagiar negativamente y de separar de la santidad de Dios. Sobre todo aquello que está ligado al nacimiento, a la muerte, a la alimentación y a la sexualidad entra en este ámbito. En formas o con presupuestos distintos, lo mismo ocurría en otras religiones, fuera de la Biblia.

Jesús elimina todos estos tabúes. Ante todo, con los gestos que realiza: come con los pecadores, toca a los leprosos, frecuenta a los paganos: todas cosas consideradas altamente contaminantes; después, con las enseñanzas que imparte. La solemnidad con la que introduce su discurso sobre lo puro y lo impuro permite entender lo consciente que era Él mismo de la novedad de su enseñanza:

«Llamó otra vez a la gente y les dijo: “Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Porque de dentro del corazón de los hombres salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”» (Mc 7, 14-15. 21-23).

«Así declaraba puros todos los alimentos», observa casi con estupor el evangelista (Mc 7, 19). Contra el intento de algunos judeo-cristianos de restablecer la distinción entre puro e impuro en los alimentos y en otros sectores de la vida, la Iglesia apostólica recalcará con fuerza: «Todo es puro para quien es puro», omnia munda mundis (Tt 1, 15; Rm 14, 20).

La pureza, entendida en el sentido de continencia y castidad, no está ausente de la bienaventuranza evangélica (entre las cosas que contaminan el corazón Jesús sitúa también, hemos oído, «fornicaciones, adulterios, libertinaje»); pero ocupa un puesto limitado y por así decirlo «secundario». Es un ámbito junto a otros en el que se pone de relevancia el lugar decisivo que ocupa el «corazón», como cuando dice que «quien mira a una mujer con deseo, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón» (Mt 5, 28).

En realidad, los términos «puro» y «pureza» (katharos, katharotes) nunca se utilizan en el Nuevo Testamento para indicar lo que con ellos entendemos nosotros hoy, esto es, la ausencia de pecados de la carne. Para esto se usan otros términos: dominio de sí (enkrateia), templanza (sophrosyne), castidad (hagneia).

Por cuanto se ha dicho, parece claro que el puro de corazón por excelencia es Jesús mismo. De Él sus propios adversarios se ven obligados a decir: «Sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios» (Mc 12, 14). Jesús podía decir de sí: «Yo no busco mi gloria» (Jn 8, 50).

2. Una mirada a la historia

En la exégesis de los Padres vemos delinearse pronto las tres direcciones fundamentales en las que la bienaventuranza de los puros de corazón será recibida e interpretada en la historia de la espiritualidad cristiana: la moral, la mística y la ascética. La interpretación moral pone el acento en la rectitud de intención, la interpretación mística en la visión de Dios, la ascética en la lucha contra las pasiones de la carne. Las vemos ejemplificadas, respectivamente, en Agustín, Gregorio de Nisa y Juan Crisóstomo.

Ateniéndose fielmente al contexto evangélico, Agustín interpreta la bienaventuranza en clave moral, como rechazo a «practicar la justicia ante los hombres para ser por ellos admirados» (Mt 6, 1), por lo tanto como sencillez y franqueza que se opone a la hipocresía. «Tiene el corazón sencillo, puro -escribe- sólo quien supera las alabanzas humanas y al vivir está atento y busca ser agradable solo a aquél que es el único que escruta la conciencia» [1].

El factor que decide la pureza o no del corazón es aquí la intención. «Todas nuestras acciones son honestas y agradables en la presencia de Dios si se realizan con el corazón sincero, o sea, con la intención hacia lo alto en la finalidad del amor... Por lo tanto no se debe considerar tanto la acción que se realiza, cuanto la intención con que se realiza» [2]. Este modelo interpretativo que hace palanca sobre la intención permanecerá activo en toda la tradición espiritual posterior, especialmente ignaciana [3].

La interpretación mística, que tiene en Gregorio de Nisa su iniciador, explica la bienaventuranza en función de la contemplación. Hay que purificar el propio corazón de todo vínculo con el mundo y con el mal; de este modo, el corazón del hombre volverá a ser aquella pura y límpida imagen de Dios que era al principio y en la propia alma, como en un espejo, la criatura podrá «ver a Dios». «Si, con un tenor de vida diligente y atenta, lavas las fealdades que se han depositado en tu corazón, resplandecerá en ti la divina belleza... Contemplándote a ti mismo, verás en ti a aquél que es el deseo de tu corazón y serás santo» [4].

Aquí el peso está todo en la apódosis, en el fruto prometido a la bienaventuranza; tener el corazón limpio es el medio; el fin es «ver a Dios». Se nota, a nivel de lenguaje, una influencia de la especulación de Plotino, que se hace aún más descubierta en San Basilio [5].

También esta línea interpretativa tendrá continuidad en toda la historia sucesiva de la espiritualidad cristiana que pasa por San Bernardo, San Buenaventura y los místicos renanos [6]. En algunos ambientes monásticos se añade, en cambio, una idea nueva e interesante: la de la pureza como unificación interior que se obtiene deseando una cosa sola, cuando esta «cosa» es Dios. Escribe San Bernardo: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios. Como si dijera: purifica el corazón, sepárate de todo, sé monje, sólo, busca una cosa sola del Señor y persíguela (Sal 27, 4), libérate de todo y verás a Dios (Sal 46, 11)» [7].

Bastante aislada está en cambio, en los Padres y en los autores medievales, la interpretación ascética en función de la castidad que se convertirá en predominante, decía, desde el siglo XIX en adelante. Crisóstomo da el ejemplo más claro [8]. Situándose en esta misma línea, el místico Ruusbroec distingue una castidad del espíritu, una castidad del corazón y una castidad del cuerpo. Refiere la bienaventuranza evangélica a la castidad del corazón. Ella -escribe- «mantiene reunidos y refuerza los sentidos externos, mientras, en el interior, frena y doma los instintos brutales... cierra el corazón a las cosas terrenas y a las ilusiones falaces, mientras que lo abre a las cosas celestiales y a la verdad» [9].

Con grados diversos de fidelidad, todas estas interpretaciones ortodoxas permanecen dentro del horizonte nuevo de la revolución obrada por Jesús que reconduce todo discurso moral al corazón. Paradójicamente, los que traicionaron la bienaventuranza evangélica de los puros (katharoi) de corazón son precisamente los que tomaron el nombre de ella: los cátaros con todos los movimientos afines que les precedieron y siguieron en la historia del cristianismo. Estos caen en la categoría de los que hacen consistir la pureza en estar separados, ritual y socialmente, de personas y cosas juzgadas en sí mismas impuras, en una pureza más exterior que interior. Son los herederos del radicalismo sectario de los fariseos y de los esenios más que del Evangelio de Cristo.

3. La hipocresía laica

Con frecuencia se pone de relieve el alcance social y cultural de algunas bienaventuranzas. No es raro leer «Bienaventurados los que trabajan por la paz» en las pancartas que acompañan las manifestaciones de los pacifistas, y la bienaventuranza de los mansos que poseerán la tierra es justamente invocada a favor del principio de la no violencia, por no hablar después de la bienaventuranza de los pobres y de los perseguidos por la justicia. Jamás en cambio se habla de la relevancia social de la bienaventuranza de los puros de corazón, que parece reservada exclusivamente al ámbito personal. Estoy convencido sin embargo de que esta bienaventuranza puede ejercer hoy una función crítica entre las más necesarias en nuestra sociedad.

Hemos visto que en el pensamiento de Cristo la pureza de corazón no se opone primariamente a la impureza, sino a la hipocresía, y el de la hipocresía es el vicio humano tal vez más difundido y menos confesado. Hay hipocresías individuales e hipocresías colectivas.

El hombre –escribió Pascal- tiene dos vidas: una es la vida auténtica, la otra la imaginaria que vive en la opinión, suya o de la gente. Trabajamos sin descanso para adornar y conservar nuestro ser imaginario y descuidamos el verdadero. Si poseemos alguna virtud o mérito, nos apresuramos a darlo a conocer, de un modo u otro, para enriquecer de tal virtud o mérito nuestro ser imaginario, dispuestos hasta a quitarlo de nosotros, para añadir algo a él, hasta consentir, a veces, ser cobardes, con tal de parecer valerosos y dar hasta la vida, para que la gente hable de ello [10].

La tendencia evidenciada por Pascal ha crecido enormemente en la cultura actual, dominada por los medios de comunicación masivos, cine, televisión y mundo del espectáculo en general. Descartes dijo: «Cogito ergo sum», pienso, luego existo; pero hoy se tiende a sustituirlo con «aparento, luego existo».

De origen, el término hipocresía se reservaba al arte teatral. Significaba sencillamente recitar, representar en el escenario. San Agustín lo recuerda en su comentario a la bienaventuranza de los puros de corazón. «Los hipócritas -escribe- son agentes de ficción del estilo de los que presentan la personalidad de otros en las representaciones teatrales» [11].

El origen del término nos da las pistas para descubrir la naturaleza de la hipocresía. Es hacer de la vida un teatro en el que se recita para un público; es llevar una máscara, dejar de ser persona y pasar a ser personaje. Leí en alguna parte esta caracterización de las dos cosas: «El personaje no es sino la corrupción de la persona. La persona es un rostro, el personaje una careta. La persona es desnudez radical, el personaje es todo ropaje. La persona ama la autenticidad y la esencialidad, el personaje vive de ficción y de artificios. La persona obedece a las propias convicciones, el personaje obedece a un guión. La persona es humilde y ligera, el personaje es pesado y ampuloso».

Pero la ficción teatral es una hipocresía inocente porque mantiene siempre la distinción entre el escenario y la vida. Nadie que asista a la representación de Agamenón (es el ejemplo citado por Agustín) piensa que el actor sea de verdad Agamenón. El hecho nuevo e inquietante de hoy es que se tiende a anular también esta distancia, transformando la vida misma en un espectáculo. Es lo que pretenden los llamados «reality show» que inundan ya redes televisivas de todo el mundo.

Según el filósofo francés Jean Baudrillard, fallecido hace tres días, ya se ha hecho difícil distinguir los sucesos reales (el 11-S, o la guerra del Golfo) de su representación mediática. Realidad y virtualidad se confunden.

El llamamiento a la interioridad que caracteriza nuestra bienaventuranza y todo el sermón de la montaña es una invitación a no dejarse arrollar por esta tendencia que tiende a vaciar a la persona, reduciéndola a imagen, o peor (según el término apreciado por Baudrillard) a simulacro.

Kierkegaard evidenció la alienación que resulta de vivir de pura exterioridad, siempre y sólo en presencia de los hombres, y nunca sólo en presencia de Dios y del propio yo. Un pastor -observa- puede ser un «yo» frente a sus vacas, si viviendo siempre con ellas no tiene más que esas con las que medirse. Un rey puede ser un yo de frente a los súbditos y se sentirá un «yo» importante. El niño se percibe como un «yo» en relación con los padres, un ciudadano ante el Estado... Pero será siempre un «yo» imperfecto, porque falta la medida. «Qué realidad infinita adquiere en cambio mi “yo”, cuando toma conciencia de existir ante Dios, convirtiéndose en un “yo” humano cuya medida es Dios... ¡Qué acento infinito cae sobre el “yo” en el momento en que obtiene como medida a Dios!».

Parece un comentario al dicho de San Francisco de Asís: «Lo que el hombre es ante Dios, eso es, y nada más» [12].

4. La hipocresía religiosa

Lo peor que se puede hacer, hablando de hipocresía, es servirse de ella sólo para juzgar a los demás, la sociedad, la cultura, el mundo. Es justamente a esos a quienes Jesús aplica el título de hipócritas: «Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver parea sacar la brizna del ojo de tu hermano» (Mt 7, 5).

Como creyentes, debemos recordar el dicho de un rabino judío del tiempo de Cristo, según el cual el 90% de la hipocresía del mundo se encontraba entonces en Jerusalén [13]. El mártir San Ignacio de Antioquia sentía la necesidad de prevenir a sus hermanos en la fe, escribiendo: «Es mejor ser cristianos sin decirlo que decirlo sin serlo» [14].

La hipocresía acecha sobre todo a las personas piadosas y religiosas; el motivo es sencillo: donde más fuerte es la estima de los valores el espíritu, de la piedad y de la virtud (¡o de la ortodoxia!), ahí también es más fuerte la tentación de ostentarlos para no parecer faltos de ellos. A veces es la propia función que desempeñamos la que nos empuja a hacerlo.

«Ciertos compromisos del consorcio humano –escribe San Agustín en las Confesiones- nos obligan a hacernos amar y temer por los hombres; por lo tanto el adversario de nuestra verdadera felicidad persigue y disemina por todas partes los lazos del “Bravo, bravo”, para prendernos a nuestras espaldas mientras los recogemos con avidez, a fin de separar nuestra alegría de tu verdad y unirla a la mentira de los hombres, para hacernos gustar el amor y el temor no obtenidos en tu nombre, sino en tu lugar» [15].

La hipocresía más perniciosa es esconder... la propia hipocresía. En ningún esquema de examen de conciencia recuerdo haber encontrado la pregunta: ¿He sido hipócrita? ¿Me he preocupado de la mirada de los hombres sobre mí, más que de la de Dios? En cierto momento de la vida, tuve que introducir por mi cuenta estas preguntas en mi examen de conciencia y raramente pude pasar indemne a la pregunta sucesiva...

Un día tocaba como lectura del Evangelio de la Misa la parábola de los talentos. Escuchándolo, entendí de golpe algo. Entre hacer rendir los talentos o no, existe una tercera posibilidad: la de ponerlos a rendir, sí, pero por sí mismos, no por el dueño, por la propia gloria o el propio provecho, y esto es un pecado tal vez más grave que sepultarlos. Aquel día, en el momento de la comunión, tuve que hacer como ciertos ladrones atrapados en delito flagrante, que, llenos de vergüenza, vacían los bolsillos y echan a los pies del propietario lo que le han quitado.

Jesús nos ha dejado un medio sencillo e insuperable para rectificar varias veces al día nuestras intenciones, las primeras tres peticiones del Padrenuestro: «Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad». Se pueden recitar como oraciones, pero también como declaración de intenciones: todo lo que hago, quiero hacerlo para que sea santificado tu nombre, para que venga tu reino y para que se haga tu voluntad.

Sería una contribución preciosa para la sociedad y para la comunidad cristiana si la bienaventuranza de los puros de corazón nos ayudara a mantener despierta en nosotros la nostalgia de un mundo limpio, verdadero, sincero, sin hipocresía, ni religiosa ni laica; un mundo en el que las acciones se corresponden a las palabras, las palabras a los pensamientos, y los pensamientos del hombre a los de Dios. Esto no sucederá plenamente más que en la Jerusalén celeste, la ciudad toda de cristal, pero debemos al menos tender a ello.

Una escritora de fábulas redactó «El país de cristal». Habla de una joven que termina, por magia, en un país todo de cristal: casas de cristal, pájaros de cristal, árboles de cristal, personas que se mueven como graciosas estatuillas de cristal. Con todo, nada se había hecho añicos nunca, porque todos aprendieron a moverse en él con delicadeza para no hacerse daño. Las personas, al encontrarse, responden a las preguntas antes de que se les formulen, porque hasta los pensamientos se han hecho abiertos y transparentes; nadie busca ya mentir, sabiendo que todos pueden leer lo que se tiene en la cabeza [16].

Dan escalofríos sólo de pensar qué pasaría si esto ocurriera ya, entre nosotros; pero es sano al menos tender a tal ideal. Es el camino que lleva a la bienaventuranza que hemos intentado comentar: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios».

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[1] S. Agustín, De sermone Domini in monte, II, 1,1 (CC 35, 92)
[2] Ib. II, 13, 45-46.
[3] Jean-François de Reims, La vraie perfection de cette vie, 2 parte, Paris 1651, Instr. 4, p.160 s).
[4] Gregorio de Nisa, De beatitudinibus, 6 (PG 44, 1272).
[5] S. Basilio, Sullo Spirito Santo, IX,23; XXII,53 (PG 32, 109.168).
[6] Cf. Michel Dupuy, Pureté, purification, in DSpir. 12, coll,2637-2645.
[7] S. Bernardo de Claraval, Sententiae, III, 2 (S. Bernardi Opera, ed. J. Leclerq – H. M. Rochais).
[8] S. Juan Crisóstomo, Homiliae in Mattheum, 15,4.
[9] Giovanni Ruusboec, Lo splendore delle nozze spirituali, Roma, Città Nuova 1992, pp.72 s.
[10] Cf. B. Pascal, Pensieri, 147 Br.
[11] S. Agustín, De sermone Domini in monte, 2,5 (CC 35, p. 95).
[12] S. Francisco de Asís, Ammonizioni, 19 (Fonti Francescane, n.169).
[13] Cf. Strack-Billerbeck, I, 718.
[14] S. Ignacio de Antioquía, Efesini 15,1 (“È meglio non dire ed essere che dire e non essere”: “Es mejor no decir y ser que decir y no ser”) y Magnesiani, 4 (“Bisogna non solo dirsi cristiani, ma esserlo”: “Es necesario no sólo decirse cristianos, sino serlo”).
[15] Cf. S. Agustín, Confessioni, X, 36, 59.
[16] Lauretta, Il bosco dei lillà, Ancora, Milán, 2° ed. 1994, pp. 90 ss.


[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

13 marzo 2007

IV de Cuaresma

DOMINGO IV DE CUARESMA

18 de marzo de 2007 (ciclo C, año impar)



Primera lectura
El pueblo de Dios celebra la Pascua,
después de entrar en la tierra prometida

Lectura del libro de Josué 5, 9a. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué:

—«Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.»

Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.

El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas.

Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7 (R/.: 9a)

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.
R/.

Segunda lectura
Dios, por medio de Cristo, nos reconcilió consigo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17-21

Hermanos:

El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.

Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.

Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio.

En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio
Lc 15, 18
Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré:
«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.»

EVANGELIO
«Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido»

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

—«Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»

Jesús les dijo esta parábola:

—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.”

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo:

“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo:

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.”

Pero el padre dijo a sus criados:

“Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”

Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo.

Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Este le contestó:

“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.”

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre:

“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.”

El padre le dijo:

“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Este hermano tuyo
estaba muerto y ha revivido

Decíamos la semana pasada que uno de los grandes problemas del mundo de hoy es que hay demasiada gente que vive en una actitud de soberbia: cree que todo lo hace bien y que nadie tiene por qué meterse en su vida.

Sin embargo, si eres un poco humilde y realista, con facilidad te das cuenta de que tu vida no es así: no lo haces todo bien, ni mucho menos. Todos tenemos experiencia del pecado, todos somos pecadores. Con frecuencia experimentas la realidad del pecado, la realidad de apartarte de la voluntad de Dios. Muchas veces sabes lo que has de hacer y, sin embargo ¡no lo haces! Esta es una realidad en tu vida y en la vida de toda persona. ¡Somos débiles!

Por eso, hoy la Palabra de Dios te habla de la misericordia de Dios a través de la hermosa parábola del hijo pródigo. El mensaje más importante del evangelio de hoy es que Dios es un Padre Misericordioso que te quiere más que nadie, te desea, te espera, quiere siempre lo mejor para ti y está siempre dispuesto a acogerte y perdonarte. El evangelio de hoy es una llamada a la reconciliación con Dios, una llamada a volver a la casa del Padre.

No importa que tus pecados sean muchos, no importa si hace mucho tiempo que has abandonado la casa del Padre: lo que importa es que vuelvas. Lo que importa es que seas humilde, sencillo, que te reconozcas pecador, que te pongas en camino y te reconcilies con Dios, tu Padre, que te quiere y se alegra muchísimo de tu regreso.

Y Jesús nos ha dejado un medio muy hermoso para reconciliarnos con Él: el Sacramento de la Penitencia. Acercarse al Sacramento de la Penitencia, a la Confesión, es el medio ordinario por el cual manifestamos nuestra voluntad de volver a Dios y reconciliarnos con Dios.

Hoy se ha perdido bastante entre los cristianos la conciencia de pecado y el acercarse al Sacramento de la Penitencia, y es preciso recuperar su práctica. Se ha puesto de moda el que mucha gente dice que se confiesa "directamente" con Dios. No te engañes: Dios es el que establece el camino y éste ha sido el Sacramento de la Penitencia. Por ello, es necesario que pierdas el miedo, los complejos, los prejuicios, las excusas... y te decidas a volver a la práctica de este sacramento.

Y, en este tiempo de Cuaresma, es importante que revises tu vida, que hagas examen de conciencia, que veas si estás lejos de la Casa del Padre y te decidas a reconciliarte con Él. Y, confiando en Dios, que te quiere, que se alegra de que vuelvas. ¡No tengas miedo! Por muchos que sean tus pecados, por lejos que estés, Dios te espera. ¡Déjate amar por Él!

Compromiso semanal

Revisa tu vida a la luz de la Palabra de Dios. Pídele perdón al Señor por tus pecados y acércate al Sacramento de la Penitencia.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Josué 5, 9-12. El pueblo de Dios celebra la Pascua, después de entrar en la tierra prometida.

Israel inicia una nueva vida: deja la vida errante del desierto y entra en la tierra prometida por Dios. Celebra la pascua y comienza un nuevo estilo de vida. Dios es fiel y cumple sus promesas.

Salmo 33, 2-7. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

El Señor fue bueno para Israel: cuando el pueblo, oprimido en Egipto, acudió al Señor, “Dios lo escuchó y lo salvó de sus angustias”, Dios le dio una tierra fértil que manaba leche y miel. Pero las maravillas de Dios no son sólo acciones pasadas: si hoy la Iglesia recuerda las proezas de Dios a favor de Israel, es porque también nosotros nos acercamos a la tierra de promisión y somos dichosos cuando nos acogemos a él.

2ª lectura: 2 Corintios 5, 17-21. Dios, por medio de Cristo, nos reconcilió consigo.

San Pablo llama a los hombres a que acepten la reconciliación de Dios, no se resistan a ella: se dejen reconciliar por Dios en Cristo, no se empeñen en reconciliarse por sí mismos. Los hombres tienen necesidad de vivir en paz unos con otros; pero difícilmente lo lograrán si no viven en paz con Dios. Todo es ya nuevo porque ha sido reconciliado con Dios por medio de Cristo. Él cargó sobre sí el pecado de todos para que la humanidad viviera una vida nueva y libre.

Evangelio: Lucas 15, 1-3. 11-32. Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.

Jesús nos muestra el amor de Dios. Dios toma la iniciativa para buscar incansablemente al hombre extraviado. Una vez hallado, desborda de alegría. Y esta alegría no se la guarda, sino que la comparte con la comunidad que debe también festejar el retorno. El hombre no puede permanecer pasivo ante esta actitud de amor. Tiene que dar una respuesta. Debe convertirse. Dios le perdona siempre, pero el hombre debe responder con amor, convirtiéndose. Sólo así llegará al gozo inmenso de la reconciliación. El centro de la parábola del hijo pródigo lo constituye el Padre y su misericordia. Jesús dice con parábolas lo que Él anuncia con su presencia y su vida. Así actúa Dios. Dios ama y sabe perdonar. No recrimina y humilla al hijo, echándole en cara su mal proceder. Intenta facilitar la vuelta, en lugar de hacerla más dura y humillante. Es el momento de alegrarse. El hijo estaba perdido y lo ha encontrado. El perdón bien otorgado integra de nuevo, olvida las faltas, abre al amor. Jesús dispone del perdón de Dios, lo comunica con su presencia, lo anuncia con sus palabras. No cabe más que participar en el gozo mismo de Dios y hacer nosotros lo mismo.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 19
San José
2 S 7, 4-5a.12-14a.16 Tu casa y tu reino durarán por siempre.
Sal 88, 2-5.27.29 Su linaje será perpetuo.
Ro 4, 13.16-18.22 Fue la fe la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo.
Mt 1, 16.18-21.24a José, su esposo, era bueno.
Da testimonio de Jesucristo.
Martes 20 Ez 47, 1-9.12 Al regresar vi a la vera del río una gran arboleda.
Sal 45, 2-3.5-6-8-9 El Señor de los ejércitos está con nosotros.
Jn 5, 1-3a.5-16 El que me ha curado me ha dicho: toma tu camilla y echa a andar.
Pídele al Señor que sane tu corazón.
Miércoles 21 Is 49, 8-15 ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura?
Sal 144, 8-9.13-14.17-18 El Señor es clemente y misericordioso.
Jn 5, 17-30 El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace.
Haz una obra de caridad.
Jueves 22 Ex 32, 7-14 Recuerda a Abrahán, a Isaac y a Israel, tus servidores.
Sal 105, 19-23 Acuérdate de nosotros, por amor a tu pueblo.
Jn 5, 31-47 Las obras que yo hago atestiguan de mí que el Padre me ha enviado.
Reza a la Virgen y pídele que te ayude a ser fiel.
Viernes 23
Santo Toribio de Mogrovejo
Sb 2, 1a.12-22 Declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios.
Sal 33, 17-23 El Señor está cerca de los atribulados.
Jn 7, 1-2.10.25-30 Todavía no había llegado su hora.
Reza por los que no conocen a Cristo.
Sábado 24 Jer 11, 18-20 Yo, como cordero manso llevado al matadero.
Sal 7, 2-3.9-12 Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Jn 7, 40-53 Surgió entre la gente una discordia por su causa.
Reza por los que rechazan a la Iglesia.
Domingo 25
5º de CUARESMA
Is 43, 16-21 No penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?
Sal 125, 1-6 El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Fil 3, 8-14 Olvidando lo que he dejado atrás, me lanzo de lleno a la consecución de los que está delante.
Jn 8, 1-11 El que esté sin pecado que le tire la primera piedra.
Reza por tu familia y por la parroquia.


08 marzo 2007

III Domingo de Cuaresma

DOMINGO III DE CUARESMA

11 de marzo de 2007 (ciclo C, año impar)



Primera lectura
«Yo soy» me envía a vosotros

Lectura del libro del Éxodo 3, l-8a. 13-15

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.

El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.

Moisés se dijo:

—«Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.»

Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:

—«Moisés, Moisés.»

Respondió él:

—«Aquí estoy.»

Dijo Dios:

—«No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.»

Y añadió:

—«Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.»

Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios. El Señor le dijo:

—«He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.»

Moisés replicó a Dios:

—«Mira, yo iré a los israelitas y les diré:

“El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.”

Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?»

Dios dijo a Moisés:

—«“Soy el que soy”; esto dirás a los israelitas: “‘Yo-soy’ me envía .a vosotros”.»

Dios añadió:

—«Esto dirás a los israelitas: “Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación .»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11 (R/.: 8a)

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
R/.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles.
R/.

Segunda lectura
La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 1-6. 10-12

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos queda­ron tendidos en el desierto.

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos.

No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.

Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio

Mt 4, 17
Convertíos —dice el Señor—,
porque está cerca el reino de los cielos.

EVANGELIO
Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 1-9

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:

— «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplasta­dos por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola:

— «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador:

“Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?”

Pero el viñador contestó:

“Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas”.»

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Si no os convertís,
todos pereceréis de la misma manera

Dice el refrán que no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Hoy mucha gente vive en una actitud de soberbia: cree que todo lo hace bien, que nada hay que cambiar en la vida y que nadie tiene por qué decirle qué es lo que tiene que hacer.

Para la vida espiritual esta es una actitud peligrosa, porque es el mejor camino para no avanzar nada, para ir acomodándose e ir perdiendo poco a poco la fortaleza de la fe.

Por eso, Jesús hoy te hace una invitación muy seria a la CONVERSION. La palabra conversión significa cambiar de mentalidad, cambiar el corazón, –o mejor aún, dejar que el Señor te vaya cambiando el corazón– cambiar de forma de pensar para cambiar de forma de vivir.

Hay una primera conversión que es el momento que te decides a ser cristiano. Es el momento en que escuchas la llamada de Jesús que te invita a seguirle, te dejas llevar por él y empiezas a seguirle cada día, tratando de vivir como Él vivió, teniendo sus mismos sentimientos y actitudes. Esta primera conversión la hace cada cristiano en algún momento de su vida.

Sin embargo, no es suficiente esta primera conversión. Con frecuencia las personas nos acostumbramos a todo, nos dormimos, nos pegamos a las cosas de este mundo, nos hacemos cómodos... y, por eso, Jesús nos invita a vivir en una actitud permanente de conversión.

Es decir, Jesús te invita a tratar de descubrir qué es lo que hay en tu vida que no se ajusta a la voluntad de Dios, a tratar de descubrir qué es lo que ha de cambiar en tu vida para que sea una vida auténticamente cristiana. Jesús te invita a tener siempre los ojos muy abiertos –te invita a dejar que la luz de la Palabra de Dios ilumine toda tu vida– para ver en qué cosas todavía no has llegado a vivir como Él quiere que vivas. Te invita a no conformarte en ser como eres, sino en tratar de crecer, de superarte cada día.

No se trata de vivir con amargura y con obsesión pensando que eres “malo”, o que tu vida no tiene remedio, sino en vivir con alegría y con ilusión pensando que puedes ser mejor y que ¡vale la pena luchar por ello! Se trata no de vivir derrotado por el peso de tus pecados (eso es lo que quiere el demonio, que pierdas la esperanza y la ilusión), sino de poner tu vida en las manos del Señor y pedirle cada día un corazón nuevo, pedirle cada día que te vaya transformando. Se trata de colaborar con el Señor que quiere hacer en tu vida una historia de amor y de salvación. Y luego no agobiarse por los resultados, sino vivir descansando en la misericordia y el amor de Dios, que te ama tanto que ha dado la vida por ti.

Y este es el camino cristiano: tomarte en serio tu vida, crecer, madurar, ir cada vez más lejos, ser cada vez más santo –a pesar de los tropezones– superarse cada día, luchar. Eso es lo que el Señor espera de ti. ¿Te apuntas? ¡Animo! ¡Vale la pena!

Compromiso semanal

Haz un examen de conciencia reposado para ver en qué cosas concretas necesitas convertirte. Haz un propósito concreto de conversión.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Éxodo 3, 1-8. 13-15. “Yo soy” me envía a vosotros.

Dios no puede tolerar la explotación de su pueblo en Egipto y envía Moisés para librarlo. Moisés experimenta la cercanía de Dios y recibe la misión de ayudar a sus hermanos que sufren esclavitud. En el monte divino Moisés descubre a Dios en la zarza y Dios le sale al encuentro por su palabra. Dios llama a Moisés, y éste le responde. El encuentro con Dios es un riesgo y un acontecimiento salvador que llama a una vida nueva. Quien se revela no es un desconocido, sino el Dios paterno, ligado a una historia de amor y comprometido con unas promesas. Dios toma la iniciativa y entra en la historia para rescatar a los suyos.

Salmo 102, 1-8. 11. El Señor es compasivo y misericordioso.

El salmo es un canto de profundo agradecimiento a Dios por la ternura que siente hacia sus hijos y por la generosidad con que perdona sus culpas. Dios conoce nuestra esclavitud; Dios contempla nuestras insatisfacciones, nuestros deseos no realizados de vida y de felicidad, como miró el sufrimiento de Israel, tiene misericordia de nosotros y nos salva.

2ª lectura: 1 Corintios 10, 1-6. 10-12. La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro.

San Pablo evoca la historia del pueblo de Israel. Los acontecimientos del primer éxodo son signo de lo que ahora sucede. Las falsas seguridades de entonces llevaron al pueblo a la idolatría. Todos podemos sucumbir a la tentación y caer en el pecado. San Pablo nos pone en guardia y hace una vibrante llamada a la humildad, viviendo, además, en la esperanza, porque Dios nunca nos deja solos ante el peligro ni permite que seamos probados más allá de nuestras fuerzas. La mejor actitud es la conversión: es hacer camino con Cristo y participar de sus dones de salvación.

Evangelio: Lucas 13, 1-9. Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

Jesús aprovecha dos acontecimientos trágicos recientes para hacer una llamada general a la conversión. Para vivir, debemos convertirnos. Es la única manera de escapar a la muerte. Conversión es un cambio total en la persona, en su interior y en su actuar externo. Es cambiar la mentalidad y ver la vida de otra manera: con la mirada de Dios. Dios nos va dando oportunidades para la conversión. Todavía es tiempo de arrepentimiento. A pesar de la urgencia de la invitación a la conversión y a dar frutos, vivimos todavía en el tiempo de la paciencia de Dios.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 12
Beato Luis Orione
2 Re 5, 1-15a ¡Ojalá mi Señor fuese el profeta que hay en Samaría! Él lo curaría de la lepra.
Sal 41, 2-3; 42,3-4 Mi alma tiene sed del Dios vivo:
Lc 4, 24-30 Os aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria.
Reza por los cristianos perseguidos
Martes 13 Dn 3, 25.34-43 Azarías oró al Señor.
Sal 24, 4-9 Señor, recuerda tu misericordia.
Mt 18, 21-35 ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?
¿Guardas rencor a alguien? Intenta perdonar.
Miércoles 14 Dt 4, 1.5-9 Guardad y cumplid los mandatos y decretos del Señor.
Sal 147, 12-13.15-16.19-20 Glorifica al Señor, Jerusalén.
Mt 5, 17-19 No he venido a abolir la Ley y los Profetas.
Revisa si eres fiel al Evangelio y a la Iglesia
Jueves 15
Santa Luisa de Marillac
Jer 7, 23-28 Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo.
Sal 94, 1-2.6-9 Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis vuestro corazón.
Lc 11, 14-23 Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Reza por los enfermos
Viernes 16 Os 14, 2-10 Vuelve, Israel, al Señor tu Dios.
Sal 80, 6-11.14.17 Yo soy el Señor, Dios tuyo.
Mc 12, 28-34 ¿Qué mandamiento es el más importante?
Revisa si vives el Evangelio de hoy
Sábado 17
San Patricio
Os 6, 1-6 Quiero misericordia y no sacrificios.
Sal 50, 3-4.18-21 Quiero misericordia y no sacrificios.
Lc 18, 9-14 El publicano bajó justificado, pero el fariseo no.
Medita el Evangelio de hoy. Revisa tu corazón
Domingo 18
4º de CUARESMA
Jos 5, 9a.10-12 El día siguiente a la pascua empezaron a comer de los frutos de la tierra, y dejó de caer el maná.
Sal 33, 2-7 Gustad y ved qué bueno es el Señor.
2 Co 5, 17-21 Dios nos reconcilió consigo y nos encargó el servicio de reconciliar.
Lc 15, 1-2.11-32 Profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos.
Reza por tu familia y por la parroquia


02 marzo 2007

II Domingo de Cuaresma

DOMINGO II DE CUARESMA

4 de marzo de 2007 (ciclo C, año impar)



Primera lectura
Dios hace alianza con Abrahán, el creyente

Lectura del libro del Génesis 15, 5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo:

— «Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.»

Y añadió:

— «Así será tu descendencia.»

Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber.

El Señor le dijo:

— «Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.»

Él replicó:

— «Señor Dios, ¿cómo sabré yo que voy a poseerla?»

Respondió el Señor:

— «Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un car­nero de tres años, una tórtola y un pichón.»

Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáve­res, y Abrán los espantaba.

Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.

El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una an­torcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.

Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos:

— «A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Eufrates.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 26, 1. 7-8a. 8b-9abc. 13-14 (R/.: 1a)

R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
R/.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
R/.

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio.
R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
R/.

Segunda lectura
Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 17—4, 1

Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros.

Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas.

Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.

Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.

Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio

En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre:
«Éste es mi Hijo, el amado; escuchadlo.»

EVANGELIO
Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 28b-36

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elias, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

— «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:

— «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»

Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra del Señor.



COMENTARIO

Mientras oraba,
el aspecto de su rostro cambió

El primer Domingo de Cuaresma la Palabra de Dios te planteaba la realidad de la tentación para hacerte descubrir que, a lo largo de la vida, aparecen numerosos obstáculos en tu caminar hacia la vida eterna. La Palabra de Dios te animaba a hacer como Jesús: luchar y vencer esas tentaciones que el diablo te pone cada día.

Hoy, segundo Domingo de Cuaresma, el Evangelio te muestra la Transfiguración del Señor: antes de llegar al drama de la Pasión, Jesucristo quiere manifestarse transfigurado, glorioso, ante sus discípulos. La Transfiguración es un anuncio y un anticipo glorioso de la Resurrección del Señor.

Con ello, la Palabra de Dios que proclamamos hoy tiene un mensaje alentador, quiere darte ánimo en tu caminar hacia la vida eterna.

La primera lectura te recuerda el ejemplo de Abrahán, nuestro padre en la fe, y te muestra la vida cristiana como un largo camino que hay que recorrer. Dios te llama, te invita a recorrer el camino. Y lo importante es no parar, lo importante es avanzar sin cesar en ese camino de la salvación, fiándote siempre del amor del que te ha llamado.

Abrahán es creyente y obediente a la Palabra de Dios, está dispuesto a todo, incluso a sacrificar al hijo de la promesa: se fía de Dios. En esto consiste la fe. En saberte amado por Dios, en fiarte de Él y aceptar su palabra como la palabra de vida y de salvación, aunque muchas veces sea desconcertante para ti.

Por eso, San Pablo te invita a no perder de vista esta perspectiva: eres peregrino, caminante hacia la vida eterna. Por tanto no debes pegarte a las cosas materiales de este mundo. Porque has de ir más lejos. No has de hacer como aquellos que dice San Pablo que son enemigos de la cruz de Cristo y que tienen por Dios su vientre, y por gloria sus vergüenzas, sólo aspiran a cosas terrenas. La meta la tienes clara: la vida eterna; el camino también: escuchar a Cristo y tratar de obedecerle cada día.

El Evangelio te muestra la meta y el “motor” para avanzar en el camino. La meta es la vida eterna, la gloria. Por eso Jesucristo se muestra transfigurado. Y por eso Jesucristo te recuerda que de nada te sirve ganar el mundo entero si se pierde tu alma. Todo sería inútil si no alcanzas la vida eterna. En el camino cristiano lo importante no es participar: lo importante es ganar. Participar no es suficiente: hay que llegar a la meta. Además, la grandeza de la meta es un estímulo en medio de la dureza del camino: ¡vale la pena luchar para alcanzar tan gloriosa meta! ¡Vale la pena luchar para alcanzar tan gran premio! Y, más aún, ¿vale la pena vivir sin luchar para alcanzar la vida eterna?

El Evangelio te muestra también cuál es el “motor” que te hace avanzar: Este es mi Hijo, el amado, mi escogido. Escuchadlo. Sólo puede avanzar en el camino de la vida eterna aquel que, humildemente, escucha a Jesucristo, lo acepta como único Señor y único Maestro y trata de tener sus mismos sentimientos y actitudes, trata de vivir cada día como vivió El. ¿Te animas a seguir en serio el camino? ¡Vale la pena! ¡Lánzate a la aventura! ¡Fíate de Él! ¡No te defraudará!

Compromiso semanal

Revisa tu vida. Analízala para descubrir si estás demasiado pegado a las cosas de este mundo. Y mira si "escuchas" en todo a Jesús. Haz un propósito para mejorar tu vida.

La Palabra del Señor, luz para cada día

1ª lectura: Génesis 15, 5-12. 17-18. Dios hace alianza con Abrahán, el creyente.

Dios hace alianza con el fiel Abrahán. En el momento de realizar el rito de la alianza, solamente Dios pasa, en forma de antorcha de fuego, por entre los animales partidos. Es decir, solamente Dios se compromete. Las dos grandes promesas que se hacen a Abrahán son la de una descendencia numerosa y la de una patria. La lectura subraya la fe de Abrahán como respuesta a las promesas del Señor: Abrahán, el hombre de fe, acepta la palabra de Dios y confía plenamente en ella. Puso su confianza en Dios y le reconoció como garantía más que justificadora de la confianza. La fe se realiza creyendo en las promesas y obedeciendo al Señor.

Salmo 26, 1. 7-9. 13-14. El Señor es mi luz y mi salvación.

El salmo es la oración de un perseguido que pasa del temor a la esperanza, de la angustia a la paz y a la seguridad. Nos invita a buscar confiadamente en el Señor el verdadero rumbo de nuestra vida. También nosotros podemos experimentar el abandono y la soledad, pero Dios ha querido establecer alianza con nosotros, y, así podremos pasar también a la esperanza, porque aunque las tinieblas y la inseguridad me rodeen, “el Señor es mi luz y mi salvación”.

2ª lectura: Filipenses 3, 17-4, 1. Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso.

Nuestro destino definitivo no es la cruz, sino la gloria, no es un cuerpo corruptible y mortal sino un cuerpo transfigurado por la resurrección. Como garantía de que será así, tenemos a Jesucristo, Señor y Salvador. San Pablo se presenta a sí mismo como ejemplo. Pero junto al ejemplo que edifica, tenemos también el ejemplo que destruye. Los enemigos de la cruz de Cristo no deben buscarse sólo entre los que se niegan a aceptar el Evangelio. Son enemigos de la cruz de Cristo los que se escandalizan ante ella. Niegan la cruz lo mismo que rechazan el sufrimiento y la renuncia en su propia vida. El que deja de lado la cruz, niega la fe. Lo que estiman gloria, es vergüenza, su sentir es totalmente terreno. La comunidad cristiana tiene su patria “en el cielo”. Esta orientación no quiere desligarla de sus responsabilidades en el mundo, sino sólo hacernos conscientes de que así somos peregrinos, de que no se puede mezclar el cielo y la tierra.

Evangelio: Lucas 9, 28-36. Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió.

En la escena de la Transfiguración San Lucas presenta a Jesús orando. Le acompañan tres apóstoles. Conversa con dos figuras clave del Antiguo Testamento: Moisés y Elías. La “Ley y los profetas” se reúnen con Jesús en su gloria, para anunciar su muerte en Jerusalén. Los tres amigos escogidos no saben lo que dicen. De momento, no comprenden nada del misterio de Jesús, cuya gloria están llamados a compartir. De repente, una voz desde la nube señala a Jesús como Hijo escogido e invita a escucharle. Revela su misterio de Hijo.



CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 5 Dn 9, 4-10 Nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidad.
Sal 78, 8-9.11.13 Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Lc 6, 36-38 Perdonad y seréis perdonados.
Medita el evangelio de hoy
Martes 6 Is 1, 10.16-20 Aprended a obrar bien, buscad la justicia.
Sal 49, 8-9.16.17.21.23 Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Mt 23, 1-12 Ellos no hacen lo que dicen.
Revisa si hay hipocresía en tu vida
Miércoles 7
Santas Perpetua y Felicidad
Jer 18, 18-20 ¿Es que se paga el bien con el mal?
Sal 30, 5-6.14-16 Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Mt 20, 17-28 Mirad, el Hijo del Hombre va a ser entregado.
Revisa si tienes actitud de servicio
Jueves 8
San Juan de Dios
Jer 17, 5-10 Bendito quien confía en el Señor.
Sal 1, 1-4.6 Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Lc 16, 19-31 Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen.
Haz una obra de caridad
Viernes 9
Santa Francisca Romana
Gn 37, 3-4.12-13a.17b-28 Al llegar los mercaderes sacaron a José del pozo y se lo vendieron por veinte monedas de plata.
Sal 104, 16-21 Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Mt 21, 33-43.45-46 Se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
Reza por los cristianos perseguidos
Sábado 10 Mi 7, 14-15.18-20 ¿Qué Dios hay como tú, que perdonas?
Sal 102, 1-4.9-12 El Señor es compasivo y misericordioso.
Lc 15, 1-3.11-32 El padre les repartió los bienes.
Pídele perdón a Dios por tus pecados
Domingo 11
3º de CUARESMA
Ex 3, 1-8a.13-15 He visto la aflicción de mi pueblo.
Sal 102, 1-8.11 El Señor es compasivo y misericordioso.
1 Co 10, 1-6.10-12 Todos bebieron la misma bebida espiritual.
Lc 13, 1-9 El viñador contestó: -Señor, déjala todavía este año.
Reza por tu familia y por la parroquia